Veamos en qué consiste la neuroética como ámbito de debate e investigación. Unsplash.

La neuroética es una parte de la bioética que se encarga de estudiar el impacto ético, legal y social de los conocimientos y las investigaciones sobre el cerebro, y de las aplicaciones prácticas que tienen éstos en la medicina y, finalmente, en la vida de las personas.

En este artículo veremos con más detalle en qué consiste la neuroética, cómo se investiga en esta disciplina, cuáles son las grandes preguntas que se hace y sus respuestas, así como los problemas y retos que depara el futuro.

¿Qué es la Neuroética?

El término “neuroética” alude al estudio de las cuestiones y las implicaciones éticas, legales y sociales que surgen de los hallazgos científicos que implican la manipulación del cerebro con fines médicos.

William Safire, periodista ganador del premio Pullitzer en 1978, definió esta disciplina como “el examen de lo que es correcto e incorrecto, bueno y malo, en el tratamiento clínico y/o quirúrgico y en la manipulación del cerebro humano”.

Los avances en las investigaciones del ámbito de las neurociencias implican un conocimiento cada vez mayor de las bases neurobiológicas de cuestiones relacionadas con la conciencia humana, la moralidad, la toma de decisiones o el concepto de “yo” y la personalidad. Y en este sentido, la neuroética jugará un papel decisivo en los años venideros.

Las mejoras en los métodos de investigación en neuroimagen, por ejemplo, ya permiten monitorizar el funcionamiento del cerebro prácticamente a tiempo real, de modo que podemos “saber” qué es lo que piensa o siente una persona, e incluso manipular esos pensamientos o sentimientos mediante técnicas como la estimulación magnética transcraneal.

Los avances en otras disciplinas como la psicofarmacología o la bioquímica ya están poniendo de manifiesto que la posibilidad de manipular a un ser humano, su estado de ánimo o sus habilidades y capacidades cognitivas es ya una realidad constatable.

Y para poner freno (o no) a una futura distopía en la que terminemos siendo marionetas teledirigidas o neuroidiotizadas, la neuroética se perfila como una disciplina útil para discutir sobre leyes, normas y las implicaciones sociales que emergen del buen o mal uso de las neurotecnologías y las neurociencias.

Investigación científica en la neuroética

La investigación científica en neurociencia de la ética o en la neuroética se ha interesado por dos vertientes de la misma: la empírica y la teórica. La neuroética empírica se basaría en los datos neurocientíficos relacionados con materia y conceptos éticos, datos fundados en la experiencia y el método científico, tal y como está concebido en las ciencias naturales.

La neuroética teórica, por su parte, se centraría en aspectos metodológicos y conceptuales que sirven para vincular los hechos neurocientíficos con conceptos de tipo ético, a nivel tanto descriptivo como normativo.

Los investigadores encuentran el problema de no tener correlatos que, metodológicamente, permitan explorar determinados conceptos desde un punto de vista empírico, como pasa con términos como el de bondad, justicia o equidad. ¿Cuáles son sus correlatos metodológicos? O... ¿cuál sería el diseño técnicamente adecuado para poder investigar estos conceptos en neuroética?.

Un segundo problema radica en la parte teórica de la neuroética. Toda ética o moral tendría varias funciones: aclarar qué se entiende por “moral”, tratar de descubrir cuáles son sus fundamentos, y determinar cuáles serían los principios de aquello que se denomina como moral, para poder aplicarlos en la sociedad y en la vida cotidiana. Con todo, no es posible partir solamente de datos neurocientíficos para aclarar estas dudas, puesto que lo que se considera como moral no atañe solo a la ciencia, sino también a la filosofía.

Cuestiones como, ¿qué se entiende por filosofía moral? o ¿qué tipo de regulación sería necesaria para investigar en neurociencia?, son algunas de las que han interesado a muchos investigadores, que han tratado de resolverlas por varias vías de argumentación.

Respuestas a cómo investigar en neuroética

Las respuestas que han surgido a la pregunta de: ¿qué tipo de diseños técnicamente adecuadas han de llevarse a cabo para poder investigar en neuroética?, han apuntado a los estudios de neuroimagen funcional y sus principales técnicas: la electroencefalografía cuantitativa, la tomografía por emisión de positrones, la resonancia magnética funcional, la tractografía y la magnetoencefalografía.

