Le temor a una explosión nuclear puede ser la base de una fobia. Wikimedia Commons.

La atomosofobia es un claro ejemplo de que los seres humanos podemos desarrollar miedos extremos a fenómenos muy improbables. Esta alteración mental se fundamenta en el temor a las explosiones atómicas, algo que la gran mayoría de la población nunca experimentado ni experimentará.

Veamos cuáles son los síntomas y causas de la atomosofobia, así como los posibles tratamientos psicológicos asociados a este trastorno.

¿Qué es la atomosofobia?

La atomosofobia, o fobia a las explosiones nucleares, es un tipo de trastorno de ansiedad perteneciente al grupo de las fobias específicas.

En ella, lo que produce un miedo intenso es la expectativa de que se produzca una explosión nuclear en un lugar cercano. Eso significa que los síntomas del trastorno no se manifiestan solo si se asiste a una de estas explosiones, sino que pueden aparecer prácticamente en cualquier contexto, siempre que las ideas intrusivas relacionadas con esta clase de catástrofes pasen a estar en el foco de la atención de la persona.

Hay que tener en cuenta que las fobia son trastornos porque en ellas hay un miedo a algo que no debería ser temido con esa intensidad, ya que no supone un peligro. En el caso de las explosiones nucleares está claro que estas sí son peligrosa, pero en este caso el problema está en una cuestión de probabilidad: lo que no debería temerse es el riesgo de explosión nuclear inminente y cercana, ya que lo más seguro es que no se vaya a producir.

Causas

Tal y como ocurre en el resto de las fobias, no existe una causa específica y única que sea la misma en todos los casos, sino que hay una variedad de situaciones que pueden llevar a desarrollar estos trastornos y a hacer que sus síntomas se mantengan.

La exposición a una experiencia traumática relacionada con las explosiones nucleares reales o imaginadas es una de las causas. Esta asociación entre la experiencia y un estado emocional de fuerte ansiedad puede realizarse de las maneras más elaboradas.

Por ejemplo, al vivir de cerca el derrumbe de una casa, lo cual se asemeja a la explosión de una bomba, o al ver morir de cáncer a alguien querido, en cuyo caso el elemento más ansiógeno de la explosión nuclear sería la radiación que dejaría a su paso.

Hay que tener en cuenta que las fobias se fundamentan en mecánicas propias del miedo y la ansiedad que en la mayoría de los casos resultan útiles para la supervivencia, pero que en ciertos casos pueden degenerar y dar paso a la psicopatología.

Eso significa que estos trastornos de ansiedad no son algo que pueda ser controlado a través de la racionalidad, sino que parten de la faceta emocional que ha estado surante millones de años en el núcleo del funcionamiento del sistema nervioso y sin cuya existencia no podríamos entender la mente humana.

Síntomas

Por lo que respecta a los síntomas, estos son los habituales en cualquier tipo de fobia, y todos ellos tienen que ver con una respuesta de fuerte ansiedad ante un estímulo real o imaginado.

Por un lado están los síntomas de tipo fisiológico. Estos son el aumento de la presión sanguínea y de la tasa respiratoria, los temblores, los sudores fríos, las náuseas y la posibilidad de perder el conocimiento.

Por el otro está el componente psicológico, en el que destacan las ideas obsesivas basadas en la imagen de la explosión nuclear, y la imposibilidad de dirigir la atención hacia cualquier otra cosa mientras dura la crisis, así como la sensación de miedo.

Finalmente tenemos la parte puramente conductual, en la que destacan las conductas de huida y de evitación del estímulo fóbico.

Tratamiento

Afortunadamente, las fobias tienen un buen pronóstico si son tratadas con la ayuda de profesionales de la psicología.

En este sentido, las técnicas más habituales para tratar este tipo de trastornos en el que encontramos a la atomosofobia son la desensibilización sistemática y la exposición. Ambas se basan en la idea de exponer a la persona al estímulo fóbico en una situación controlada, bajo la supervisión del psicoterapeuta, y yendo de las situaciones más fáciles de afrontar a las más difíciles.

En el caso de la atomosofobia, como no es posible encontrar el estímulo fóbico en la vida real, lo más útil es aprovechar formas de realidad virtual basadas en un motor gráfico tridimensional.

Por otro lado, de manera paralela se pueden utilizar vías de intervención psicológica que apelen al componente cognitivo y a los esquemas mentales. Para ello se utiliza la reestructuración cognitiva, vinculada en este caso a la mejora de la autoestima y de la autoeficacia.

Referencias bibliográficas:

  • Cavallo, V. (1998). International Handbook of Cognitive and Behavioural Treatments for Psychological Disorders. Pergamon.
  • Myers, K. M., Davis, M.(2007). "Mechanisms of fear extinction". Molecular Psychiatry. 12 (2): pp. 120 - 150.