En la sociedad en la que vivimos, es habitual ver cómo se ensalza constantemente la perfección en todas sus formas.

El mundo occidental es competitivo y globalizado, por lo que estamos sometidos a un bombardeo constante de noticias, imágenes y vídeos en los que se muestran casos extremos de personas que destacan positivamente en algo: los deportistas más hábiles, los artistas con mayor capacidad de resultar rompedores, los emprendedores más exitosos, los influencers más carismáticos... Y por supuesto, las celebridades más atractivas y jóvenes.

Quizás por eso, en nuestra cultura el hecho de conformarse con vivir bien sin destacar especialmente en nada es algo que muchas veces es visto con malos ojos: se habla de mediocridad, de conformismo... Para una parte importante de la población, aunque resulte una paradoja, lo normal parece ser intentar no formar parte de la normalidad, esforzarse por tender a la perfección. Por eso, en esta ocasión hablaremos con la psicóloga Karemi Rodríguez Batista sobre los problemas vinculados al perfeccionismo.

Entrevista a Karemi Rodríguez Batista: cuando el perfeccionismo es un problema

Karemi Rodríguez Batista es Psicóloga General Sanitaria especializada en terapias contextuales; además, es creadora de la web PsicoK, en la que lleva años realizando divulgación sobre temas relacionados con la Psicología y la salud mental. En la actualidad ofrece terapia presencial en su consulta de Madrid, así como terapia online. En esta entrevista hablaremos con ella acerca de los problemas que a menudo se derivan de una mala gestión del perfeccionismo.

Por tu experiencia como psicóloga, ¿cuáles son las áreas de la vida en las que te has fijado que las personas que atienden a terapia tienden a ser demasiado perfeccionistas?

PsicoK

Primeramente me gustaría matizar que hay tipos y niveles. Por un lado, un perfeccionismo sano o más eficaz guiaría nuestro comportamiento a hacer las cosas lo mejor posible de forma comprometida, tomando el error como oportunidad de aprendizaje y de forma compasiva.

Por el otro lado está el perfeccionismo no sano o ineficaz, que se da cuando los logros se ven como el termómetro de nuestra valía como personas y por tanto con un pánico a cualquier error o forma de desaprobación, así como una excesiva autocrítica, exigencia y necesidad de control no sólo hacia nosotros mismos sino también hacia los demás, lo que nos lleva a patrones de comportamiento rígidos evitativos y compulsivos, con una sensación permanente de no ser suficiente.

En realidad este fenómeno puede tocar cualquier área. En mi experiencia las he visto en todas: la personal, relacional, académica, laboral, familiar, e incluso en la salud. Esto depende mucho de la historia de aprendizaje de la persona.

Teniendo en cuenta que muchas veces la ansiedad aparece como una reacción al miedo a fracasar... ¿puede considerarse esto una forma de perfeccionismo problemático?

Efectivamente, esta es una característica fundamental que te mencionaba, y ya no tanto la ansiedad o el miedo sino lo que hacemos con él.

Si, por ejemplo, reaccionamos comprobando excesivamente algo, buscando reaseguro constante, procrastinando y/o evitando situaciones o personas importantes para nosotros por ese miedo, lo que hacemos es que a corto plazo nos “tranquilizamos”, evitamos la probable evaluación desfavorable de la otra persona, pero a mediano y largo plazo lo estamos alimentando más, y la ansiedad disfuncional tenderá a aumentar tanto en su frecuencia como en la intensidad y duración, así como a generalizarse a otras situaciones. Y sobre todo, en este proceso nos estaremos cargando oportunidades y valores importantes para nosotros.

¿Consideras que la tendencia a fantasear con la perfección puede llegar a ser un hábito poco recomendable? Quizás las personas que obtienen mejores y más destacables resultados son aquellas que en cada paso se van centrando en metas concretas y realizables a corto plazo, para ir progresando sin prisa pero sin pausa.

Totalmente. A ver, fantasear en sí es hasta natural, pero si lo hacemos de forma excesiva, y utilizando esto como una estrategia de control o gestión de nuestro malestar y de forma muy recurrente, ahí si tenemos que estar alertas porque puede volverse un problema y nos desconectamos de comportamientos más valiosos y eficaces, como bien dices.

