Las 6 características de los traumas de la infancia

¿Cuáles son las características de los traumas de la infancia? Veamos sus efectos y síntomas.

Nahum Montagud Rubio

Nahum Montagud Rubio

Características de los traumas de la infancia

Las heridas emocionales pueden ser muy hondas, y más si se dan durante nuestra infancia. Los niños y niñas no disponen de las herramientas adecuadas para gestionar los problemas que les puedan pasar, y mucho menos si se tratan de eventos tan graves como el maltrato o los abusos.

Las experiencias negativas de la infancia influyen sobre la personalidad, tanto que en la adultez pueden emerger en forma de psicopatología y síntomas como el estrés, la ansiedad o el retraimiento social, sin que el propio afectado sepa que es a causa de un hecho del pasado que todavía no ha gestionado.

A fin de ayudar a las personas que pudieran haber vivido un evento traumático siendo niños hoy vamos a ver las principales características de los traumas en la infancia, en el sentido de cómo se manifiestan en la adultez y qué es lo que los provoca.

¿Cuáles son las características de los traumas de la infancia?

No hay duda de que la infancia es una etapa vulnerable y determinante. Todas las impresiones físicas y psicológicas que se reciben durante los primeros años de vida dejan huella en nuestra personalidad, para bien y para mal.

Su marca es duradera, con lo cual, en caso de que las impresiones sean negativas, se vivirán de forma especialmente angustiosa no solo en el momento en que se vivieron sino, también, en la etapa adulta. Las experiencias particularmente negativas vividas durante la infancia pueden convertirse en traumas infantiles.

¿Qué es un trauma infantil?

Un trauma de la infancia es una herida emocional como consecuencia de un suceso doloroso o angustioso vivido durante la niñez. Estos traumas son como las heridas y pueden ser mayor o menor gravedad. Esto no quiere decir que se le deba restar importancia a ciertos traumas porque, al margen de su gravedad, van a repercutir muy negativamente en la personalidad y se requiere de todo un proceso para superarlos igualmente.

Pese a esta realidad, no son pocas las personas que acuden a psicoterapia diciendo que no son merecedoras de llamar sus traumas así. Sienten que no es legítimo su sufrimiento.

No existen traumas de verdad y traumas banales. Todos los traumas deben ser reparados independientemente de cómo de graves sean. Es fundamental enseñarle a quien los manifieste a gestionar sus emociones, a manejar el recuerdo doloroso de aquello que les sucedió de niños y a saber perdonarse a sí mismo y a los demás.

Los efectos de los traumas de la infancia son muy duraderos, pero esto no quiere decir que no se puedan superar. En el peor de los casos quedará alguna que otra secuela, pero alguna mejora habrá. Todo depende de la gravedad de la experiencia vivida en la infancia y de si se recibe la adecuada ayuda profesional para gestionar las emociones que despierta. Se puede tener una vida adulta plena, pese haber padecido una infancia traumática, aunque requerirá de procesos terapéuticos y de una elaboración personal profunda.

Los traumas de la infancia no siempre se pueden relacionar con eventos evidentes del pasado. Incluso cuando así es, lo que ocurre en muchas ocasiones es que los propios pacientes se muestran muy resistentes a sacarlos a la luz, pues hacerlo supone romper un cerrojo, aquel que ellos mismos pusieron a su recuerdo a modo de mecanismo de defensa. Los dejaron arrinconados en algún lugar oscuro de su mente, con la esperanza de que no volverían a molestar.

El problema es que, aunque no recuerden exactamente lo que sucedió, su personalidad se ve perturbada por ello. El mal recuerdo, el trauma, sigue ahí.

¿A qué se deben los traumas infantiles?

Son muchas las situaciones que pueden vivirse como traumáticas y que suponen efectos hasta la adultez. Algunos son más evidentes que otros porque tienen más reconocimiento social o son de interés en los medios de comunicación y a través del poder legislativo. Otros, en cambio, no gozan de ese peso de reconocimiento social, pese a que pueden ser también muy dañinos.

