Por todos es conocida la expresión de ‘para gustos, los colores’, la cual es extrapolable a un mundo tan complejo y, a su vez, tan limitante, como son las fobias.

De fobias hay muchas, pero lo sorprendente es que hay hasta grupos concretos de fobias, como las fobias a animales, fobias a fenómenos del medio ambiente, fobias relacionadas con el cuerpo…

Un grupo bastante desconocido de fobias son aquellas que tienen que ver con fenómenos del espacio, siendo la cometofobia, el miedo a los cometas, la fobia específica de la que vamos a hablar aquí. Veamos esta raro y, a su vez, curioso trastorno fóbico.

¿Qué es la cometofobia?

La cometofobia (del latín ‘cometa’, a su vez del griego ‘kometes’, ‘cabellera, estrella con coleta’ y del griego ‘phobos’ ‘miedo’) es el miedo a los cometas. Se trata de una fobia específica que comparte categoría con otras fobias relacionadas con fenómenos u objetos astronómicos, como la heliofobia (miedo al Sol), la cosmicofobia (miedo a fenómenos cósmicos), la meterofobia (miedos a los meteoritos), la siderofobia (miedo a las estrellas) o la espaciofobia (miedo al espacio exterior).

Quienes padecen esta fobia sienten un miedo irracional a los cometas o fenómenos que se relacionen con ellos, y normalmente su aparición está relacionada con supersticiones o creencias erróneas sobre el espacio exterior. Pese a que, objetivamente, los cometas son solo una mezcla de rocas, hielo y polvo estelar, hay quienes todavía creen que son mensajes del más allá o señales de que se acerca el final. También hay quienes creen que son naves interplanetarias enviadas por alienígenas para invadir la Tierra.

Sea cual sea la causa detrás de esta fobia, lo cierto es que los cometófobos tienen serios problemas para presenciar el paso de un cometa, hablar sobre la última vez que pasó uno de ellos o verlos en películas de ciencia ficción y documentales sobre el espacio exterior.

Posibles causas de este trastorno psicológico

Al igual que sucede con otras fobias, se acepta que los factores que causan la cometofobia son una combinación de eventos externos, como sería el haber vivido un acontecimiento traumático, y predisposiciones internas al individuo, como su genética y personalidad.

Antaño, este miedo era bastante común, dado que no se disponían de las explicaciones científicas ni métodos objetivos para estudiar los cometas, de qué estaban compuestos y cuándo era su frecuencia de aparición. Debido a esto, en épocas como la Edad Medieval, se creía que el paso de un cometa era una señal de que se acercaba el día del juicio final, o que la destrucción de la humanidad estaba a la vuelta de la esquina. Este tipo de creencias estaban muy asociadas a la religión y supersticiones relacionadas.

No obstante, hoy en día sigue habiendo personas quienes temen a los cometas. Uno de los motivos es que, ya sea por haber visto cometas en series de ciencia ficción o por haberse documentado sobre su potencial capacidad destructiva, los cometas son vistos como algo que podrían suponer el final de la humanidad, en caso de impactar contra la Tierra. Otra creencia compartida por cometófobos es que los cometas podrían ser naves interplanetarias de civilizaciones alienígenas muy avanzadas que están planeando invadir nuestro planeta.

Síntomas

Al igual que con otras fobias y, a su vez, otros trastornos de ansiedad, la cometofobia implica unos altos niveles de estrés para quien la sufre. La sintomatología puede ir variando en función del nivel de miedo ante el estímulo fóbico y el grado de frecuencia con el que se tenga contacto. Los síntomas y, en especial, la ansiedad, aparecerán cuando la persona visualice imágenes de cometas, aunque también puede darse la respuesta fóbica ante el simple hecho de hablar sobre estos fenómenos cósmicos o pensar en ellos.

Las fobias son trastornos que se deben tratar con mucha seriedad, dado que entre los síntomas que se pueden dar están los ataques de pánico. Cuando la persona, sea cometófoba o sea sufridora de otra fobia, manifiesta uno de estos ataques, pueden presentar problemas físicos como palpitaciones y aceleración del latido cardíaco.

