La política siempre ha utilizado el espectáculo para lanzar carreras, pero hoy es más evidente que nunca.

En la actualidad vivimos momentos convulsos a nivel de sociedad, política y economía. Se supone que parte de la crisis financiera a global que nos asedia desde hace exactamente diez años, pero también se señala a otro motivo, uno más psicológico o, mejor dicho, psicosocial. Una falta de comprensión sobre la sociedad que somos y la que queremos ser. “Una crisis de valores”, afirman filósofos y sociólogos de todo el mundo. La actividad económica en tiempos de bonanza habría supuesto un espejismo de lo que creíamos que tenía que ser, y ahora tan solo queda su faceta más kitsch.

El concepto de la sociedad del espectáculo cumple ya más de veinte años desde que se ideó de la mano del autor, pensador y filósofo francés Guy Ernest Debord (1931-1994). Este autor escribió un libro de menos de 200 páginas para describir lo que él veía como el nuevo engaño del siglo XX. Comparaba el modelo de sociedad, el capitalista emergente, con lo que llegó a ser la religión en tiempos pasados: un mero control de las personas creando una realidad ficticia y que nunca ha existido, como es la del consumo.

¿Qué es la sociedad del espectáculo?

La idea de sociedad del espectáculo surge del pensamiento situacionista de los años cincuenta del siglo pasado. Guy Debord recibió influencias del cine moderno, de los letristas europeos y de los pensamientos marxistas y anarquistas más radicales. Así, se fundó en 1952 la Internacional Letrista, revista crítica con el modelo urbano que se estaba forjando después del período de Guerra Mundial.

Justo un lustro más tarde, en el año 1957, se funda la Internacional Situacionista (IS), organización de intelectuales y artistas revolucionarios que iban en contra del capitalismo que se estaba implementando en la sociedad europea. Además, supuso una feroz reivindicación contra la sociedad clasista y contra la cultura de la civilización occidental de la dominación capitalista. Este movimiento se nutrió de las ideologías de extrema izquierda de autores como Georg Lukács o rosa Luxemburg.

Una década después, el fundador del grupo Situacionista, habiendo recopilado suficiente información y observaciones de la vida cotidiana, escribió su obra más famosa: La Sociedad del Espectáculo (1967). Este libro fue una magistral tesis de debate crítico contra la sociedad del capitalismo moderno, así como de su impacto en la identidad de las personas. “Todo lo que era directamente vivido, se aleja hoy en una representación”, aseguraba el escritor de la obra.

Los valores de la sociedad posmoderna

Los situacionistas de la época tuvieron grandes aportaciones a las revueltas culturales e intelectuales de todo el mundo, desde el mundo occidental hasta el oriental, prestando especial atención a la Primavera del 1968 (Primavera de Praga), oponiendo gran resistencia contra los valores que se inculcaban en las sociedades modernas. Capitalismo, consumo, imagen, estatus, materialismo. Se pretendía romper con esos valores predeterminados y artificiales para crear un modelo más puro, sentimental y humanista.

Para Guy Debord el modelo de producción capitalista avanzado marcaba nuestro estilo de vida, nuestra forma de relacionarnos con los demás y los valores adquiridos basados en el espectáculo. De espectáculo, entendemos como la representación de esos valores por los medios de comunicación, el cine, los anuncios y pancartas publicitarias que magnifican unas ideas y sentimientos falsos, según los críticos.

Los valores de la sociedad del espectáculo que todavía son presentes hoy en día, sugieren la creencia de una realidad artificial como su fuese nuestro medio natural. La normalización de esos preceptos como método de convivencia. El vehículo, los dispositivos, los tipos de viajes que hacemos, todos ellos conceptos mercantiles que responden a una errónea idealización de lo que debería ser la vida basada en la imagen que se da a los demás.

La Psicogeografía como método rompedor

Una de las claves para superar algunos de los estereotipos marcados por el capitalismo occidental, era el que Guy denominaba como el método del “desvío”, una manera de trazar una dirección diferente a la que la sociedad nos tiene acostumbrados. Así pues, la psicogeografía era un método experimental muy efectivo que pretendía marcar una ruta indefinida vagando por los entornos urbanos y no predeterminados por el ritmo de la sociedad.

Se trataba de ir caminando, generando situaciones naturales y vivencias propias de la casualidad (por eso se le denominaba Situacionismo). Según otro experto en el campo, el español Luis Navarro, una situación puede ser un momento espontáneo o construido, según como cada persona quiera o necesite crear su propia realidad. Desde este punto de vista, esta es una de las líneas maestra de la sociedad del espectáculo, la de poner en duda el esquema creado para que una sociedad sea “funcional y civilizada”.

El Situacionismo en la actualidad

Muchos movimientos sociales en la actualidad son herederos directos del Situacionismo del siglo XX. La crisis global del sistema financiero que estalló hace más de una década supone directamente una crisis del sistema capitalista actual (heredero también del siglo pasado). Por ello, plataformas como “Occupy Wall Street”, la página de reconocimiento mundial como “Wikileaks” o los hackers activistas de “Anonymous”, se presentan como herramientas de lucha contra la cultura de lo establecido.

A nivel nacional, en españa se ha traducido al denominado “Movimiento del 15M”, unas protestas pacíficas que empezaron en las grandes urbes del país en reivindicación de los recortes salariales, el retroceso de los derechos civiles como la vivienda o un trabajo estable o la desafección política que sentían los ciudadanos en contra de sus dirigentes representantes. La corrupción ha sido el pilar último de este fenómeno que en la actualidad sigue reforzándose.