Un trastorno de ansiedad vinculado al sentimiento de soledad. Unsplash.

El ser humano es un animal gregario, que precisa del contacto social para sobrevivir y medrar en la vida. Familia, pareja, amigos… todo ello forma parte de nuestra vida y resulta de gran importancia en todas las etapas de la vida. Pese a que a veces podamos necesitar estar solos y algunas personas no necesiten un contacto continuado, la mayoría de seres humanos necesitamos y disfrutamos de la compañía de los demás.

Así, la idea de una soledad prolongada en el tiempo es algo que genera cierto malestar y sufrimiento. Sin embargo algunas personas llegan a desarrollar una fobia o pánico desproporcionados a la idea de estar solos, incluso aunque sea durante breves periodos, llegando a padecer crisis de pánico y síntomas fisiológicos ante dicho miedo. Es lo que les ocurre a las personas con eremofobia.

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Fobia a la soledad: la eremofobia

Se entiende por eremofobia a la fobia a la soledad. La eremofobia se clasificaría como una fobia específica situacional, es decir lo que produce miedo no sería un elemento físico concreto (como una araña o un rayo) sino una situación o estado en el que el sujeto se halla o puede hallarse: en este caso, estar solo.

Como fobia que es se trata de un alteración psicológica en el que aparece un miedo irracional y desproporcionado (siendo a menudo la consideración de esta irracionalidad reconocida por el sujeto) hacia un estímulo o situación concreta, en este caso el estar solo.

Este miedo es tan intenso que el hecho de enfrentarse al estímulo fóbico o la mera idea de hacerlo genera una ansiedad tal que es capaz de generar alteraciones como sudores fríos, mareos, cefaleas, taquicardias o problemas respiratorios, algo que genera asimismo una evitación o huida activa de dicha situación o estímulo o de aquello que pueda recordar a ello.

En la eremofobia el miedo es en general hacia lo soledad, siendo habitual que el miedo se dé a quedarse físicamente solo aunque también suele incluirse la idea de sentirse solo pese a estar rodeado de gente.

En este caso concreto suele aparecer también rumiación y pensamientos de tipo obsesivo con la posibilidad de quedarse solo, nublandose la capacidad de juicio y racionalización y sintiendo gran ansiedad en todo momento. Incluso en eventos en los que se está acompañado es frecuente que aparezca el pensamiento anticipatorio de que se va a quedar solo. También puede generar respuestas ansiosas la posibilidad de estar solo con desconocidos, no siendo necesario que la soledad sea física.

Síntomas

Este nivel de miedo hacia a soledad puede llegar a ser muy invalidante, precisando la persona una atención o compañía constante y limitando en gran medida su funcionamiento cotidiano.

El contacto social con familia, pareja y amigos puede llegar a deteriorarse, así como también el tiempo de ocio y el rendimiento laboral (si bien dependerá del tipo de empleo en cuestión). La persona afectada evitará a toda costa quedarse solo, pudiendo en casos extremos llegar a ser totalmente dependiente de la compañía ajena. Así, buscarán por lo general quedar con alguien o mantenerse en compañía en todo momento.

En casos extremos esto puede llegar a generar comportamientos histriónicos, teatrales e incluso el fingimiento de enfermedades con el fin de manipular a su entorno, algo que una vez detectado va a generar por lo general un alejamiento del entorno y un aislamiento cada vez mayor del sujeto (algo de hecho totalmente contrario a lo que el sujeto pretende).

Asimismo también es probable que se adopte un posicionamiento de dependencia emocional hacia su entorno, independientemente del trato que este les prodigue, mientras no se queden solos. De hecho más allá del propio sufrimiento que genera esta fobia uno de sus posibles riesgos más graves es que el pavor a quedarse solo puede conducir a aceptar tratos degradantes e incluso situaciones de maltrato en cualquiera de los ámbitos vitales, incluyendo el acoso laboral, el acoso sexual o incluso la de violencia de pareja. En algunos casos, además, puede llegar a aparecer miedo y desesperación, irritabilidad e incluso agresividad si les intentan dejar solos.

Posibles causas

Las causas concretas de la aparición de esta fobia no son totalmente conocidas, aunque se han elaborado varias hipótesis al respecto. En primer lugar cabe mencionar que el miedo a la soledad es algo frecuente en casi todas las personas, debiéndose distinguir dicho miedo normativo de la existencia de una fobia.

