El dragón, el caballero y la doncella en el folklore universal: el origen de las leyendas

Un repaso a las diversas leyendas que hablan del combate con el dragón y el rescate de la doncella.

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San Jorge y el dragón es una leyenda de sobras conocida y que se conmemora en numerosos países que tienen al santo caballero como patrón. Cataluña, Aragón, Inglaterra, Georgia, Rusia, Grecia y un largo etcétera son ejemplos famosos de lugares que tienen a la cruz roja de San Jorge como emblema.

Obviamente, la historia del combate entre el caballero y el dragón y el rescate de la doncella es una leyenda, que se espoleó a partir del siglo XIII mediante La leyenda áurea de Santiago de la Vorágine (1228-1298). El relato del caballero medieval que acude presto a luchar contra el monstruo para salvar a la princesa y a su pueblo era muy del gusto de las gentes de la Edad Media, y en parte se entiende de esta forma el éxito que tuvo en todo Occidente.

Pero ¿acaso San Jorge y el dragón es la única leyenda que habla de un combate mítico entre un soldado y una bestia? No, no lo es. A lo largo de la historia y a través de las diferentes culturas encontramos leyendas parecidas. Si te interesa, puedes acompañarnos. En el artículo de hoy, hablamos del dragón y el caballero en el folklore universal.

San Jorge y el dragón, San Miguel luchando contra la Bestia, el intrépido Sigfrido de la mitología germana que vence al dragón Fafnir y rescata a la bella valkiria Brunilda; Perseo, el héroe griego que salva a Andrómeda de las garras del monstruo… Todas y cada una de estas leyendas son variantes de la misma historia: la del héroe que se enfrenta a un ser amenazante y se alza victorioso sobre este. En general, estas leyendas que forman parte del folklore occidental presentan al dragón como símbolo del mal, algo muy distinto a lo que sucede en Oriente, como veremos a continuación.

El dragón: ¿un ser maligno o sabio?

Pues dependerá de hacia dónde dirijamos nuestra mirada. Porque si la fijamos en Occidente, encontraremos que el dragón, o el monstruo (así, como ente abstracto), simboliza el Mal con mayúsculas, la oscuridad que es necesario destruir para poder recuperar el orden y el equilibrio cósmico.

El dragón en Occidente

Encontramos reminiscencias de esta eterna lucha de orden versus caos en innumerables mitologías. En Egipto, el caos está personificado por Seth, el malvado hermano de Osiris (y su asesino), que deberá luchar contra el hijo de este, Horus el Halcón, símbolo del orden universal. Más tarde, la mitología griega estará plagada de héroes que deben enfrentarse a monstruos temibles para rescatar a un pueblo, cumplir una misión o expiar alguna culpa. El sentido es, en realidad, el mismo: devolver el orden y la luz a las tinieblas. Y ello, por supuesto, requiere de un combate arduo del que solo los héroes pueden salir airosos.

Ya en la era cristiana, el dragón/monstruo pasó a significar el Mal con plena acepción religiosa. En el Apocalipsis de San Juan se habla del demonio como “el gran dragón”; de ahí que San Miguel Arcángel deba combatir contra él (por cierto, ataviado como un auténtico caballero medieval) para restituir el Bien en el mundo. Se trata, como vemos, de una batalla cósmica, de un choque apocalíptico entre las fuerzas del mal (Satanás) y las del bien (Dios), que no dista mucho del sentido del mito en las leyendas antiguas.

El dragón en la cultura oriental

Si vamos a Oriente, encontramos algo muy distinto. Y es que, en las culturas china y japonesa en especial, el dragón ha simbolizado siempre a las fuerzas benévolas de la naturaleza. En la mitología oriental, la criatura es, pues, una personificación de la sabiduría primitiva de la creación, a la que los humanos dirigen plegarias para conseguir riqueza y plenitud en sus vidas.

