Los creadores de ChatGPT quieren fusionar la IA con tu cerebro: así es Merge Labs

La nueva startup Merge Labs propone fusionar la inteligencia artificial con la inteligencia humana.

Los creadores de ChatGPT quieren fusionar la IA con tu cerebro: así es Merge Labs
Steve Jennings

¿ERES PSICÓLOGO/A EN ?

Destaca entre toda tu competencia profesional.

¿Buscas psicólogo? Encuentra el apoyo que mejor encaja contigo

Responde 7 preguntas rápidas y recibe recomendaciones personalizadas.

Empezar test

En diciembre del 2017, Sam Altman publicó en su blog un breve artículo titulado The Merge. Como CEO de OpenAI, que por aquel entonces apenas había cumplido dos años de existencia, ese texto ya dejaba entrever dos de las características que con el tiempo han ido definiendo a la compañía que está detrás de ChatGPT. Por un lado, la humanización de las tecnologías que solemos llamar “inteligencia artificial”. Por el otro, el lenguaje profético, casi religioso, con el que se habla acerca de la transformación social facilitada por empresas como la suya.

Y claro, si los robots adoptan cada vez mSam Altman presagiaba que lo que en Silicon Valley se esperaba que ocurriese entre el 2025 y el 2075, en realidad estaba ocurriendo yaás características humanas a la vez que los miembros de nuestra especie empiezan a pensar más a través de algoritmos, cabe preguntarse si ambas realidades llegarán a conectarse entre sí. De ahí el título: The Merge. “La fusión”. **** en forma del “attention hacking” perpetrado por las redes sociales.

Casi una década después, la revista TechCrunch ha informado de que OpenAI se ha convertido en el inversor principal de Merge Labs, una empresa que propone generar una simbiosis entre el humano y la máquina introduciendo la inteligencia artificial más puntera en el mundo de la neurotecnología. El producto final se perfila como una Brain-Computer Interface (BCI), es decir, un proceso que permite la comunicación cerebro-máquina sin intermediarios.

Pero la propuesta de Merge Labs no es como las demás, porque se han propuesto combinar la edición genética y el uso de ultrasonidos para permitir tanto la “lectura” de los procesos cerebrales con una exactitud nunca vista, como para potencialmente influir en ellos de manera remota. Y entre todo esto, también asoma la oportunidad de negocio. Para los inversores, apostar por un BCI supone acercarse a una proyección de mercado potencial máximo de 400.000 millones de dólares, según un informe de Morgan Stanley.

La filosofía transhumanista llega a la neurotecnología

Hoy ya estamos bastante acostumbrados a que las cabezas visibles de las empresas de IA hablen como gurús llegados del año 3.400. De hecho, una de las críticas que más reciben proyectos como Claude, ChatGPT o Grok es que para quienes intentan ganar dinero con ellos están incentivados para dar titulares contundentes. Incluso hablar de manera pesimista acerca del futuro que nos depara el mundo de la IA puede estar alineado con sus intereses, porque el miedo vende; nadie quiere quedarse atrás en un contexto hiper-competitivo. 

En una situación así, tiene lógica que no pocas personas adopten la mentalidad de “si no puedes con tu enemigo, únete a él”… Literalmente. Es algo que ya consideraba Altman en su artículo del 2017, porque para él, “la fusión” era el mejor de los escenarios posibles. El otro sería una competición entre dos especies que luchan por los mismos recursos, con el añadido de que las máquinas serían, por su propia razón de ser, más inteligentes que los humanos. Es el juego de “susto o muerte” llevado al extremo (y con un nivel estratosférico de gasto en robots entremedias).

A fin de cuentas, nada impide que el terror se convierta en la principal motivación a la hora de abrazar el transhumanismo, conocido por ser el movimiento filosófico que defiende la adopción masiva de tecnologías punteras para perfeccionar nuestra especie, muchas veces defendiendo la mezcla literal entre lo orgánico y lo electrónico para crear “posthumanos”. En este sentido, en Merge Labs no se esconden, ya que aseguran querer “conectar la inteligencia biológica y la artificial para maximizar la capacidad, la autonomía y la experiencia humanas”. 

La idea es, al menos en teoría, amplificar las aptitudes humanas aprovechando el potencial de la inteligencia artificial a la hora de detectar patrones en la actividad cerebral de las personas y, potencialmente, produciendo cambios a nivel neuronal según las necesidades del individuo, al ser capaz de adaptarse a las particularidades de su sistema nervioso. Y con esta premisa, el laboratorio de investigación ya se ha beneficiado de la llegada de 252 millones de dólares hace pocos meses, a través de una ronda semilla de inversores.