Algunos ejemplos de situaciones vividas en la infancia que se pueden cristalizar en forma de un trauma son:

  • Rechazo familiar o en el colegio.
  • Abuso y maltrato físico o verbal en el hogar o en el colegio.
  • Abuso sexual.
  • Humillaciones y vejaciones.
  • Negligencia parental.
  • Conflictos familiares.
  • Familiares con drogodependencias.
  • Pobreza y exclusión social.
  • Situaciones estresantes y sensación de inseguridad en la niñez.
  • Separaciones o divorcios que no respetan las necesidades de los niños.
  • Fallecimientos repentinos.
  • Duelos patológicos.
  • Desastres naturales y catástrofes (p. ej., atentados terroristas, guerras...).
Características del trauma infantil

Señales del trauma infantil

Como decíamos, es posible haber vivido un trauma y no saberlo del todo. Se puede haber experimentado un acontecimiento traumático en la niñez que nos haya dejado una profunda huella y que se manifieste en la adultez, pero que no seamos conscientes del mismo.

Puede ocurrir que la mala gestión de la frustración, los ataques de ira, la falta de autoestima y otras situaciones desadaptativas estén relacionadas con haber vivido una experiencia traumática infantil.

Algunas de las señales y síntomas que se relacionan con haber experimentado un trauma infantil son:

  • Ira, irritabilidad y cambios de humor.
  • Estados depresivos.
  • Baja autoestima o autoconcepto dañado.
  • Ansiedad, angustia, ataques de pánico.
  • Fobias o miedos irracionales.
  • Desbordamiento emocional o evitación ante un conflicto.
  • Timidez extrema que dificulte la interacción social.
  • Problemas a la hora de vivir la sexualidad (desde conductas impulsivas o de riesgo hasta rechazo absoluto del sexo).
  • Somatizaciones: manifestaciones físicas del trauma, muchas veces relacionadas con enfermedades.
  • Ideas distorsionadas sobre el mundo y sobre uno mismo.
  • Alteraciones del sueño, como pesadillas o insomnio.
  • Trastornos de la Conducta Alimentaria (falta de apetito, anorexia, bulimia, atracones…).
  • Problemas de memoria y concentración (muy relacionado con actitudes de disociación ante el dolor de un trauma al que uno no se siente capaz de enfrentarse).

Todas estas señales son indicativas de que trauma infantil; no obstante, es interesante entrar en mayor detalle sobre algunas de ellas que sirven como características definitorias de quienes padecen este tipo de experiencias.

Como hemos comentado antes, son muchas las situaciones que pueden vivirse como traumáticas, pero todas ellas traen consigo unos mismos patrones conductuales y relacionales en el sujeto que los ha vivido, características las cuales exploramos en más detalle a continuación.

1. Inhibición y retraimiento

El retraimiento y la inhibición son rasgos muy asociados a personas cuya infancia ha sido difícil. Invisibilizan sus emociones y pensamientos, no los muestran a los demás por miedo a que ello sea usado como arma en su contra. A las personas retraídas les cuesta revelar su mundo interior, no se atreven a expresar lo que piensan de verdad o hacer lo que desean. Y además tienen miedo a los demás.

No debemos confundir esto con la introversión. Hay personas que son introvertidas y que por ese motivo no son muy adeptas a las situaciones sociales. No obstante, esto no quiere decir que tengan miedo a decir en voz alta lo que piensan o sienten. Que no se codeen con los demás no significa que no actúen con autonomía o no digan la suya cuando haga falta.

En cambio, cuando hay traumas de infancia que todavía no se han superado, la persona tiene el expreso deseo de pasar desapercibida, de no llamar la atención por miedo a que pueda ser atacada. Teme a volver a experimentar una experiencia que le cause otro nuevo trauma.

2. Mal humor y frustración

La ira es de las emociones más sentidas por quienes todavía no han manejado sus experiencias traumáticas infantiles. No es que sean personas violentas, pero sí están enfadadas con el mundo, un mundo visto como cruel y hostil. Esto les hace también ser poco tolerantes a la frustración y se muestran ante los demás de forma muy agresiva. Da la sensación como si estuvieran a punto de explotar.

Su ira también se expresa en forma de inconstancia y frustración. Pierden la paciencia para ciertas cosas, empezando cosas que, al poco, se cansan, pierden el interés o se enfadan porque no está yendo como querían. Como consecuencia de ello su rendimiento académico y laboral puede verse implicado, además de no desempeñarse bien en los equipos de trabajo.