En la antiquísima cultura Hongshan de China, datada de hace nada menos que unos 9.000 años, existían amuletos de jade que reproducían figuras de dragones. Se suponía que la tenencia de estos objetos deportaba suerte al interesado. Los dragones orientales son, pues, grandes protectores y guardianes, aunque podemos encontrar también reminiscencias de este carácter guardián en algunas leyendas occidentales como la de Sigfrido y el dragón. La criatura era el custodio de un valioso tesoro y, además, quien se bañara en su sangre (como hizo Sigfrido tras darle muerte) accedería a una inmunidad sobrenatural.

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Algunas leyendas occidentales relacionadas con el héroe y el dragón

En definitiva, el folklore universal del dragón ha oscilado entre la concepción de protección y sabiduría que imbuye a las leyendas orientales y la idea del dragón como ser maligno al que es necesario destruir, concepto mucho más extendido en el mundo occidental, especialmente tras la llegada del cristianismo. A continuación, vamos a detenernos en algunas de estas leyendas occidentales para comprobar los lugares comunes que comparten.

1. San Jorge, el dragón y la doncella

Se trata tal vez de la leyenda más conocida al respecto. San Jorge es el patrón de numerosos lugares, y en todos ellos se narra la leyenda, surgida en la Edad Media, del caballero cristiano que lucha contra un temible dragón que asola a todo un reino. El noble caballero no solo salva a las pobres gentes de ser devoradas por el monstruo, sino que rescata a la mismísima hija de su rey, destinada a ser la próxima víctima.

San Jorge es un santo que fue eliminado del santoral católico por la inverosimilitud de su leyenda. Sin embargo, actualmente la Iglesia acepta la devoción a su figura como símbolo de fe. En realidad, parece ser que el verdadero Jorge (o Giorgios) fue un soldado romano cristiano originario de la Capadocia, en Turquía. En la historia “real” de su martirio no encontramos ningún dragón ni ninguna princesa; simplemente se cuenta que Jorge, horrorizado ante la matanza de cristianos llevada a cabo por Diocleciano, intentó pactar con el emperador. El resultado fue que Diocleciano lo mandó torturar y asesinar.

Como ya hemos apuntado en la introducción, la historia del San Jorge, el dragón y la princesa surgió en el siglo XIII, impulsada por Santiago de la Vorágine y su Leyenda áurea, y pronto se extendió por toda Europa. Recordemos que los siglos XII y XIII son los siglos de las novelas de caballería y de los poemas épicos, por lo que entendemos la causa del éxito de la historia. En cualquier caso, la esencia del relato es el mismo que el de las leyendas anteriores: el héroe que debe depurar su alma para acercarse a Dios y, para ello, debe vencer al monstruo (el pecado en la cultura cristiana) y salvar así su alma (la doncella).

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2. Perseo y Andrómeda

Hagamos un salto hacia atrás en el tiempo y viajemos a la Antigua Grecia y a su maravillosa mitología. En ella encontramos la deliciosa historia de Perseo, el héroe griego hijo de la mortal Dánae y el dios Zeus. Es bastante común en el folklore griego antiguo que los héroes sean mitad mortales mitad divinos, lo que haría comprensible su fuerza y su valentía. Algo parecido, por otro lado, a la santidad de Jorge, que lo eleva por encima de los demás seres humanos.

Perseo es especialmente famoso por haber decapitado a la temible Gorgona (otro claro ejemplo de lucha entre héroe y monstruo), pero en este caso nos interesa especialmente su combate contra la bestia marina para salvar a la princesa etíope Andrómeda. Cuenta el mito que Perseo montaba sobre Pegaso cuando, al pasar por las costas de África, vio cómo una hermosísima mujer había sido atada a unas rocas y abandonada a la muerte. A sus pies, un horrible monstruo del mar estaba dispuesto a devorarla. Por supuesto, el héroe se valió de su fuerza y de sus armas mágicas (entre ellas, la cabeza de la Gorgona Medusa) para aniquilar al monstruo, salvar a la doncella y desposarse con ella.