¿Qué propone Merge Labs?

Lo que voy a explicar ahora se basa en las publicaciones lanzadas hasta el momento por parte de una empresa con unos niveles de opacidad comprensiblemente altos, porque no olvidemos que este es un laboratorio privado que no ha salido a bolsa y que seguramente es muy vulnerable al espionaje industrial. Teniendo esto en cuenta, veamos cómo funcionaría la propuesta de Merge Labs.

El uso del ultrasonido funcional

Por un lado, tenemos la faceta más conservadora del proyecto: aquella que tiene como objetivo mejorar algo que ya lleva muchos años funcionando. A fin de cuentas, la empresa surge de una escisión de la ONG Forest Neurotech, dedicada a desarrollar Brain-Computer Interfaces no invasivos a partir del uso de ultrasonidos para medir y modular la actividad del cerebro. Digamos que la nonprofit se ha dedicado a investigar sin estar constreñida por la presión por el lucro que limita a las startups, y Merge Labs es la entidad que se encargará de comercializar lo que ya ha sido demostrado en ese contexto más “amable” de las nonprofits.

Esta parte más “clásica” del proyecto se basa en la utilización del ultrasonido funcional (fUS), el cual es usado como tecnología de neuroimagen, pero no representa los patrones de actividad eléctrica de las neuronas, sino su manera de consumir sangre. Normalmente, consiste en emitir ondas acústicas de alta precisión para medir la señal hemodinámica, es decir, la manera en la que la sangre se mueve (en este caso, a través de los vasos sanguíneos del cerebro), partiendo de la premisa de que las neuronas necesitan aumentar su consumo de glucosa y oxígeno cuando se activan más. 

Esta tecnología está lejos de ser muy novedosa, ya que es utilizada desde hace unos 15 años. Sin embargo, tiene varias limitaciones, porque el ritmo al que las neuronas consumen sangre no solo depende de su actividad (algunas células nerviosas suelen tener un consumo mayor) y, además, el cráneo contamina mucho la señal, por lo que hasta ahora era aplicado tras procedimientos quirúrgicos o aplicándolo solo en partes del cerebro más expuestas, como las sienes.

El equipo de Merge Labs ha mejorado el ultrasonido funcional aplicado a la neuroimagen aportándole un nuevo formato: en vez de ser aplicado mediante dispositivos externos, la señal puede ser emitida y leída por un pequeño transductor colocado justo debajo de la bóveda del cráneo, en el espacio epidural. Esto ayuda mucho a evitar que la señal acústica quede “contaminada” por la interferencia del hueso, por lo que el pequeño chip emite las ondas, estas rebotan contra los glóbulos rojos de la sangre, y esta información es captada por el mismo dispositivo, que transmite esta información a un ordenador capaz de crear en tiempo real un “mapa” del movimiento de la sangre en el encéfalo, con una escala de precisión de 100 o 200 micras.

La tecnología más rompedora de Merge Labs: la edición genética

La otra faceta de Merge Labs es la vanguardista. Aquella capaz de generar emociones intensas tanto en inversores como en los defensores de la regulación de la inteligencia artificial. Lo que sabemos de esto es que la empresa tiene el objetivo de usar “ultrasonido focalizado combinado con moléculas diseñadas mediante ingeniería”, algo que deja entrever una serie de experimentos realizados por el investigador Mikhail Shapiro en el laboratorio Caltech, antes de su entrada en Forest Neurotech y Merge Labs.

Este procedimiento consiste en utilizar lo que se conoce como acoustic reporter genes, los cuales fueron descubiertos en colonias de bacterias y ya han sido “injertados” en el genoma de mamíferos manteniendo su funcionalidad. ¿Y cuál es esa funcionalidad? En un primer vistazo, no parece nada impresionante: simplemente hacen que la célula que expresa esos genes empiece a producir una especie de burbujas de gas que quedan atrapadas dentro del citoplasma celular. Sin embargo, aunque por sí solas estas nanoestructuras no hagan mucho, el trabajo de Shapiro lleva a pensar que pueden ser útiles si son combinadas con el ultrasonido funcional, ya que cuando esas vesículas rellenas de gas interactúan con esas ondas acústicas, las amplifican mucho, creando una “firma acústica” que puede ser detectada fácilmente.

