Puedes llamarle vacío, depresión o crisis existencial, pero la cuestión es que no te sientes bien. Puede que lo hayas hablado con alguien, aunque las personas a tu alrededor no te entienden demasiado y acabas encerrándote en tu habitación.

Esta situación es más común de lo que crees, pero la tendencia natural es pensar “estas cosas sólo me pasan a mí”, para regocijarte en una sensación de aislamiento que puede acabar en la temida depresión. La buena noticia es que se puede aprender a gestionar una depresión.

Lejos de ser algo a evitar, la depresión es una oportunidad de autoconocimiento maravillosa, pero primero de todo vamos a investigar las causas.

¿De dónde nace la depresión?

Cuando una persona sufre este trastorno experimenta apatía, tristeza y soledad. Pierde el interés por todo y tiende a aislarse del mundo. Pero… ¿por qué?

Hay tantos motivos para sufrir depresión como personas en el mundo, aunque la consecuencia más común es que se rompan tus esquemas y, de repente, sientes que la vida que tenías montada ya no tiene sentido.

Puede haber detonantes que te adentren en ese duelo, como la muerte de un ser querido o una ruptura amorosa.

Aunque también existen casos de estar años con un estilo de vida muy sedentario (mala alimentación y nulo ejercicio) hasta caer en el pozo de la depresión. Incluso está la sensación de no encajar en la sociedad.

Gestionando la depresión

Independientemente de la situación, al estar inmerso en una situación así es necesaria cierta objetividad, y si bien puede dártela un psicólogo, puedes hacerlo por tu cuenta. ¿Cómo? Con estas tres claves.

1. Obsérvate y escribe

Piénsalo, ¿qué haces a lo largo del día? Si te pasas todo el tiempo identificado con tus pensamientos, estos se convertirán en una prisión gobernada por tu mente. Si piensas en la función de un cuchillo puedes llegar a dos conclusiones: puede hacer el bien y el mal. Es decir, que puede servir para cortar el pan que alimenta a tu familia, pero también para matar a otra persona.

Lo mismo sucede con la mente, que es un arma de doble filo: puede servir para vivir plenamente en todas las esferas de tu vida, pero también puede convertirse en una herramienta de autosabotaje tremenda al servicio de tu ego.

A veces no tenemos ni idea de por qué nos sentimos como nos sentimos, por lo que para observarnos y bajar el ritmo de la mente es recomendable plasmar tus pensamientos en un diario emocional.

Sí, digo a propósito “emocional” porque no se va a limitar a contar lo que has hecho hoy, sino que también vas a plasmar cómo te hacen sentir las situaciones y experiencias que vives.

Este ejercicio aumentará tu autoestima, pero además te dará paz y serenidad. De todas formas, los beneficios cognitivos y emocionales de escribir un diario son incontables.

2. Muévete y come saludable

Una de las cosas que hacemos al deprimirnos es pensar demasiado en los aspectos negativos de nuestra vida. No sé si lo sabes, pero la mente produce unos 60-80.000 pensamientos diarios, la mayoría de los cuales son negativos. Somos expertos en juzgarnos y en culparnos por todo lo que nos pasa.

¿Cómo salir de esa espiral? Moviéndonos. En otras palabras: sal de casa y haz algo ejercicio como correr, o caminar durante 30 minutos o una hora. El movimiento, sea de alta o baja intensidad, hace que liberemos endorfinasserotoninadopamina, dando bienestar y placer a nuestro cuerpo.

Si además empiezas a comer más productos sanos y naturales (frutas, verduras, legumbres, etc.), en lugar de comida precocinada y bollería industrial, tu cuerpo y tu mente lo agradecerán. Es una de las claves más antiguas para gestionar una depresión.

En otras palabras, tus hábitos alimenticios y de ejercicio juegan un papel fundamental para contrarrestar los efectos (y síntomas) de la depresión. Otra opción en ese sentido, que será una bocanada de aire fresco, es apuntarte a actividades que te interesan pero que nunca contemplaste.

3. Habla con amigos (y desconocidos)

Aunque para llegar a la depresión suele ser común no contar lo que sientes a tu entorno más cercano, un buen amigo puede ser el mejor psicólogo. Cuando digo “buen amigo” quiero decir alguien que te sepa escuchar y que te saque de tus pensamientos, no alguien que no te escuche y que te cuente sus problemas de forma inmediata.

Al contarle a alguien tus emociones, estás dando espacio a tu mundo interior para manifestarse, por lo que los efectos de la depresión disminuyen. De hecho, esa persona puede darte su punto de vista y hacer que te des cuenta de tus patrones de pensamiento autosaboteadores. En otras palabras, te hace de espejo.

De hecho, la figura del coach surgió en la década de los 60 con Timothy Galway (aunque su origen se remonta a la mayéutica de Sócrates), para aumentar la fortaleza mental y sacar el máximo potencial de las personas a través de la escucha activa y la pregunta orientada a la acción. Sí, las nuevas tecnologías están haciendo que cada vez interactuemos menos en persona, por lo que puedes vencer esa barrera mental para atreverte a salir de tu zona de comodidad conociendo gente.

Tu amígdala (o cerebro emocional) detectará que estás en peligro, pero no lo estás, sólo es la falta de costumbre.

Como sé que este ejercicio no es fácil, plantéatelo como un reto. Por ejemplo, si vas a la cafetería o al bar de al lado de casa, atrévete a interactuar con alguien que esté cerca de ti. Lo más fácil es comunicar algo positivo a la otra persona de forma educada (si la cosa fluye, incluso puedes entablar una conversación).

Pregúntate: ¿qué es lo peor que podría pasar? Si te ignoran, seguramente sacarás un aprendizaje de la experiencia para hacerlo mejor la próxima vez.

Conclusión

La depresión es más común de lo que crees, y tanto si la vives como si no, observándote en perspectiva serás capaz de plasmar tus pensamientos y emociones en un diario para prevenirla o paliar sus efectos.

Además, si sales a caminar, a correr o haces algo de ejercicio (incluso casero, por poco que sea), tus cuerpo producirá endorfinas y otras hormonas responsables de tu bienestar.

La próxima vez que vivas una situación complicada, recuerda que ya dispones de las herramientas más importantes para superarlas: tu mente, tu respiración y tu cuerpo. Esto no significa que el apoyo profesional de un psicólogo no sea necesario. En la mayoría de casos, es imprescindible recibir orientación profesional. Con todo, conocer estas claves para gestionar la depresión pueden facilitarnos la vida, tanto si decidimos acudir a un terapeuta como si por alguna razón no disponemos de esa posibilidad.

Para acabar, recuerda que somos seres sociales, así que compartir lo que piensas y sientes con tu entorno e interactuar con desconocidos, te ayudará a ver la vida con otros ojos.