Estas técnicas de neuroimagen captan al cerebro en acción y los investigadores las interpretan asociando una actividad (motora, perceptiva o cognitiva) con la imagen cerebral producida, de modo que se deduce que la imagen indicaría la red neuronal donde se origina dicha actividad; esto es, el correlato se asumiría como causa (neurodeterminismo).

Si bien este tipo de técnicas son excelentes para explorar el sistema nervioso, es algo aventurado pensar que podemos basarnos únicamente en los resultados y los datos estadísticos de estas pruebas para sacar conclusiones unitarias sobre conceptos y asuntos tan controvertidos como la moral o el libre albedrío, por ejemplo.

Respecto a la pregunta de cómo se entiende la filosofía moral, hay autores como el doctor en psicología Michael Gazzaniga que proponen la existencia de una ética universal, la cual tendría una base neurobiológica concreta y no filosófica. Por su parte, el neurocientífico Francisco Mora, asume que el concepto de ética siempre implica la relación que tenemos con los demás y cree que no es procedente diferencias entre ética y moral, ya que ambos términos se usan indistintamente.

Por último, ante el planteamiento de cuál sería la regulación necesaria para investigar en neuroética, la respuesta que han dado los investigadores ha sido apelar a la ética de la neurociencia; es decir, recurrir a la ética propia del trabajo desempeñado por neurocientíficos: la noción de capacidad, expresión libre y voluntaria del consentimiento informado, respeto por la dignidad e integridad de los sujetos de investigación, etc.

Problemas y retos futuros

Los problemas actuales de la neuroética se pueden plantear en dos grandes categorías: los relacionados con los avances técnicos de las neurociencias, esto es, las implicaciones del desarrollo de las técnicas de neuroimagen, la psicofarmacología, los implantes cerebrales o la interfase cerebro-máquina; y los relacionados con la filosofía y el entendimiento de las bases neurobiológicas de la conciencia, la personalidad o la conducta humana.

En los últimos años, la investigación psicofarmacológica ha invertido sumas de dinero considerables en fármacos destinados al tratamiento de trastornos cognitivos, y más concretamente a los trastornos de la atención y la memoria. Fármacos como el metilfenidato y su uso para trastornos por déficit de atención; o la ampakina, que favorece los mecanismos de potenciación a largo plazo, mejorando el rendimiento en los tests de memoria en sujetos sanos, son solo algunos ejemplos.

Este aumento en el consumo de fármacos, sobre todo en sujetos sanos, conlleva varios problemas éticos como los que se citan a continuación:

Problemas de salud: se desconocen los efectos adversos a medio y largo plazo en sujetos sanos.

Consecuencias sociales: se plantean cuestiones relacionadas con cómo podría afectar el uso de estos fármacos a las relaciones sociales o en qué situación se quedan los individuos que no los consumen, frente a los que sí lo hacen, en términos de clase o de desigualdad. Y parece evidente que, en contextos altamente competitivos y estresantes, la libertad para no consumirlos sería relativa.

Implicaciones filosóficas: el uso de estos fármacos pone en tela de juicio y altera la visión que tenemos de conceptos como el de esfuerzo personal, autonomía o capacidad de superación. ¿Es ético mejorar de forma rápida y artificial las capacidades cognitivas?

Por otra parte, los avances en la comprensión de las bases neurobiológicas de las conductas sociales, la moralidad o la toma de decisiones, tienen implicaciones directas en nuestra forma de concebir nociones de nuestra vida, como la responsabilidad personal o la imputabilidad de una persona, aspectos clave para la neuroética.

En el futuro, esta disciplina seguirá discutiendo cuestiones relevantes, como: ¿podemos juzgar igual a un adolescente por un crimen cometido si sabemos que a su edad las bases neurobiológicas del razonamiento moral aún no se han instalado? Si el libre albedrío es solo una ilusión cognitiva y no existe como tal, ¿tiene sentido que las personas sean imputables? ¿Debemos poner barreras a la investigación y manipulación cerebral?. Cuestiones que aún hoy siguen sin tener una respuesta clara.

Referencias bibliográficas:

  • Bonete E. Neuroética práctica. Bilbao: Desclée de Brouwer; 2010.
  • Cortina, A. (2010): “Neuroética: ¿las bases cerebrales de una ética universal con relevancia política?”, en Isegoría, nº 42, 129-148.
  • Farah M J. Neuroethics: the practical and the philosophical. Trends Cogn Sci 2005; 9 (1): 34-40.