Hay una tendencia que muchos compartimos y que pocas veces cuestionamos: la de mirar casi siempre hacia lo que falta… Lo que todavía no logramos. Lo que queremos mejorar… Lo que los demás tienen y nosotros aún no… Lo que podríamos hacer mejor si tan solo nos esforzáramos un poco más.
Es una mirada que, aunque a veces nos impulsa, también puede volverse agotadora Porque cuando el foco está siempre puesto en la brecha (en la distancia donde estamos y donde querríamos estar) se hace muy difícil reconocer desde dónde estamos parados.
Y ese “desde dónde” importa más de lo que creemos.
El ruido de la autoexigencia
La cultura del rendimiento nos enseñó a celebrar muy poco y a exigirnos mucho. A seguir adelante sin parar, a no conformarse, a que el mérito se demuestra empujando más.
Y así, sin darnos cuenta, aprendemos a saltarnos algo fundamental: el reconocimiento de lo que ya hemos hecho. De lo que ya somos. De los recursos que llevamos dentro, muchas veces sin haberlos nombrado ni una sola vez.
No es que seamos ingratos… Es que nadie nos enseñó a mirar en esa dirección.
La voz interna que dice “podrías haber hecho más” suena mucho más fuerte que la que dice “lo hiciste bien”. Y cuando esa voz se vuelve el fondo constante de nuestros días, empezamos a vivir desde una sensación de déficit permanente. Como si nunca fuera suficiente… Como si nunca nosotros fuéramos suficientes.
- Artículo relacionado: "Cómo la autoexigencia afecta tu salud mental"
¿Qué son realmente los recursos propios?
Cuando hablo de recursos, no me refiero solo a habilidades técnicas o logros concretos. Me refiero a algo más amplio y más íntimo… Los recursos son todo aquello que te ha permitido llegar hasta donde estás:
- La forma que tienes de levantarte cuando algo no sale bien
- La manera que sostienes tus relaciones aún en momentos difíciles
- La creatividad con la que resuelves problemas, aunque nadie te lo haya pedido
- La resistencia silenciosa con la que has atravesado épocas complejas
- La voluntad de seguir intentándolo, incluso cuando estás cansado Esos son recursos… Y están ahí… Aunque no los hayas mirado últimamente.
El problema de no reconocerlos
Cuando no reconocemos nuestros propios recursos, ocurre algo curioso: empezamos a buscar afuera lo que ya tenemos adentro.
Buscamos validación externa para sentir que lo que hacemos vale. Esperamos que otros nos digamos qu estamos bien para poder creérnoslo. Nos comparamos constantemente, porque no tenemos un punto de referencia propio desde el cual evaluarnos.
Y eso no es necesariamente falta de confianza… Es, muchas veces, falta de hábito. El hábito de mirarse con la misma atención con que solemos mirar lo que falta. Nadie nos enseñó a hacer eso… Pero se puede aprender
Cómo empezar a mirar tus propios recursos
No hace falta un ejercicio complicado. A veces basta con una pregunta honesta y un momento de pausa real.
Algunas formas concretas de empezar:
- Pregúntate qué te ha permitido llegar hasta acá. No para hacer un currículum, sino para reconocer con genuina curiosidad qué hay en ti que ha funcionado.
- Recuerda una dificultad que ya superaste. ¿Qué dice de ti la forma en que la atravesaste? Eso también es un recurso
- Anota tres cosas que hiciste bien esta semana. Pueden ser pequeñas. Lo importante es el gesto de mirarlas.
- Pregúntale a alguien de confianza qué valora en ti. A veces otros ven con más claridad lo que nosotros no logramos reconocer.
- Cuando termines algo difícil, detente un momento antes de seguir. Solo un momento para decirte: lo hice!
Estas acciones no buscan resultados perfectos. Buscan abrir un espacio que solemos mantener cerrado.
Premiarse también es parte del camino
Reconocer el propio esfuerzo no es arrogancia… No es conformismo ni excusa para dejar de crecer… Es simplemente justicia con uno mismo.
Cuando seguimos adelante a pesar del cansancio, eso merece ser visto. Cuando tomamos una decisión difícil y la sostenemos, eso merece ser reconocido. Cuando nos levantamos después de un tropiezo, eso dice algo muy valioso sobre quiénes somos.
Premiarse es decirse: esto que hice importa… YO importo
Y desde ese lugar (no desde la carencia, sino desde el reconocimiento) es mucho más fácil seguir creciendo. Porque crecer desde la suficiencia tiene una energía completamente diferente a crecer desde el miedo a no ser suficiente.

Andrés Donoso Muñoz
Andrés Donoso Muñoz
Psicólogo Clínico | Coach Estratégico
No se trata de ignorar lo que queremos mejorar. Se trata de recordar que esa mejora parte de una base real: de todo lo que ya eres y ya tienes… Y esa base, muchas veces, es más sólida de lo que creemos
¿Cuándo fue la última vez que te detuviste a reconocer genuinamente lo que has logrado? ¿Hay algún recurso tuyo que todavía no le has dado el valor que merece?


Newsletter PyM
La pasión por la psicología también en tu email
Únete y recibe artículos y contenidos exclusivos
Suscribiéndote aceptas la política de privacidad
















