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El cuerpo de los seres humano es el resultado de millones de años de evolución del material que encontramos en el núcleo de las células: el ADN. Los genes son las unidades de información que posee este material genético, y la traducción del código genético se expresa en características, ya sean físicas (el color de los ojos, el tipo de pelo o la forma de nariz) como psicológicas (la conducta o la personalidad).

¿Pero todo depende únicamente de los genes? Es decir, ¿somos lo que somos y nos comportamos tal y como lo hacemos porque nuestro ADN dice que seamos así? La respuesta es no. El ambiente que nos rodea tiene algo que decir al respecto. La naturaleza humana es muy complicada, pero cada día estamos más cerca de entenderla.

El comportamiento con base genética

El uso de gemelos para estudios ha sido una gran herramienta que los científicos llevan usando durante años para entender cómo los genes y el ambiente influyen de manera diferente a cada persona. La idea es fijarse en hasta qué punto es la crianza o los genes lo que sirve para predecir mejor las regularidades que se pueden encontrar en el desarrollo del organismo y el repertorio de conductas habituales.

La investigación con gemelos muestra grandes evidencias de cuándo y cómo los genes y el ambiente dan forma a la naturaleza humana. Algunos de ellos revelan que la importancia de los genes puede cambiar de forma drástica según la etapa de la vida en la que nos encontremos. La influencia genética tiende a incrementar con los años en muchas características, como se ha visto con el peso corporal.

En otro ámbito, la investigación con gemelos ha sido importante en el campo de la genética molecular. El más conocido es con el peso corporal. Gracias a esta clase de estudios, se ha podido identificar casi 100 variantes genéticas implicadas en la obesidad.

Pero el efecto de los genes no tiene por qué ceñirse solo a cómo se forma nuestro cuerpo; también explica cómo aparecen ciertas predisposiciones psicológicas. Por ejemplo, se cree que tomamos elecciones en busca de un ambiente que favorece nuestra predisposición a expresar fortalezas heredadas genéticamente. Un adolescente al que por genética se le da bien leer probablemente empiece a ir a una biblioteca en busca de más libros, allí se reunirá con gente que piensa similar a él y puede que comience a relacionarse con ellos.

Del mismo modo, el cociente intelectual es en buena parte heredable y es difícil modificarlo de manera significativa y sostenida a través de ejercicios y nuevos aprendizajes.

El miedo al determinismo genético

Los estudios con gemelos son una gran oportunidad de entender cuándo el ambiente tiene más fuerza sobre nosotros y cuándo el comportamiento es más fácil de moldear. 

Sin embargo, en el ámbito de la psicología y de las ciencias cognitivas, se han visto envueltos en la controversia. Los críticos de la investigación con gemelos cuestionan que las características psicológicas, tales como la salud mental, tengan una fuerte base genética. Esto se debe en parte a un miedo a la idea de que todo aquello que pensamos, sentimos y hacemos sea poco más que la consecuencia de genes haciendo su trabajo y condenándonos a una vida que no podemos cambiar.

Sin embargo, este miedo es infundado.

Los genes no lo son todo

La influencia que la genética tiene sobre características humanas suele malinterpretarse. Es erróneo asumir que una conducta que tiene una fuerte influencia genética debe ser innata por obligación. Los genes no son todo; un gen se expresará dependiendo del ambiente, es decir, que puede mostrar sus efectos o directamente no tener ninguno, según en el entorno en el que vivimos.

Con un ejemplo quedará más claro. Hay personas que tienen predisposición a padecer cáncer de pulmón por su genética. A menos que fumen o respiren constantemente humo de tabaco, es muy probable que no desarrollen la enfermedad. Y esto mismo se está viendo con el comportamiento. La conducta se obtiene como una respuesta a una señal ambiental.

Aunque algunas formas de comportamiento tienen una base genética, esto no implica que esta predisposición vaya a hacer que nuestro cerebro quede diseñado de forma que manifestemos estas conductas independientemente del modo en el que interactuemos con el entorno. Si bien nuestro ADN no pueda ser modificado a través de experiencias y aprendizajes, la expresión o no de sus genes depende en gran parte de las condiciones ambientales en las que vivimos. Por ejemplo, estudios en relación con la esquizofrenia (una enfermedad mental con un componente fuertemente heredable a través de los genes) demuestran que la expresión de la enfermedad es mayor cuando se vive en un contexto que produce estrés.

¿Conocer la base genética implica peligro?

Uno de los temores generados a partir de estos trabajos es que, al reconocer que el comportamiento tiene base genética, la gente dejará de ser igual de responsable a la hora de comprometerse con comportamientos saludables y con la educación de sus hijos.

Sin embargo, conocer la propia predisposición a sufrir una enfermedad mental o de otro tipo no tiene por qué conllevar a una pérdida de interés en la mejora de salud, al contrario, se gana un compromiso y motivación para cambiar su comportamiento y hábitos.