Una de las teorías al respecto nos habla de que existen algunas fobias que provienen de estímulos y situaciones que estamos preprogramados para temer, siendo producto de la evolución de la especie. Si pensamos por ejemplo en la fobia a los insectos o a las serpientes, podemos imaginar que en la antigüedad este miedo y huida de dichos estímulos nos eran adaptativos ya que suponían una amenaza real para la subsistencia. En el caso de la soledad ocurre lo mismo: en la prehistoria una persona solo sería víctima fácil de un depredador, estando la capacidad de defensa o de adquisición de alimentos muy disminuida.

Así, quien se mantenía en el grupo y tenía miedo a estar solo tenía más fácil sobrevivir, pasándose este rasgo a las siguientes generaciones. Si a esta tendencia heredada le sumamos la existencia de algún tipo de estresor o situación amenazadora vinculada a estar solo, tenemos un probable caldo de cultivo para la aparición de una fobia o de trastornos de personalidad como el dependiente o el histriónico.

Otra teoría nos indica que esta fobia se adquiere por condicionamiento: en algún momento de la vida se ha asociado la soledad a un evento traumático o a la sensación de indefensión y falta de control de nuestra vida, y posteriormente el miedo generado por dicho momento se generaliza a toda situación relacionada con la soledad. Ejemplos frecuentes son los casos de niños abandonados en la infancia por sus padres, desamparados o aquellos que se quedan huérfanos a temprana edad. También el acoso escolar o no poder generar relaciones de amistad sólidas puede generar miedo a quedarse sólo.

Es importante también tener en cuenta que por norma general la eremofobia suele aparecer, al igual que ocurre con la fobia social, durante la adolescencia y la formación de la identidad. En esta etapa la privación de la compañía ajena o la percepción de no aceptación por parte del resto dificulta la adquisición de una identidad sólida, algo que a la larga nos va a hacer inviable estar solos con nosotros mismos y precisar de la compañía de alguien para sentirnos completos. Es habitual asimismo que este tipo de fobia se dé en personas con pocas habilidades sociales, falta de confianza en sí mismos, inseguridad y poca autoestima.

También hace falta tener en cuenta que el miedo a la soledad en el fondo puede estar transmitiendo un miedo a la muerte, a no ser capaz de salir adelante por uno mismo, al fracaso o a la no consecución de metas vitales (siendo frecuente que una de ellas sea la de tener familia o éxito social).

Tratamiento

La eremofobia es un problema altamente invalidante para quien lo sufre, pero afortunadamente es una alteración tratable a través de la psicoterapia.

En primer lugar será necesario explorar qué es lo que teme el sujeto de la soledad o las ideas o concepciones que tiene sobre ella. Asimismo habrá que trabajar el porqué de la necesidad de compañía, en qué momento cree el paciente que se originó el miedo y por qué, qué significado le da a la fobia y las expectativas y creencias que tiene tanto sobre sí mismo como sobre el mundo o su futuro.

Hecho esto puede ser recomendable la aplicación de recursos terapéuticos tales como la reestructuración cognitiva de cara a trabajar las creencias del sujeto e intentar generar explicaciones sobre la realidad y sobre uno mismo que resulten más adaptativas que las mantenidas hasta el momento, así como las expectativas y exigencias tanto en lo relativo al sí mismo como al entorno.

También será de utilidad trabajar la gestión del estrés, las habilidades sociales y de resolución de problemas, la autoestima y la sensación de autoeficacia y autonomía, siendo todo ello algo vital en este tipo de fobia.

Asimismo y como en casi todas las fobias, el método más efectivo en el tratamiento de la sintomatología fóbica (no tanto en sus causas, algo que debería trabajarse con metodologías como las anteriores) es la exposición. Se trataría de hacer que el sujeto fuera realizando una exposición gradual a la soledad, tras pactar con el terapeuta una jerarquía de ítems vinculadas a ella a la que poco a poco se irá sometiendo. Puede ser útil emplear también la prevención de respuesta, es decir que el sujeto evite buscar compañía en el momento de la aparición de la ansiedad.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
  • Bados, A. (2005). Fobias específicas. Universitat de Barcelona. Facultat de Psicología. Departament de Personalitat, Avaluació i Tractament Psicològics.