Aunque no seamos conscientes de ello, en el día a día tomamos una gran cantidad de decisiones cuyas consecuencias pueden llegar a afectarnos significativamente. Sin embargo, no siempre somos conscientes de esas inercias que en algunos casos nos llevan a optar por la opción equivocada. De hecho, esa tendencia a equivocarnos puede ser asumida como "lo normal", parte de nuestra personalidad.

El modo en el que nuestras inseguridades personales afectan a nuestra toma de decisiones es un ejemplo de ello. Para comprender mejor cómo se relacionan entre sí ambos fenómenos psicológicos, hemos entrevistado a la psicóloga Marta Carrasco.

Entrevista a Marta Carrasco: la inseguridad y su implicación en la toma de decisiones en la vida

Marta Elena Carrasco Solís es Psicóloga General Sanitaria, y atiende a personas de todas las edades en su consulta situada en Granada. En esta entrevista nos habla acerca del modo en el que las inseguridades personales se plasman en las decisiones que tomamos en nuestras vidas.

¿Cómo se relacionan las inseguridades personales y la baja autoestima?

Generalmente tendemos a relacionar la baja autoestima con el sentimiento de sentirnos menos o con la idea de creernos inferiores, ya sea respecto a alguna expectativa que no se termina de alcanzar, o a alguien que tomamos como referencia para compararnos.

Tal vez la expresión “no estar a la altura de” podría ser una manera de contextualizar este tipo de sentimientos en el ámbito de lo que llamamos baja autoestima o poco amor propio. Una parte del problema es que esta situación llevada al extremo es como un círculo vicioso que condiciona gran parte de la vida de las personas y es fuente de conductas patológicas y de síntomas.

No obstante, hay un aspecto de las inseguridades que estaría dentro de la normalidad (de la norma, de lo que le ocurre a la mayoría de los seres mortales) y que se relaciona con el modo en el que se ha conformado nuestra personalidad a lo largo del tiempo y de nuestra historia singular de aprendizaje.

¿Todo el mundo puede llegar a desarrollar problemas por exceso de inseguridad en áreas concretas de su vida, o se trata más bien de algo ligado a la personalidad de algunas personas, una parte de la población?

A mi modo de verlo, el exceso casi siempre trae consigo algún tipo de problemática. En la línea de lo anterior, si la inseguridad finalmente es el reflejo de otra cosa que tiene que ver con lo aprendido, cualquier persona puede desarrollar problemas importantes relacionados con las inseguridades en un momento o circunstancia concreta.

Lo que ocurre es que normalmente lo que se observa no es tanto la inseguridad sino el modo de compensar o de ocultarla, y no siempre la persona es consciente de este mecanismo. A veces, se puede funcionar muy bien en la vida y ni siquiera saber qué es lo que está tratando de ocultar, por lo que cuesta ponerle palabras. El problema es cuando una circunstancia o acontecimiento determinado hace que esto se descompense y deje de funcionar. Entonces aparecen la angustia y la ansiedad como protagonistas.

En ocasiones, esto que llamamos inseguridades tapona algo que para la persona es vivido como intolerable (aunque no tenga consciencia plena de ello). Nos podemos imaginar como una serie de vacíos, vulnerabilidades, y debilidades alrededor de los cuáles se ha ido desarrollando nuestra personalidad con sus miedos y sus vergüenzas. Este disfraz o este traje puede dejar de sernos de utilidad en algún momento.

¿Ser una persona insegura implica, entre otras cosas, obsesionarse demasiado con aquello que no sabemos antes de tomar una decisión?

En parte sí, y en parte no necesariamente. Algunas de las formas en las que se manifiesta la inseguridad tienen una relación directa con el hecho de no saber o de creer que se debería saber más sobre aquello ante lo que tenemos que tomar una decisión.

Entiendo que obsesionarse con una decisión o pensar demasiado sobre algo sin llegar a pasar al acto es una forma de evitar mostrar que no se sabe o de evitar mostrar cierta debilidad. Una dificultad a la hora de aceptar que no se puede saber todo y una fantasía un tanto ingenua de que todo podría estar bajo control. En ocasiones estas obsesiones se dilatan en el tiempo y nunca llegamos a tomar ninguna decisión lo que genera un alto grado de sufrimiento y de bloqueos en muchas personas.

