En toda sociedad alfabetizada los números son un aspecto del que no podemos escapar. Están por todas partes: en las puertas de las casas, en las matrículas de los coches, al hacer la declaración de la renta…

Pero no están solamente escritos. También están en nuestra mente, en forma de números favoritos, que nos dan miedo o una preferencia al hacer las cosas como, por ejemplo, asegurarse dos veces que la puerta de casa está cerrada.

Todo esto es parte del día a día de muchas personas. Sin embargo, hay quienes parece que los números han tomado el control de sus vidas y se llegan a preguntar: ¿es normal obsesionarse con los números?. Intentemos responder a esta cuestión.

¿Es normal obsesionarse con los números, o es un problema?

Los números son un aspecto fundamental en nuestras vidas, por mucha aversión a las matemáticas que podamos tener. Están en todas partes, como las letras formando palabras. Independientemente de cual sea nuestra profesión o qué aficiones tengamos, en algún momento del día tenemos que ver números, ya sea para hacer una llamada, contar el dinero, pagar, hacer la declaración de la renta o cualquier otra actividad en la que se tenga que tratar aspectos numéricos.

Pero no únicamente se encuentran escritos, sino que también están en nuestra mente. Todos tenemos algún tipo de comportamiento y pensamiento relacionado con los números. Un ejemplo clásico es el tener que comprobar dos o tres veces la puerta, para cerciorarse de que está bien cerrada. Otro podría ser el tener que comprar cuatro packs de atún en el supermercado, ni uno más ni uno menos.

Esta conductas pueden ser fácilmente justificables. Comprobar dos veces si se ha cerrado la puerta tiene su sentido, comprobando que efectivamente la puerta está cerrada. El de los packs de atún puede ser, simplemente, porque se piensa que es la cantidad exacta para aguantar la semana o hasta la próxima compra. Pero seamos sinceros, en muchas ocasiones es porque tenemos cierta preferencia por esas cantidades. El problema está cuando no hablamos de dos o tres, sino de 50, 60, 130...

También puede pasar que estemos obsesionados con el número en sí, es decir, el símbolo y lo que representa. En cierta manera es normal que tengamos un número favorito y otro que asociamos con la mala suerte, de la misma manera que hay quien tiene un color favorito. La cultura tiene un peso muy fuerte detrás de esta elección. Por ejemplo, en España y otros países europeos el 13 es el número de la mala suerte, mientras que son el 7, el 9 o el 11 los que se ven como los de la buena suerte.

Tener un número favorito o de mala suerte no es algo muy importante, hasta que se convierte en una obsesión. Evitar a toda costa pasar por una puerta con el número 13 o querer que nuestro número de teléfono lleve, sí o sí, un 7 son aspectos que, por muy leves que puedan parecer, limitan la vida de quien padece esta obsesión. ¿Qué pasa si nos invitan a una casa con el número 13? ¿No entramos? ¿Qué le decimos a quien nos ha invitado?

Viendo estos pequeños ejemplos introductorios no es difícil hacerse a la idea que, si bien pensar en números, tanto como símbolo o haciendo X cantidad de acciones, es normal pero con ciertos límites. Si nos pasamos, si pensar en los números se convierte en una obsesión que nos limita mucho la vida tenemos un problema. Normal es comprobar dos veces la puerta, no lo es si comprobamos todo 10 veces antes de salir de casa. A eso se le llama aritmomanía, muy relacionado con el TOC.

El TOC y la aritmomanía

El Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) es un trastorno de ansiedad caracterizado por pensamientos intrusivos, recurrentes y persistentes que producen preocupación, aprensión temor e inquietud, además de conductas repetitivas. Entre las características principales del TOC solemos encontrar aspectos como angustiarse por la higiene, el orden y la simetría, cerrar la puerta dos veces… aspectos que se pueden englobar en obsesiones o en compulsiones.

Entre las obsesiones más comunes asociadas al TOC tenemos: miedo a contaminarse, temor a causar daño a otros o que, ya sea por acción o inacción, se les haga daño a seres querido, obsesiones de contenido sexual, preocupación por la salud, necesidad de orden y simetría, religiosidad excesiva...

En cuanto a las compulsiones podemos encontrar conductas repetitivas como lavarse las manos o cepillarse los dientes, abrir o cerrar puertas, tocar un objeto con las manos, dar golpecitos en el suelo con los pies, colocar los objetos en un orden específico o comprobar si las cosas están como deberían (puertas cerradas, aparatos eléctricos desconectados...). También en las compulsiones encontramos pensamientos repetitivos como rezar, contar números o repetir palabras en silencio, una y otra vez.

La obsesión por los números se llama aritmomanía y es, en esencia, es el trastorno obsesivo-compulsivo pero con especial obsesión por los números. Las personas que padecen este trastorno tienen la enorme necesidad de contar sus acciones o los objetos de su entorno, cerciorándose de que los han contado o han hecho la conducta un determinado número de veces. También puede ocurrir que el paciente desarrolle un sistema mental complejo en el que asigna valores o números a las personas, objetos y acontecimientos, buscando compulsivamente una relación entre ellos para hacerlos coherentes.

Las personas quienes padecen este trastorno pueden llevar un conteo que puede hacer en voz alta o baja e, incluso, puede llevar más de un conteo simultáneo (p. ej., estar contando farolas de la calle, coches rojos y perros). Este conteo les da seguridad y, en caso de no hacerlo, pueden empezar a pensar que algo malo pasará, en la misma línea que el resto del TOC.

