Una práctica inspirada por la meditación.

El Mindfulness, o Atención Plena, es un ejemplo de hasta qué punto la Psicología se puede nutrir de principios y conocimientos que ya estaban presentes en ciertas culturas mucho antes de que la ciencia como tal empezase a existir.

Esta práctica hunde sus raíces en la meditación asociada a las religiones del budismo y el hinduismo, aunque mantiene al margen los elementos religiosos vinculados a los rituales cuyo sentido está en los sistemas de creencias asociados a esa fe. Y lo hace porque su razón de ser tiene que ver con la salud y el bienestar, y no con la tradición o lo místico. Por ello, su uso cada vez cobra más popularidad en ámbitos como la Psicología o la Educación.

¿En qué consiste la Atención Plena?

Tal y como hemos visto, la Atención Plena está inspirada en una práctica vinculada a Asia; concretamente, la meditación Vipassana. Sin embargo, a diferencia de esta última, el Mindfulness ha sido concebido y diseñado como el producto de una serie de esfuerzos sistemáticos por obtener beneficios concretos y medibles objetivamente, algo que va más allá de las pretensiones de lo que históricamente ha sido la mediación.

El Mindfulness se basa en maneras de regular nuestro foco atencional y hacer que se oriente hacia el estado presente, haciendo que se tome plena consciencia del aquí y ahora. Dicho de un modo resumido, aporta el beneficio de un “reset” mental. No se trata de evadirse o huir a un plano de realidad imaginario, sino de no permitir que obsesiones o narraciones artificiosas de la realidad que arrastramos del pasado determinen cuál debe ser nuestro estado mental y emocional.

Es por ello que la Atención Plena puede ser de utilidad en varios ámbitos, dado que la gestión de los procesos atencionales es algo que afecta a nuestra manera de experimentar todo tipo de situaciones. Por ejemplo, puede utilizarse para gestionar la vivencia de ciertos eventos desagradables, o incluso en contextos educativos o de aprendizaje.

Su utilización en Psicología

En el ámbito de la intervención psicológica en el contexto de la salud, el Mindfulness se está convirtiendo en una de las herramientas con las que cuentan las clínicas y los centros de psicología, combinándola muchas veces con las terapias del paradigma cognitivo-conductual. La Terapia de Aceptación y Compromiso (TREC), concretamente, tiene en la Atención Plena uno de sus pilares más importantes.

Así pues, aunque el Mindfulness es utilizado habitualmente por especialistas en salud mental, sus principios fundamentales también pueden ser aprendidos a nivel usuario por prácticamente cualquier persona interesada en formarse en esta práctica y utilizarla en su día a día.

Para seguir aprendiendo sobre el Mindfulness

Si te interesa saber más sobre el Mindfulness, lo tienes fácil. Actualmente ya se cuenta con mucha información sobre esta práctica y sus efectos en contextos tan dispares como la educación y la salud mental, de modo que han surgido libros que aúnan tanto la información relativa a sus orígenes asiáticos en la meditación budista, como aquella extraída de investigaciones científicas y que no pertenece al ámbito de las humanidades.

En este sentido, una de las mejores maneras de iniciarse en el mundo del Mindfulness es el libro ¿Qué sabemos del Mindfulness?, escrito por Javier García Campayo y Marcelo Demarzo, dos expertos en este apasionante tema.

A través de sus páginas, ¿Qué sabemos del Mindfulness? Da un repaso tanto a los aspectos más prácticos de su aplicación, útil para practicantes, terapeutas, instructores y docentes, como la parte vinculada a la investigación científica referida a sus utilidades y efectos en quienes recurren a la Atención Plena. Al ser un libro muy completo, se presta a recurrir a él cada vez que surjan dudas puntuales acerca de alguna de las características y aplicaciones del Mindfulness.

Qué sabemos del Mindfulness

Una buena ayuda para afrontar situaciones complicadas

El Mindfulness ayuda a superar ciertos momentos que solemos asociar al estrés y a lo desagradable, pero además puede ser combinado con ciertas herramientas que han sido creadas para responder a problemas muy específicos, como las técnicas de relajación o los ejercicios de respiración controlada. Así, entrenar este repertorio de competencias puede ser muy útil para autorregular estados de consciencia y afrontar situaciones que suponen un reto.