3. Sigfrido, el dragón Fafnir y la valkiria Brunilda

Sigfrido o Sigurd es uno de los grandes héroes de la mitología germánica. Como héroe, está en su destino matar a un monstruo, que en este caso es el dragón Fafnir, el protector del tesoro de los Nibelungos. Aquí encontramos, pues, dos aspectos del mito: primero, la idea occidental del monstruo como ser al que es necesario matar; segundo, el concepto mucho más oriental del dragón como guardián de algo sumamente valioso.

Sigfrido mata, pues, a Fafnir, y posteriormente se baña en su sangre y se vuelve inmune a todos los males del mundo. En algunas versiones, Sigfrido/Sigurd se vuelve inmortal. En cualquier caso, encontramos aquí la idea del dragón como ser mágico, cuya naturaleza sobrenatural puede traer beneficios impensables a los humanos. También existe una conexión entre esta sangre mágica de Fafnir con la sangre del dragón de San Jorge, de la que, según algunas versiones de la leyenda, surge una hermosa rosa encarnada.

La valkiria Brunilda es rescatada por Sigfrido, aunque no en el episodio del dragón. Sin embargo, existe una evidente relación entre la hermosa doncella dormida y el caballero que debe salvarla de su sueño con las leyendas de la doncella salvada de las garras del monstruo. El elemento común es el vínculo alma-doncella; en los mitos del rescate del dragón, el caballero debe salvarla del mal, mientras que en el caso de la joven durmiente (con un evidente reflejo en el cuento de Perrault) el alma debe despertar a la luz.

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4. Roger y Angélica

Existe una hermosa pintura sobre este tema, realizada por el genial Jean-Auguste-Dominique Ingres (1780-1867), en el que vemos a una muchacha desnuda atada a unas rocas y un escalofriante monstruo marino que está dispuesto a devorarla. En el margen izquierdo aparece Roger, montando una especie de hipogrifo, que clava certeramente su larguísima lanza en el hocico de la bestia.

La historia se narra en el famoso poema Orlando furioso, compuesto en el siglo XVI por Ludovico Ariosto (1474-1533). Es evidente la inspiración en el mito de Perseo, así como en todas las historias que narran el salvamento de una doncella de las garras de un monstruo. En el caso de la historia de Roger, el Orlando cuenta cómo Angélica (de nombre más que adecuado) es raptada y abandonada desnuda en la Isla de las Lágrimas, como sacrificio humano a la bestia del mar.

Roger es un caballero cristiano (relacionado con el ciclo de leyendas de Carlomagno) que, al ver a la joven a punto de morir, no duda en lanzarse en su ayuda. De nuevo, el héroe vence al Mal en la forma de un monstruo-dragón y salva así la pureza del alma (la doncella), que, en este caso, muestra su desnudez como evidencia final de su inocencia. Recordemos que, en la época en que el Orlando fue escrito, la desnudez humana todavía era símbolo de pureza y virtud. Fue más tarde, con los cambios producidos, en parte, por la Reforma protestante, que el cuerpo desnudo empezó a verse como algo pecaminoso, símbolo del vicio y del pecado.

  • ARIOSTO, L. (2017), Orlando furioso, ed. Austral
  • COHEN, D. (1989), The encyclopedia of monsters, Michael O’Mara Books Limited
  • GRIMAL, P. (2003), Diccionario de mitología griega y romana, ed. Paidós
  • DE PATMOS, J. (2018), Apocalipsis, ed. Abad
  • DE LA VORÁGINE, S. (2014), La leyenda dorada, Alianza Editorial
  • VV.AA., El dragón chino: mitos y leyendas, artículo de Instituto Confucio, Universitat de València, enero de 2017

Periodista

Licenciada en Humanidades y Periodismo por la Universitat Internacional de Catalunya y estudiante de especialización en Cultura e Historia Medieval. Autora de numerosos relatos cortos, artículos sobre historia y arte y de una novela histórica.

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