Los mejores resultados en mi opinión y experiencia se dan así, teniendo una dirección, metas bien cimentadas en valores y un “plan de acción”. Hay una buena técnica que tiene que ver con lo que me dices, la SMART (por sus siglas en inglés) que traducido pautaría que nuestros objetivos fuesen establecidos siendo bien específicos, medibles, alcanzables, relevantes y con acotamiento temporal.

Ahora, una cuestión relevante en cuanto a las metas desde el perfeccionismo, alimentada por nuestra sociedad, es esto de “el que quiere, puede” y “si te esfuerzas lo suficiente, lo consigues” y es una gran mentira, y una gran fuente de sufrimiento. A ver, que no, que no es tan sencillito.

Estamos en un mundo interactuando con personas y contingencias en general no controlables por nosotros; por esta razón, es mejor ir comprometidos con nuestros objetivos, pero siendo conscientes de que aunque muchos de ellos los alcanzaremos, otros muchos no, o al menos no tan rápido, y por ello resulta crucial que nuestra valía no dependa de esto.

En los casos en los que el nivel de perfeccionismo llega a ser excesivo, ¿con qué tipo de psicopatologías se solapa?

Por sus características se puede solapar, y en casos derivar, en el llamado trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo según el DSM, o en el "trastorno anancástico de la personalidad “según la CIE. Además puede ser mantenedor de otras problemáticas relacionadas con la imagen corporal, la ansiedad, la depresión, los trastornos de conducta alimentaria, etc.

¿Cuáles son el tipo de pensamientos relacionados con el perfeccionismo que suelen ser utilizados como excusa para postergar la realización de tareas?

Buenísima pregunta. Hay varios, claro, pero la línea serían aquellos derivados de un estilo todo o nada (dicotómico), de control y de miedo al fracaso. Por ejemplo, el "hasta que..." es muy socorrido. "Hasta que no tenga todo perfecto, no lo mando" (y de aquí me pongo a revisar hasta la última coma), "Hasta que no tenga un doctorado, no atiendo", "Hasta que no sea me vea perfecta y me sienta lo suficientemente segura, no le hablaré (a ver tú con qué criterios estoy midiendo este “perfecta” y "suficientemente" porque igual no llego nunca) y así.

¿Qué puede hacerse en psicoterapia para transformar este deseo de hacer cosas bien en una fuente de potencial y productividad, en vez de algo que da paso a malos hábitos?

Primero matizamos esos criterios de “bien”, que vienen de nuestra historia y son muy únicos, además de estar en constante cambio.

Las terapias conductuales contextuales trabajan muy bien en esto. Muy resumidamente, desde un análisis funcional ideográfico de esas conductas problemáticas, se propone potenciar o implementar otras que a largo plazo nos lleven a una vida muchísimo más valiosa, desarrollando flexibilidad psicológica y compasión (que no indulgencia) hacia uno mismo y los demás, versus esa rigidez y esa excesiva crítica.

Teniendo en cuenta que el mercado laboral es cada vez más competitivo y exige especialización, ¿crees que puede llegar un punto en el que se ensalcen unos ideales de perfección mediante el trabajo que resultan poco saludables para la mayoría de las personas?

Si, tristemente esto ya es así, y hay que tener cuidado. Nuestra sociedad se ha venido erigiendo ya desde finales del siglo pasado en una tremendamente competitiva e individualista y esto, cómo no, se ve reflejado en nuestra conducta.

Sin embargo, tomando un poco de perspectiva, ya que algunos comportamientos relacionados con esto son la rigidez y la procrastinarían, esto se traduce en peores resultados en nuestro trabajo; desde aquí la creatividad, la satisfacción, el trabajo en equipo, la perseverancia, o la buena convivencia son complicados. Suele haber mucha frustración, y las relaciones interpersonales también se ven afectadas.

Nuestra vida se va dirigiendo más al evitar fallar que a la satisfacción vital y a ver el error o experiencias desagradables como oportunidades de aprendizaje. Alguien decía sobre el perfeccionismo, no me acuerdo quien: “Nos volvemos exitosos fracasados”, por que hagamos lo que hagamos y estemos dónde estemos nunca será suficiente”.