Otros síntomas físicos que pueden manifestar los pacientes de cometofobia, además de los ataques de pánico, son sudoración excesiva, temblores, escalofríos, respiración irregular, sensación de atragantamiento, taquicardia, dolor pectoral, sensación de mariposas en el estómago, náusea, dolor de cabeza, mareos, sensación de desmayo, entumecimiento, sensación de agujas en la piel, sequedad en la boca, acúfenos, desorientación, incremento en la presión arterial, confusión e hiperventilación.

En cuanto a los síntomas psicológicos tenemos miedo a perder el control, miedo a desmayarse, miedo a morirse, miedo de tener una enfermedad, culpa, vergüenza, aislarse de los demás, depresión, desesperación, problemas para concentrarse, sentirse desconectado, ira, irritabilidad, cambios en el estado de ánimo, ansiedad y miedo generalizado.

Tratamiento

La cometofobia es una fobia muy rara y, dado que su estímulo fóbico son los cometas, algo que de por sí es poco común, quienes padecen esta fobia rara vez deciden acudir a terapia. Realmente, a no ser que trabajen en algo relacionado con los cometas, como puede ser la astronomía, las personas cometófobas no ven la necesidad de someterse a tratamiento, dado que ya tienen la sensación subjetiva de estar controlando su trastorno. Creen que, siempre y cuando no vean un cometa, podrán vivir una vida normal.

Este hecho es llamativo si se compara con otros trastornos fóbicos más comunes, asociados a estímulos más cotidianos, como son la blatofobia (miedo a las cucarachas), la acrofobia (miedo a las alturas) o la aerofobia (miedo a volar). Todas estas fobias suelen ser vistas en consulta debido a que quienes las padecen sufren muchas limitaciones al evitar las cucarachas, las alturas y los aviones, respectivamente. En cambio, dado que los cometas son poco común, en la cometofobia no hay un alto grado de intromisión.

No obstante, pedir ayuda nunca está de más. Los cometas son algo poco común y, debido a ello, son fenómenos naturales realmente bellos que, cuando se dan, su observación es considerada una auténtica actividad lúdica y experiencia única. El individuo con cometofobia no únicamente se arriesga a perderse un acontecimiento histórico, sino que además se priva de pasar un buen rato con sus amigos y familiares, quienes pueden haber decidido pasarse la noche viendo el paso del cometa.

Dentro de la psicoterapia, se anima al paciente a reconocer los patrones de conducta y de pensamiento que le han hecho llegar hasta la situación en la que se encuentra, cuáles son sus creencias sobre lo que es un cometa y si realmente cree que son tan peligrosos como cree que son. En la consulta se puede enseñarle estrategias para hacer frente a la ansiedad asociada a su forma específica.

Dentro de la vía farmacológica, los psicofármacos más prescritos para las fobias son los antidepresivos, los ansiolíticos y los beta-bloqueantes. Estos medicamentos no curan as fobias, pero sí disminuyen su sintomatología y otorgan al paciente de un mayor grado de bienestar. No obstante, para conseguir que la persona consiga no tener miedo irracional de los cometas o que pueda adquirir estrategias eficaces para hacerle frente, será la psicoterapia la mejor opción para conseguir este objetivo.

A parte de los clásicos tratamientos psicofarmacológicos y psicoterapéuticos, existen otras opciones menos empíricamente demostradas que podrían tener buenos resultados sobre la persona cometófoba, como lo son la programación neurolingüística o la hipnoterapia, aunque, a día de hoy, son pocas las investigaciones que hayan encontrado que este tipo de tratamientos alternativos sean efectivos para tratar trastornos de la ansiedad.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders: DSM-5. Washington, D.C: American Psychiatric Association.
  • Bados, A.(2009). Fobias específicas: Naturaleza, evaluación y tratamiento. Publicación electrónica.