A veces la dificultad no está en cómo se siente el ánimo, sino en cómo funciona la cabeza en lo cotidiano. Pongamos algunos ejemplos: recordar una conversación, seguir una lectura o tomar decisiones simples… todo eso puede requerir más esfuerzo del esperado.
En el trastorno bipolar, estos cambios cognitivos suelen sorprender, porque no siempre coinciden con estados de manía o depresión claros.
Durante años se pensó que eran efectos secundarios o detalles menores, pero los estudios actuales muestran otro panorama: la cognición también forma parte del cuadro y tiene su propio ritmo.
Entonces, ¿cómo afecta a la cognición el trastorno bipolar? Veámoslo.
El trastorno bipolar: qué es y cómo afecta la vida diaria
El trastorno bipolar es una condición de salud mental caracterizada por cambios marcados en el estado de ánimo, que oscilan entre fases de manía o hipomanía y episodios depresivos.
Estas variaciones no solo influyen en cómo una persona se siente, sino también en cómo piensa, actúa y se relaciona. El impacto aparece en el trabajo, en los vínculos, en la organización del día a día y en la manera de tomar decisiones.
Pero, ojo, el trastorno bipolar no se limita a los momentos de crisis evidentes. Incluso en periodos de estabilidad emocional, muchas personas notan que algunas áreas de su funcionamiento no vuelven exactamente al punto previo al inicio del trastorno. Esto tiene que ver con cambios más sutiles que afectan la forma de procesar la información, mantener la atención o planificar tareas.
Comprender esta dimensión ayuda a ampliar la mirada y a entender por qué algunas dificultades persisten más allá del ánimo.
Qué dicen los estudios sobre cognición y trastorno bipolar
La cognición incluye procesos como la atención, la memoria, la velocidad mental y las funciones ejecutivas, que permiten organizar ideas y acciones. Distintas investigaciones muestran que una proporción significativa de las personas con trastorno bipolar (alrededor del 40–60 %) presenta algún grado de alteración en estas áreas, incluso durante fases de eutimia.
Un estudio amplio publicado en Cambridge University Press analizó cómo evolucionan estas funciones a lo largo del tiempo. Los resultados indican que no todas las capacidades cognitivas siguen el mismo patrón. Algunas, como la atención, la velocidad de procesamiento y la memoria de trabajo, tienden a mostrar mayores dificultades con los años. Esto sugiere un ritmo de cambio más acelerado en comparación con la población general.
En cambio, la memoria verbal parece afectarse desde etapas tempranas del trastorno. Muchas personas describen problemas para retener lo que acaban de leer o escuchar, ya que la información no se organiza de forma clara desde el inicio. Este tipo de dificultad no necesariamente empeora de manera pronunciada con la edad, pero sí aparece pronto.
Y, claro, no todo se altera por igual. La cognición social, el razonamiento general y la memoria visoespacial muestran patrones similares a los del envejecimiento habitual. Esto indica que algunos cambios responden al paso del tiempo y no exclusivamente al trastorno bipolar.
Atención, memoria y velocidad mental en la experiencia cotidiana
Dentro de las funciones cognitivas, la atención suele ser una de las más sensibles. Durante fases de manía, el pensamiento puede ir tan rápido que resulta difícil sostener una sola idea.
Aparece dispersión, interrupciones constantes y dificultad para terminar tareas. En otros momentos, ocurre una concentración excesiva y poco flexible en un solo estímulo, mientras el resto del entorno queda fuera del foco.
La memoria verbal también ocupa un lugar central. Los fallos no siempre tienen que ver con olvidar por completo, sino con no haber registrado bien la información desde el principio. Esto explica por qué una charla puede sentirse confusa después o por qué cuesta seguir el hilo de un texto.
La velocidad de procesamiento, que permite responder con agilidad, también puede verse reducida. Las ideas llegan, pero más despacio, lo que genera incomodidad en conversaciones rápidas o entornos con mucha demanda mental.
Factores que influyen en el deterioro cognitivo
El impacto cognitivo no aparece de la misma forma en todas las personas. Influyen la cantidad y la intensidad de los episodios, sobre todo aquellos con síntomas psicóticos o ingresos hospitalarios. Una mayor cantidad de episodios, especialmente graves, se asocia con mayores dificultades en funciones ejecutivas y atención.
El estilo de vida también juega su papel, ya que el descanso irregular, el estrés sostenido y el sedentarismo afectan la plasticidad cerebral. A esto se suman factores metabólicos como la obesidad, la hipertensión o niveles elevados de triglicéridos, que se asocian con un peor rendimiento en memoria y velocidad mental.
En cuanto a los tratamientos, algunos fármacos pueden generar efectos de sedación que interfieren con la atención. Otros, como el litio, muestran posibles efectos protectores a nivel cerebral, siempre dentro de rangos terapéuticos adecuados.
Algunas ideas para acompañar la cognición
Frente a este panorama, conviene pensar la cognición como algo que también necesita atención propia. Algunas ideas que suelen ayudar son las siguientes:
1. Rehabilitación cognitiva
Consiste en trabajar con ejercicios guiados y repetidos que apuntan a reforzar funciones como la atención, la memoria o la organización mental. No busca volver atrás en el tiempo, sino entrenar la mente para que responda mejor dentro de sus posibilidades actuales.
2. Estrategias de compensación
Aquí entran los apoyos prácticos del día a día, como usar recordatorios, agendas, listas o rutinas más claras. Estas herramientas alivian la carga mental y permiten que la energía se use en lo importante, sin tener que estar recordándolo todo de memoria.
3. Adaptar el entorno
Ordenar espacios, reducir distracciones y simplificar tareas ayuda a que la mente no tenga que hacer un esfuerzo extra todo el tiempo. A veces pequeños cambios en el ambiente hacen que las cosas fluyan con más calma.

Javier Ares Arranz
Javier Ares Arranz
Psicólogo especialista en Depresión, Ansiedad y Pareja.
4. Compartir lo que pasa
Hablar de estas dificultades con personas cercanas permite evitar malentendidos. Cuando el entorno entiende que ciertos olvidos o demoras no son falta de interés, la convivencia suele volverse más liviana.
Poner el foco en la cognición dentro del trastorno bipolar amplía la forma de entender lo que pasa. Ayuda a nombrar experiencias comunes y abre caminos concretos para convivir mejor con ellas, acompañando a la mente tal como está hoy, con más conciencia y menos presión.


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