¿Cómo puede influirnos la inseguridad en el ámbito profesional y laboral?

Si entendemos las inseguridades como huellas que forman parte de una historia, resulta un poco complicado separar sus efectos por ámbitos. No obstante, en función de la persona, las inseguridades cobran más importancia y se manifiestan de forma más explícita en alguno de los ámbitos de la vida. Anteriormente, por ejemplo, mencionábamos el tema del no saber y de la toma de decisiones.

En relación al ámbito profesional y laboral, tengo la sensación de que se entremezclan diferentes aspectos tanto de las relaciones sociales, como de las expectativas propias y de aquello que no sabemos y que deberíamos saber.

Aunque es un tema muy amplio con múltiples aristas, un ejemplo podría ser el de una persona que funciona y cumple con lo que requiere en su trabajo y, ante la posibilidad de ocupar un puesto de mayor responsabilidad, comienza a mostrar dificultades y debilidades. Otro ejemplo es el de una persona que no se siente capaz de alcanzar determinada posición laboral y se pone excusas que van en contra de aquello que le gustaría.

Estos son solo dos ejemplos de los muchos que se pueden observar y que podrían tener que ver con la idea de que algo está prohibido, está mal dentro de una escala de valores aprendida o está fuera de la identidad personal asumida.

¿Y cómo nos suele influir en las relaciones afectivas, tanto en el ámbito de la pareja como con amigos y familiares?

Es casi un hecho irrebatible que los humanos somos seres sociales. Por lo tanto, no es de extrañar que gran parte de estas inseguridades se manifiesten dentro del ámbito de las interacciones con otros y en nuestros círculos sociales. Sin embargo, en ocasiones aparecen en soledad bajo la forma en la que nos hablamos a nosotros mismos.

En el ámbito de las relaciones afectivas, es diferente cuando se trata de una interacción entre dos personas a una interacción de grupo en el que aparecen más actores en la escena. Depende de la persona que una una situación suponga más dificultad que la otra.

En los grupos de amistades, familiares... normalmente suele ser más complicado controlar lo que facilita que se despierten las inseguridades y los mecanismos para ocultarlas. En algunos casos, cuando esto supone un estrés difícil de gestionar, aparecen síntomas como la ansiedad social, el miedo a hablar en público, conductas agresivas, situaciones de exclusión y otros más sutiles, como las tensiones o un aparente desinterés por los vínculos sociales.

¿Es habitual que la mala gestión de la incertidumbre lleve a las personas a una situación en la que deben buscar ayuda psicoterapéutica?

No sé si existe la buena manera de gestionar la incertidumbre. Aceptar que es muy poco lo que está bajo nuestro control suele ser complicado.

Es verdad que hay situaciones complejas donde la incertidumbre puede ser especialmente angustiante, que hace que algunas personas se planteen buscar ayuda profesional. En cualquier caso, tal vez sea interesante entender por qué determinada situación genera cierto nivel de incertidumbre y no qué nos pasa cuando no sabemos o no controlamos.

Como psicóloga, ¿qué tipo de soluciones y recursos psicoterapéuticos crees que son más útiles para intervenir en estos casos?

Como todo en la vida, hay diferentes maneras de abordar la cuestión de las inseguridades en función de las singularidades personales y del enfoque terapéutico desde el que se trabaje. En mi opinión, en el trabajo terapéutico no se trata tanto de cubrir o de tapar estas vulnerabilidades ni de compensarlas con estrategias.

A veces, esto puede tener un efecto contrario y puede ocurrir que la problemática se desplace a otro lugar o a otro ámbito de la vida, o se incremente una falsa sensación de control. En este sentido, creo que es importante poder dar cabida a estos miedos e inseguridades, comenzar a desgranarlos y a ponerles palabras e ir encontrando los “pros” y los “contras” de este tipo de comportamientos.

Tener una visión más global sobre el modo de relacionarnos y las consecuencias que esto supone en el día a día, permite una distancia y la posibilidad de tomar la decisión bien de mantenerlo, o bien de adentrarse en la aventura que supone todo proceso de cambio. Quizá no se trate de cambiarlo todo y de hacer algo así como un “reset”, básicamente porque esto es una tarea imposible de partida, y se trate más de poder hacer otra cosa diferente a lo que hemos estado acostumbrados y ha sido, o sigue siendo, una fuente de conflictos, de sufrimiento y de malestar.