Pero aún falta añadirle a todo esto otra pieza, ya que si todo se quedase en esto, simplemente tendríamos una señal confirmando que en un cerebro hay algunas células nerviosas que están expresando un gen que ha sido colocado ahí de manera artificial, algo que no da información demasiado útil. La cosa cambia si estos genes quedan vinculados a secuencias del ADN llamadas promotores dependientes de la actividad neuronal, los cuales dan la señal de transcribir un gen solo si se llega a cierto umbral de activación nerviosa. Haciéndolo de esa manera, es posible medir mediante ultrasonidos cuáles son aquellas neuronas que han estado activándose más, ya que estas tendrán una cantidad mayor de vesículas de gas acumuladas amplificando la señal. 

Por supuesto, esta tecnología también tiene limitaciones. La más clara es la diferencia que hay en la escala temporal. Lo que quiere conocerse es, sobre todo, cómo se activan y se desactivan las neuronas del cerebro, algo que ocurre en cuestión de milisegundos; sin embargo, la expresión de genes ocurre en la escala de los minutos. Quizás la IA sea capaz de eliminar esta brecha de incertidumbre para analizar los patrones de actividad cerebral de cada persona y, combinando esta información con la del movimiento de la sangre, pueda dar una imagen fiel de los procesos mentales de cada individuo. O quizás pueda, incluso, utilizar los ultrasonidos para producir cambios orgánicos en las neuronas, facilitando modificaciones “hechas a medida”, aunque sean transitorias.

Por el momento, todo lo que hay es una tecnología que ha sido utilizada en laboratorios y no en seres humanos, por lo que está lejos de tener una utilidad práctica. Pequeños detalles pueden dar al traste con todo el plan; por ejemplo, Neuralink ha demostrado que el simple hecho de mantener un microchip integrado en el cerebro es un reto, ya que en muchas personas, el cuerpo ha terminado degradando algunos de estos materiales y debilitando la señal. Sin embargo, en Merge Labs se muestran optimistas: "Pensamos en décadas, no en años".

Newsletter PyM

La pasión por la psicología también en tu email

Únete y recibe artículos y contenidos exclusivos

Suscribiéndote aceptas la política de privacidad

  • Altman, S. (2017, 7 de diciembre). The merge. Church and State.
  • Gibney, E. (2026, 1 de febrero). OpenAI’s brain implant would use ultrasound to read minds. Does the science stand up? Nature.
  • Inside BCI. (2026, 27 de marzo). Merge Labs’ $252M bet on ultrasound BCI faces scientific scrutiny. Inside BCI.
  • Khorram, Y. (2024, 18 de noviembre). Inside a $400 billion bet on the brain-computer interface revolution. Yahoo Finance.
  • Mullin, E. (2025, 19 de diciembre). Sam Altman’s new brain venture, Merge Labs, will spin out of a nonprofit. Wired.
  • Mullin, E. (2026, 15 de enero). OpenAI invests in Sam Altman’s new brain-tech startup Merge Labs. Wired.
  • Neurofounders. (s. f.). Forest Neurotech. Neurofounders.
  • OpenAI. (2026, 14 de enero). Investing in Merge Labs. OpenAI.
  • Shivaei, S., Cheung, K. Y. M., Yadav, A., Hurvitz, I. U., Lee, S., Revilla, J., Rabut, C., Criado-Hidalgo, E., Zhang, R. J., & Shapiro, M. G. (2025, 7 de julio). Ultrasound imaging of in situ transcriptional activity in opaque tissue. bioRxiv.
  • TechCrunch. (2026, 14 de enero). OpenAI invests in Sam Altman’s brain computer interface startup Merge Labs. TechCrunch.

Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

Adrián Triglia. (2026, abril 1). Los creadores de ChatGPT quieren fusionar la IA con tu cerebro: así es Merge Labs. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/neurociencias/creadores-chatgpt-quieren-fusionar-ia-con-cerebro-merge-labs

Psicólogo | Director Editorial de Psicología y Mente

Adrián Triglia (Barcelona, 1988) es Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona y licenciado en Publicidad por la misma institución.

Es cofundador y Redactor Jefe de la web Psicología y Mente, la mayor comunidad en el ámbito de la psicología y las neurociencias.

Autor de dos libros de divulgación científica:

Artículos relacionados

Artículos nuevos

Quizás te interese

Consulta a nuestros especialistas