3. Problemas de autoestima

Las personas que no han superado sus traumas infantiles suelen presentar una muy baja autoestima, algo evidente en forma de una infravaloración muy exagerada de sí mismas. Se sienten muy por debajo de los demás y tienen una muy pobre opinión sobre sí mismos. Esto hace que rechacen a menudo los halagos que les hacen los demás e, incluso, los perciban como ataques, como comentarios sarcásticos o burlas.

En su mente resuena el comentario de que no valen y de que si alguien les dice que sí, entonces está mintiendo. Por este motivo no terminan de confiar en los refuerzos emocionales, en las palabras de admiración. Para ellos es un engaño pues no pueden entender que alguien tenga un concepto positivo de ellos, partiendo del hecho de que ellas mismas se detestan.

4. Aparente sobrevaloración de sí mismos

También sucede que las personas que han vivido un trauma infantil tienen una valoración excesiva de sí mismas, considerándose superiores ante los demás. En realidad, esto es pura fachada. Es un mecanismo de defensa para compensar la pobre opinión que tienen de sí mismas y para gestionar, usando mecanismos patológicos, el abuso o el daño que recibieron en su niñez.

5. Disculparse constantemente

Relacionado con los puntos anteriores, las personas que han padecido traumas infantiles todavía sin superar sienten que no valen ni sus opiniones ni ellas mismas. Es por este motivo que, con temor a hacer o decir algo que esté muy mal, pensando que pueden molestar sin querer a los demás, se disculpan frecuentemente. Se disculpan cuando van a hablar, como si no tuvieran derecho a expresar su opinión, o cuando tienen que irse a algún sitio. Se disculpan por todo.

Esto es una característica muy destacable de las personas con traumas de la infancia, muestra de haber recibido una crianza muy restrictiva. Sus padres tendían a humillarlos y mostrarles pocas expresiones de afecto. Esto hace que los perjudicados sientan que tienen que pedir perdón por cualquier acción que les dé presencia en el mundo.

6. Huir o vivir del conflicto

La mayoría de las infancias traumáticas se han desarrollado en familias altamente conflictivas. Su niñez estuvo marcada por los desacuerdos y agresiones, físicas y verbales, de sus madres o hacia él o ella. Cualquier palabra o acto podían desencadenar problemas, castigos, recriminaciones o, incluso, humillaciones, humillaciones vividas de forma especialmente dolorosa. Es por este motivo que las personas con este tipo de infancias pueden crecer con miedo o con fijación por el conflicto.

Quienes temen al conflicto van a huir de él constantemente. De hecho, pueden llegar al extremo de tener que pasar por encima de sus propias convicciones con tal de evitar una contradicción. En cambio, quienes se sienten atraídos por él lo que hacen es convertir cualquier aspecto de su vida en uno, convirtiendo los desacuerdos más inocentes en auténticas batallas dialógicas.

La importancia de la psicoterapia

Los traumas de la infancia no se van a resolver por sí solos. Son muy pocas las veces que desaparecen como por arte de magia. Es necesario trabajar con ellos, aprender a manejarlos y gestionar las emociones que nos producen pues, de no hacerlo, acabarán invadiendo nuestra personalidad, afectándonos en todos los aspectos de la vida. No se puede ser feliz ni tener bienestar emocional si el pasado se revive una y otra vez en nuestra mente y nos hiere desde dentro de nosotros.

La psicoterapia es fundamental para adquirir una mejor vida, y las personas que padecen traumas infantiles son el mejor ejemplo de ello. Solo quienes se atreven a dar el paso de visitar a un psicólogo y rebuscar entre las profundidades de su infancia traumática para hacerle frente a sus demonios personales consiguen mejorar en la vida.

  • Greenwald, R. (2005). Child Trauma Handbook: A Guide for Helping Trauma-Exposed Children and Adolescents (1st ed.). Routledge.
  • Mundorf, Elisabeth & Paivio, Sandra. (2011). Narrative quality and disturbance pre- and post-emotion-focused therapy for child abuse trauma. Journal of traumatic stress. 24. 643 - 650.
  • Zlotnick, C., Johnson, J., Kohn, R., Vicente, B., Rioseco, P., & Saldivia, S. (2008). Childhood trauma, trauma in adulthood, and psychiatric diagnoses: results from a community sample. Comprehensive psychiatry, 49(2): pp. 163 169.

Graduado en Psicología con mención en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Postgrado de Actualización de Psicopatología Clínica en la UB.

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