Algunos ejemplos de obsesión con los números

Mencionar todos los casos de aritmomanía, tanto asociada a obsesiones como compulsiones, nos daría una lista tan larga como infinita es la cantidad de números. Hay obsesiones con absolutamente cualquier número, transformado en todo tipo de compulsiones. Si algo caracteriza el TOC es que cada persona que lo padece tiene pensamientos y comportamientos patológicos diferentes, y estar obsesionado con algo tan extenso como son los números lo hace todavía más diferente. A continuación vamos a ver unos cuantos ejemplos de obsesión por los números.

1. Números pares e impares

Parece haber una especial obsesión hacia los números pares e impares, siendo unos vistos como los de la buena suerte mientras que los otros traerían malos augurios. Habitualmente son los pares los que dan buena suerte. Una de las explicaciones más comunes es que, como son pares, siempre se pueden dividir entre dos y eso es algo muy bueno, de acuerdo a la lógica de una persona obsesionada con este tipo de valores.

2. Preferencia o miedo a los números primos

Los números primos son aquellos que solo se pueden dividir entre uno y entre sí mismos. Algunos de ellos son 1, 2, 3, 5, 7, 11, 13, 17, 19… Como estos números son tan únicos se pueden ver como especialmente beneficiosos o, por el contrario, números que dan muy mala suerte.

3. Comprobar las cosas mediante un patrón

Dentro de esta compulsión podemos encontrar estar comprobando constantemente si se han cerrado las puertas, las luces, desactivado la alarma... encendiendo y apagando varias veces, siguiendo siempre el mismo patrón. Por ejemplo, abrir y cerrar el grifo mediante el patrón 1, 2, 3, 4 (abro y cierro; abro, abro y cierro; abro, abro, abro y cierro; abro, abro, abro, abro y cierro), pensando que, de no hacerlo, algo malo va a ocurrir.

4. Número activador y desactivador de la ansiedad

Hay casos de personas que asocian un número con la ansiedad y otro como una especie de “ansiolítico” para ese mismo síntoma. Por ejemplo, asociar el número 3 con estrés y el 7 como relajación haciendo que, al ver el primer número (pasando por un portal con el número 3, ver una matrícula con tal número...), tenga que decir 7 veces “siete”.

5. Número que no puede falta en el día a día

Obsesión con un número para que esté en su vida. Por ejemplo, estar obsesionado con el 3, pedir una habitación de hotel con ese número o un múltiplo, tener siempre 3 manzanas...

6. Tocar con ambas manos un número concreto de veces las cosas

Hay personas que necesitan estar tocando el mismo número de veces algo con ambas manos cuando, por casualidad, con una de ellas han rozado con algo. Por ejemplo, estar paseando por la calle y tocar, sin querer, una farola con la mano derecha. Esto obliga a la persona a tocar tres veces con su mano izquierda esa farola y dos más con la derecha.

7. Contar las letras de las palabras

La obsesión con los números no es exclusivamente hacia los números. También se extrapola a las letras que, a veces, se ven como la contraparte de los números. Por ejemplo, hay casos de personas quienes odian un determinado número, pongamos el 4, y evitan usar toda palabra que tenga esa cantidad de letras, evitando palabras como “amor”, “solo”, “pavo”... teniendo que sustituirlas por “filia”, “individual” “gallinácea”...

Esto puede ser especialmente problemático si el número temido es muy bajo (del 1 al 3) puesto que las palabras más usadas en cualquier idioma suelen ser las más cortas, incluyendo partículas gramaticales (p. ej., de, el, en,...). Como la persona no puede usarlas, su lenguaje puede volverse muy difícil de comprender o hacer uso de palabras y expresiones que hacen de su lenguaje algo muy grandilocuente.

8. Conducir a una velocidad acabada en un número concreto

Esto es especialmente peligroso. La persona siente la necesidad de conducir a velocidades que acaben con el mismo dígito, o ir a una velocidad por arriba o por encima de la velocidad límite X cantidad de kilómetros.

9. Contar los pasos

Ir constantemente contando los pasos. Por ejemplo, estar contando los pasos del 1 al 10, asegurándose de que, al llegar al lugar de destino, se haya acabado en el paso número 10 del último conteo.

10. Operaciones matemáticas complejas

Algunas personas con TOC realizan operaciones aritmética verdaderamente complicadas, de todos los tipos que nos podamos imaginar, solo por el hecho de cruzarse con unos determinados valores.

Pongamos un ejemplo claro de esto: estar paseando por la calle y ver los números de las matrículas de los coches, sumar sus dígitos y añadirle otra operación, por ejemplo 1+1+1+1+1, seguido del número de nuestro número de teléfono y el DNI, asignarle un valor a la letra del DNI y multiplicarlo por el resultado que se ha obtenido.

Conclusión

Obsesionarse con los números es bastante común, pero en términos de salud y calidad de vida no es normal. Una cosa es tener un número preferido o tener algún tipo de manía cotidiana, y otra es tener que hacer X número de veces la cama, creer que pensar en el número 3 tendremos un muy mal día o empezar a hacer cálculos aritméticos por el simple hecho de cruzarnos con números por la calle.

Como síndrome relacionado con el Trastorno Obsesivo-Compulsivo, la aritmomanía es un trastorno que debe ser tratado por un profesional. Puede suponer un alto grado de intromisión en la vida diaria del afectado, puesto que puede perder una gran cantidad de tiempo haciendo las compulsiones para calmar su ansiedad. Además, a medida que el trastorno empeore, la persona irá desconectandose más de su entorno, que no entenderá por qué tiene tal obsesión con los números.

Referencias bibliográficas:

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