“Mi novio se ha suicidado”, dijo al avisar a la policía, la mujer de 37 años. Poco tiempo después, a partir de los datos recopilados en los resultados de la autopsia y de las reiteradas contradicciones, la mujer fue arrestada por homicidio. 

Sucedió en Valencia el año pasado, y este es uno de los pocos casos de violencia por parte de la mujer hacia un hombre con el que tenía una relación sentimental. Los casos de hombres maltratados por su pareja son relativamente poco habituales, y sin embargo quienes lo padecen también son víctimas que necesitan protección.

El maltrato hacia hombres en números

Según el informe sobre violencia doméstica del Consejo General del Poder Judicial de España, el número de hombres asesinados a manos de su pareja o ex-pareja sería aproximadamente este:


Año20072008200920102011
Asesinatos a hombres261077

Los agresores fueron cinco mujeres y, en el caso de las parejas homosexuales, dos hombres, según los datos de 2011.

Comparación con la violencia de género

El número de homicidios de hombres a manos de sus parejas o ex-parejas, sin embargo, no es comparable al número de víctimas de violencia de género en términos cuantitativos. 

Por ejemplo, según datos del 2009, el número de hombres asesinados fue de 10, mientras que la cifra de mujeres asesinadas a manos del varón ascendió hasta 55. La diferencia estadística es tan sustancial que podría suponer una más que probable explicación de por qué no hay estudios específicos sobre las víctimas masculinas.

El concepto de violencia doméstica

El maltrato por parte de la mujer hacia el hombre se engloba dentro de lo que se conoce como violencia doméstica. Además, los datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística de España indican que una cuarta parte de las denuncias de violencia doméstica corresponde a agresiones por parte de la mujer hacia su pareja.

Se sabe también que un elevado número de mujeres que maltratan a sus parejas han sufrido violencia en el transcurso de su infancia o por parte de una de sus parejas en ocasiones anteriores. El porcentaje de mujeres que agreden a sus parejas sin previamente haber sido objeto de violencia es muy inferior al que corresponde al caso de los hombres.

Una violencia silenciosa y ocultada

Según los datos del informe sobre violencia doméstica del Consejo General del Poder Judicial, la media de edad de los hombres víctimas de asesinato a manos de sus parejas o ex-parejas era de 45 años, y su nacionalidad suele ser española. Únicamente cinco de ellos mantenían la convivencia con su agresora en el momento de su muerte. Pero lo más significativo es que ninguno de los hombres asesinados por sus parejas había interpuesto una denuncia.

Este tipo de violencia en que se reproduce en el maltrato hacia los hombres es poco frecuente, pero más invisible y silenciosa en comparación a otras formas de maltrato.

Familiares y amigos prestan su ayuda

Los maltratados tienen una dificultad mayor a la hora de reconocer que son objeto de estas agresiones, no son capaces de denunciarlo y a menudo ha de ser su mismo entorno quien les ayude a presentar cargos. Los hombres víctimas de violencia doméstica tienden a no emprender medidas judiciales por vergüenza.

Así pues, la mayoría de denuncias son llamadas de auxilio por parte de familiares de su mismo entorno. No obstante, muchos de los hombres maltratados siguen negando tener cualquier problema de ese tipo, no asumen la situación y creen que lo que les sucede entra dentro de la normalidad.

Los hombres maltratados y la falta de visibilidad social

El hecho de que existan pocos casos de maltrato hacia hombres por parte de sus parejas hace que la sociedad no tenga tanto conocimiento de este fenómeno en comparación con el caso opuesto, es decir, la tragedia de la violencia machista que deja tantas víctimas, como por desgracia estamos acostumbrados a ver en las noticias. Asimismo, también ocurre que la falta de atención por parte de los medios, el tratamiento desfavorable en cuanto ayudas públicas y el golpe a su autoestima, hacen desistir a gran parte de las víctimas en el momento de acudir a las autoridades.

El hecho es que, culturalmente, el hombre debe ser modelo de fortaleza. Este es un cliché social tan real como lo es en el caso contrario; las mujeres deben tener un papel pasivo y dedicarse al cuidado de los hijos. Así pues, el varón agredido por su pareja interpreta lo que le está ocurriendo como una muestra de su propia debilidad, y esto lleva a que en vez de ser consciente de su papel como parte vulnerada se cuestione su virilidad y su masculinidad. Es por todo ello que las víctimas no cuenten su historia y sean sus abogados quienes expongan los hechos ante las autoridades.

Ejemplos de maltrato y vejaciones hacia el hombre

Esta banalización del maltrato por parte de las víctimas masculinas resulta fácil de ver en la mayoría de los casos.

Un caso en particular es el de un hombre que al llegar de su trabajo, su mujer le abofeteaba y lanzaba objetos. Él lo justificaba alegando que su esposa padecía una enfermedad mental y que no era un suceso cotidiano. Es, sin matiz alguno, la misma justificación que en el caso de las mujeres víctimas de violencia machista; el género aquí carece de relevancia, hay un agresor y una víctima que por vergüenza, dependencia y/o miedo, racionalizan su situación ateniéndose a cualquier factor mitigante.

En una ocasión se produjo el caso de una mujer sentenciada por maltrato a su cónyuge, actualmente está pendiente de ingreso en prisión. Él recibía agresiones a diario, irónicamente se trataba de un hombre corpulento que trabajaba en seguridad. Jamás se defendió de las agresiones de su mujer, temía que al defenderse ello supusiera violencia por su parte, dado su rol social de hombre. Finalmente denunció.

Un caso inédito es el de un hombre de estatura normal y su novia, una mujer extranjera muy corpulenta y deportista, además de muy violenta. Decía que había llegado a España huyendo de las autoridades de su país por haber matado a dos ex-parejas. Con el paso del tiempo y los acontecimientos, él acabó creyéndolo. Padeció agresiones constantemente e incluso le llegó a romper un pie. La última vez que la detuvieron fue cuando en medio de la calle empezó a golpearle con el puño en la cara.

Después de mucho tiempo, finalmente asumió que debía denunciar, cosa que le aterraba puesto que creía que acabaría yendo a por él. Tras varias agresiones tuvo que huir de su propia casa y pidió una orden de alejamiento tras acudir al médico, quien tramitó un parte de lesiones. Sin embargo, la orden de alejamiento fue denegada por el juez, ya que a este le parecía inverosímil el relato de esta víctima al tratarse de un hombre. Cuatro meses más tarde, consiguió el divorcio; sin embargo las secuelas quedaron. En la actualidad está de baja laboral y en tratamiento psiquiátrico por un cuadro ansioso-depresivo agudo.

Factores legales y culturales que juegan a la contra

Se da el caso que existen innumerables diferencias legales cuando la víctima es un varón. En España, la violencia de género tiene una pena sustancialmente mayor a la violencia doméstica que engloba además de la violencia de la mujer hacia el hombre la violencia a menores. Por ejemplo, las amenazas en el caso de que la mujer sea la víctima son consideradas un delito penal, mientras que si la víctima es un hombre se tipifica como falta. Por supuesto, esto no sirve para justificar la violencia de género, sino que da una muestra de una carencia en materia de legislación.

Este es uno de los motivos por los que el problema no se ataja: la falta de visibilidad hace que tampoco sea fácil dedicar tiempo y recursos a cambiar el marco legal y a construir plataformas de ayuda para hombres maltratados. La concienciación es, en este aspecto, una clave fundamental para que esto cambie.

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