Cuando pensamos en nuestra infancia, a veces aparecen recuerdos que preferiríamos dejar guardados. Muchas personas llevan esas marcas a su vida adulta sin darse cuenta de que influyen en la manera en que buscan conexión, alivio o, incluso, un descanso mental.
Como bien sabemos, actualmente el plano digital ocupa muchísimo espacio, así que no sorprende que encontremos refugio allí.
Pero, a ver, ¿cómo se relaciona una cosa con otra? ¿Esas experiencias tempranas pueden tener relación con cómo interactuamos hoy con las redes?
La adversidad infantil y sus secuelas al crecer
El trauma infantil puede aparecer de muchas maneras. Algunas personas crecieron con negligencia, otras con abuso o violencia, y otras, simplemente, en entornos familiares donde faltaba estabilidad emocional.
Estas experiencias afectan la forma en que se construye la seguridad interna porque durante la infancia dependemos del entorno para aprender a regular emociones y para formar una imagen del mundo que resulte estable.
Con el tiempo, estos aprendizajes tempranos influyen en cómo gestionamos el estrés, cómo nos relacionamos con los demás y cómo entendemos nuestro propio valor.
Si una persona creció sin un apoyo emocional consistente, puede experimentar más dificultades para sostener emociones intensas o para identificar lo que necesita en cada momento. Esto abre la puerta a estrategias de alivio que buscan calmar el malestar de manera inmediata.
En la vida adulta, esto puede llevar a buscar distracciones rápidas o sensaciones que alivien tensión interna. Y, ojo, ahora que las redes sociales ofrecen estimulación constante, interacción rápida y validación inmediata, es comprensible que se vuelvan un espacio tentador.
Por eso, cuando hablamos de trauma infantil, también hablamos de cómo ese pasado puede influir en la vulnerabilidad a distintas conductas, incluyendo aquellas relacionadas con el uso de la tecnología.
¿El trauma infantil aumenta la vulnerabilidad a la adicción a las redes sociales?
Los estudios más recientes apuntan a que sí existe una relación importante entre el trauma infantil y el uso compulsivo de redes o plataformas digitales.
El primer estudio que mencionaremos fue publicado en Computers in Human Behavior, y en él se analizaron a más de once mil estudiantes universitarios en China. El equipo liderado por Hai Huang encontró que quienes vivieron experiencias adversas en la infancia, especialmente abuso o negligencia, presentaban mayor tendencia a desarrollar adicción a los videos cortos.
Además, quienes habían atravesado cinco o más tipos de experiencias adversas mostraban un riesgo muy elevado de uso compulsivo.
Este estudio también observó que la resiliencia y la satisfacción con la vida cumplen un rol mediador, ya que cuando están debilitadas aumenta la probabilidad de recurrir a los videos como forma de alivio emocional.
Otro trabajo, realizado en la Universidad Médica de Anhui, examinó a más de ochocientos adolescentes. Allí se encontró que el trauma infantil actúa como predictor significativo de la adicción a internet.
La negligencia emocional y física se relacionó de manera especialmente fuerte con esta conducta. El estudio también reveló que un buen soporte social puede reducir hasta una tercera parte del riesgo. Cuando las personas sienten apoyo real, buscan menos refugio en el entorno digital.
Un tercer estudio, un metaanálisis con más de veintiún mil adolescentes, confirmó una correlación sólida entre trauma infantil y adicción a internet. El análisis mostró que cuanto más presente o intenso fue el trauma, mayor era el riesgo de desarrollar problemas de dependencia digital. También destacó que un ambiente familiar afectuoso cumple un rol protector importante porque promueve estabilidad emocional desde etapas tempranas.
Aunque estas investigaciones no establecen una causalidad directa, sí coinciden en que el trauma infantil aumenta la vulnerabilidad a conductas donde se busca alivio inmediato, como el uso compulsivo de redes o plataformas de video.
Estrategias prácticas usar las redes sociales con más conciencia y compasión
Llegar a esta reflexión ya dice mucho. A veces notamos que usamos las redes en momentos de tensión emocional sin haberlo pensado antes. Reconocerlo ayuda a entender qué nos está llevando a actuar como lo hacemos.
Por ejemplo, si tu historia de infancia tuvo momentos difíciles, tiene sentido que el cuerpo y la mente busquen formas rápidas de calmarse. No es un fallo personal, sino una señal que invita a mirar con más atención tu relación con tus emociones.
Puede incomodar aceptar que experiencias tempranas siguen influyendo en cómo actuamos, pero el simple hecho de observarlo abre caminos para sentirte más estable y para elegir conscientemente cómo te relacionas con las redes.
Aquí queremos compartir contigo algunas ideas que pueden ayudarte:
Evalúa tu uso diario
Fíjate en qué momentos abres las redes. Si notas que lo haces cuando aparece tristeza, inquietud, soledad o cansancio emocional, ya tienes una pista sobre la función que están cumpliendo en esos instantes.
Establece límites razonables
Puedes decidir horarios concretos para usarlas y otros para descansar. No es necesario prohibirte nada si no es lo que quieres, sino de recuperar la sensación de elegir. Esto reduce ese impulso automático que a veces aparece sin darnos cuenta.
Recurre a vínculos que te hagan sentir acompañado
Las investigaciones muestran que el apoyo social funciona como un amortiguador emocional. Conversar con alguien de confianza, compartir lo que sientes o simplemente estar en compañía disminuye la necesidad de buscar alivio constante en el mundo digital.
Incorpora actividades que aporten equilibrio
Caminar, escribir, hacer algo creativo o mover el cuerpo de manera suave puede ayudarte a regular tus emociones, porque ofrecen una pausa importante. Cuando encuentras maneras de sentir calma fuera de la pantalla, las redes pueden dejar de ser la primera opción para esa regulación emocional.
Considera apoyo profesional si lo sientes necesario
Si notas que tus experiencias tempranas están influyendo demasiado en cómo manejas tus emociones o en tu relación con las redes, podrías buscar un espacio terapéutico que te permita comprender esos patrones y fortalecer recursos internos que hagan tu día a día más llevadero. Este no es un proceso instantáneo, claro, pero sí aporta claridad y estabilidad emocional. Y en Instituto Europeo Alfi estaremos encantados de ayudarte desde nuestra experiencia en el sector de la salud mental.


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