La complicada relación entre la Ansiedad Social y la Agresividad

Esto es lo que las últimas investigaciones muestran sobre la agresividad en la fobia social.

La complicada relación entre la ansiedad social y la agresividad
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Durante años se habló de la ansiedad social como sinónimo de timidez extrema. Pero la experiencia real de muchas personas es más compleja. Hay quienes evitan reuniones y otros que, ante la mínima crítica, responden con dureza.

Esta segunda forma suele pasar desapercibida, ya que la agresividad tapa el miedo que la origina. Vamos a explorar esta relación que ayuda a mirar con otros ojos ciertos comportamientos y, sobre todo, a comprender que la ansiedad no siempre adopta la forma que esperamos.

Ansiedad social: lo que se dice y lo que no se dice tanto

La ansiedad social tiene que ver con el miedo a ser evaluado por los demás, incluso en situaciones comunes. No hace falta un auditorio lleno; basta una conversación informal o una corrección en público. Cuando esa preocupación se mantiene durante mucho tiempo y empieza a limitar elecciones cotidianas, el impacto se vuelve evidente y allí ya se le puede llamar trastorno.

En el cuerpo esto se traduce en tensión, calor en el rostro o dificultad para sostener la mirada. En la mente, aparecen pensamientos más severos que simples dudas: “acabo de quedar como un torpe” o “si digo lo que pienso, se van a burlar”. Después, la escena queda grabada y se analiza con dureza.

La imagen clásica es la de alguien que se calla y evita. Pero también existen personas que, ante esa misma incomodidad, reaccionan con brusquedad o desafío. Esa respuesta puede parecer falta de control, aunque a veces es una manera rápida de tapar la vergüenza anticipada.

Cuando la ansiedad se expresa hacia afuera: lo que dicen los estudios

En los últimos años, investigaciones con adolescentes han cuestionado la idea de que la ansiedad social siempre implica aislamiento. Un estudio realizado en la Universidad McMaster analizó a casi 300 jóvenes entre 12 y 17 años y encontró algo llamativo: no todos los perfiles ansiosos eran tímidos o inhibidos.

El equipo identificó tres grupos. Uno con bajos niveles de ansiedad y buena adaptación social. Otro que encajaba con la visión clásica: alta ansiedad y baja agresividad. Y un tercer grupo que rompía el molde: adolescentes con ansiedad moderada, pero con altos niveles de impulsividad y conductas agresivas.

Este último perfil resulta revelador porque muestra que el miedo a la evaluación puede transformarse en ataque. Cuando una persona anticipa humillación o rechazo, puede responder con dureza para evitar sentirse vulnerable. Es una forma de defensa rápida, ya que el enfado da una sensación momentánea de control.

Además, el estudio observó diferencias de género. Los varones tenían mayor probabilidad de ubicarse en el perfil más agresivo. Esto podría relacionarse con normas sociales que desalientan la expresión abierta del miedo en hombres, por lo que la ansiedad adopta formas más externalizadas.

En la infancia también se ha visto algo similar. Especialistas del Child Mind Institute explican que algunos niños ansiosos no se retraen, sino que presentan berrinches o explosiones cuando enfrentan situaciones que perciben como amenazantes. La reacción de lucha o huida se activa con fuerza, y si escapar no es posible, aparece la confrontación.

En entornos escolares, esto puede confundirse con trastornos como el TDAH. Un niño que se levanta constantemente o interrumpe puede estar buscando aliviar su ansiedad, no desafiando la autoridad.

Entonces, ¿cómo identificarlo?

Las señales de esta combinación entre ansiedad social y agresividad pueden incluir:

  • Respuestas desproporcionadas ante críticas leves.
  • Comentarios sarcásticos cuando se sienten expuestos.
  • Irritabilidad frecuente en contextos sociales.
  • Necesidad intensa de proteger la propia imagen.
  • Dificultad para aceptar errores en público.

Entre las posibles causas se encuentran factores genéticos relacionados con la sensibilidad al miedo, experiencias de humillación o rechazo, estilos de crianza muy críticos y entornos donde mostrar vulnerabilidad se penaliza. También influye la etapa vital, ya que la adolescencia amplifica la preocupación por la imagen y la aceptación.

Hay que tener en cuenta que saber esto no significa justificar conductas dañinas, pero sí nos da una manera distinta de entenderlo. Cuando se aborda solo la agresividad sin explorar la ansiedad subyacente, el apoyo puede quedarse corto.

Qué puede ayudar cuando ansiedad y agresividad se mezclan

Cuando se juntan la ansiedad social y las reacciones impulsivas, lo primero que suele aparecer es una sensación incómoda de contradicción. Después de un comentario cortante o un estallido, muchas personas se quedan pensando: “¿pero qué reaccioné así?” ante eso que le daba tanto miedo. Esa mezcla puede sentirse incomprensible. Y, claro, desde fuera es fácil que alguien etiquete rápido la conducta sin detenerse a entender qué la activó.

Por eso es tan importante observar todo el panorama. Si solo se atiende la irritación, el tono fuerte y la discusión se pierde de vista que debajo puede haber temor al juicio o a la humillación.

Muchos enfoques para la ansiedad social trabajan la evitación, lo cual ayuda mucho. Pero cuando también hay impulsividad, conviene sumar herramientas para manejar la intensidad emocional y aprender a recibir críticas sin que se vivan como una amenaza directa.

Algunas herramientas de utilidad pueden ser:

  • Psicoterapia cognitivo-conductual: ayuda a poner nombre a esos pensamientos que se disparan en segundos y que pintan el peor escenario posible.
  • Regulación emocional: reconocer a tiempo señales como el calor en la cara o la tensión en los hombros para hacer una pausa antes de responder.
  • Exposición gradual: practicar conversaciones o situaciones sociales en espacios seguros para comprobar que no todo termina en rechazo.
  • Trabajo con el entorno: en niños y adolescentes, coordinar con familia y escuela evita que se confunda ansiedad con simple rebeldía.
  • Evaluación amplia: antes de concluir que es “un problema de conducta”, revisar si la ansiedad está llevando el volante.

Y, cuando la ansiedad es muy intensa o constante, un profesional puede valorar medicación como apoyo. No es la primera opción en todos los casos, pero para algunas personas reduce la activación lo suficiente como para poder aprovechar mejor la terapia. Cada proceso es distinto y es necesario que se explore con calma.

Javier Ares Arranz

Javier Ares Arranz

Psicólogo especialista en Depresión, Ansiedad y Pareja.

Profesional verificado
Madrid
Terapia online

Como podemos notar, el enfado puede ser una defensa ante el juicio social y saber eso hace que la comprensión crezca. Esto invita a revisar cómo respondemos como sociedad ante la vulnerabilidad, especialmente en niños y adolescentes.

Tal vez, al ofrecer espacios donde expresar inseguridad sea válido, muchas reacciones intensas perderían fuerza y encontrarían formas más saludables de canalizarse.

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  • El trastorno de ansiedad social: Lo que usted debe saber. (s. f.). National Institute Of Mental Health (NIMH).
  • Miller, C. (2025, 29 diciembre). Cómo la ansiedad conduce a problemas de comportamiento. Child Mind Institute.
  • Mollie J. Eriksson, Louis A. Schmidt, (2026). Characterizing the dark side of social anxiety in adolescence: A replication and extension study, Personality and Individual Differences, Volume 251, 113581.

Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

Javier Ares Arranz. (2026, febrero 16). La complicada relación entre la Ansiedad Social y la Agresividad. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/clinica/complicada-relacion-entre-ansiedad-social-y-agresividad

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