Te cuesta reconocerlo, pero el silencio te incomoda. Cuando no hay mensajes, series o notificaciones, aparece una sensación rara, como si faltara algo. Entonces tomas el smartphone casi por reflejo. Revisas redes, noticias, cualquier cosa. No siempre disfrutas lo que ves, pero sigues.
Y, no, no es que no tengas fuerza de voluntad; es que el aburrimiento pesa más de lo que imaginas y puede empujarte hacia una relación poco sana con tu teléfono.
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El smartphone en tu vida: ese gesto automático que haces sin pensar
El teléfono ya no es solo una herramienta. Es agenda, entretenimiento, contacto social y distracción instantánea. Lo tienes al alcance todo el tiempo, así que cualquier pausa se convierte en una invitación a desbloquear la pantalla.
Piensa en esto: terminas una tarea y, antes de empezar la siguiente, tomas el smartphone. Haces fila. Lo tomas. Te sientas a comer a solas. Lo tomas. Ese gesto se vuelve automático porque el aburrimiento funciona como una señal de “cambiar de actividad” apenas deja de ser interesante.
El problema es que ahora la alternativa siempre está en tu bolsillo. El acceso inmediato a redes sociales, videos o juegos reduce tu tolerancia a cualquier momento sin estímulos. Y, ojo, no necesitas sentir un gran vacío para que esto ocurra. Basta una leve sensación de tedio para que tu cerebro busque recompensa rápida.
Con el tiempo, el hábito se consolida. No decides usar el smartphone; lo haces casi sin darte cuenta. Y esa automatización es parte del riesgo.
¿Qué dicen los estudios sobre el aburrimiento y el uso problemático del smartphone?
En los últimos años, varias revisiones científicas han analizado esta relación. Los resultados apuntan en una dirección similar: cuanto mayor es la propensión al aburrimiento, mayor es el riesgo de desarrollar un uso problemático del smartphone.
El aburrimiento como rasgo, no solo como momento puntual
No todas las personas se aburren con la misma facilidad. La investigación distingue entre el aburrimiento como estado momentáneo y el aburrimiento como rasgo relativamente estable de la personalidad. Cuando se analiza este rasgo, la asociación con conductas digitales problemáticas suele ser más consistente.
Un metaanálisis publicado en 2023 en Computers in Human Behavior Reports encontró una asociación de magnitud moderada entre la propensión al aburrimiento y el uso problemático del smartphone o de redes sociales.
En cambio, cuando se analiza el uso general, sin indicadores de pérdida de control o interferencia en la vida diaria, la relación es mucho más débil. Esto sugiere que el aburrimiento no explica cualquier uso digital, sino especialmente aquel que se vuelve disfuncional.
El aburrimiento como posible mediador emocional
Otra revisión publicada en 2025 en Brain Sciences, liderada por investigadores de Italia y España, plantea que el aburrimiento podría actuar como un mediador entre ciertas vulnerabilidades psicológicas y el uso excesivo del smartphone. Es decir, no sería solo un antecedente aislado, sino un mecanismo que conecta malestar interno con conductas digitales repetitivas.
Por ejemplo, algunas personas con dificultades para identificar o regular sus emociones pueden recurrir al smartphone como una vía rápida para distraerse o aliviar sensaciones incómodas. En ese sentido, el dispositivo funciona como herramienta de regulación emocional. El problema es que el alivio suele ser breve, lo que favorece la repetición del comportamiento.
Un ciclo que puede retroalimentarse
Diversos estudios describen un posible ciclo: el aburrimiento impulsa a usar el smartphone con mayor intensidad, pero ese uso constante puede reducir la tolerancia a actividades menos estimulantes. Como resultado, aumenta la sensación de aburrimiento y se refuerza la tendencia a volver al teléfono.
Una investigación publicada en Psychological Reports encontró que, incluso controlando variables como la soledad, el aburrimiento seguía siendo un predictor estadístico del uso problemático de redes sociales. Además, distintos trabajos señalan que los sistemas de recompensas rápidas, como notificaciones o “likes”, pueden reforzar este patrón de uso.
Eso sí, muchos de estos estudios son correlacionales y se basan en muestras específicas, como estudiantes universitarios. Por tanto, no permiten afirmar una relación causal directa en todos los casos. Aun así, la consistencia de los hallazgos en diferentes contextos es bastante relevante.
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Consecuencias de la adicción al smartphone
Cuando el aburrimiento te lleva a usar el smartphone de forma compulsiva, las consecuencias pueden extenderse a varias áreas de tu vida. Algunas de las más frecuentes son:
- Dificultad para mantener la atención en tareas largas o que requieren esfuerzo.
- Sensación constante de inquietud cuando no tienes el teléfono cerca.
- Problemas de sueño debido al uso nocturno.
- Reducción del disfrute en actividades fuera del teléfono.
- Comparación social frecuente que afecta tu autoestima.
- Postergación de responsabilidades académicas o laborales.
- Conflictos en relaciones personales por falta de atención.
- Aumento de la ansiedad cuando no hay conexión o batería.
No todas las personas experimentan todo esto, pero el patrón suele incluir pérdida de control y malestar asociado al uso.
Recomendaciones para equilibrar tu vida digital
Si reconoces que el aburrimiento te empuja al teléfono, puedes trabajar en esa relación. Y no es necesario que lances el teléfono por la ventana, pero sí es necesario que fortalezcas tu capacidad de estar contigo sin recurrir siempre a la pantalla.
1. Aprende a tolerar el aburrimiento
Puede sonar extraño, pero conviene practicar pequeños momentos sin estímulos. Esperar sin sacar el smartphone, caminar sin auriculares, sentarte cinco minutos sin revisar nada. Así entrenas tu sistema atencional y reduces la urgencia de buscar gratificación inmediata.
2. Identifica qué sientes antes de desbloquear
Haz una pausa breve y pregúntate qué está pasando. ¿Es cansancio? ¿Frustración? ¿Desinterés? Poner nombre a la emoción reduce la impulsividad, porque te da más opciones que solo deslizar la pantalla.
3. Diseña tu entorno digital
Desactiva notificaciones innecesarias, mueve aplicaciones adictivas fuera de la pantalla principal y establece horarios específicos para revisar redes. El entorno influye mucho más de lo que crees en tu conducta diaria.
4. Recupera actividades con sentido
El aburrimiento aumenta cuando sientes que tu tiempo carece de significado. Busca actividades que conecten con tus valores: aprender algo nuevo, hacer ejercicio, crear, conversar sin pantallas. No necesitas llenar cada minuto, pero sí diversificar tus fuentes de satisfacción.

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5. Practica la atención plena
La evidencia sugiere que la atención plena y el control atencional funcionan como factores protectores. No necesitas sesiones largas. Basta con centrarte unos minutos en tu respiración o en una tarea concreta. Eso fortalece tu capacidad de permanecer en el presente sin huir hacia el teléfono.
El aburrimiento forma parte de la experiencia humana. El problema aparece cuando tu única respuesta ante esa sensación es el smartphone. Si empiezas a observar ese impulso con más conciencia, podrás elegir con mayor libertad cuándo usar tu smartphone y cuándo dejarlo a un lado. Eso ya cambia bastante la forma en que vives tus pausas diarias.


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