Estar en una relación de pareja tiene profundas implicaciones en nuestras vidas, independientemente de si somos conscientes de ello.

Aunque normalmente se ponga énfasis en las emociones que producen el amor y el enamoramiento, dejar atrás la soltería no se limita a los sentimientos que experimentamos al “estar con alguien”. Empezar una relación de pareja es, a la práctica, iniciar un proyecto con planes a largo plazo, incluso aunque no se hable de ello ni se le quiera poner nombre al tipo de vínculo afectivo que une a esas dos personas.

Sin embargo, en los tiempos recientes cada vez es más común que esta lógica largoplacista de las relaciones amorosas se tope con el fenómeno del miedo al compromiso. Muchas personas buscan asistencia psicológica precisamente porque sienten una contradicción, las ganas de estar y a la vez no estar en una relación de pareja. ¿A qué se debe eso?

Dinámicas que desgastan la vinculación con la pareja

Es cierto que en algunos casos muy excepcionales, el miedo al compromiso puede cumplir con las características de una psicopatología que se expresa en otros síntomas más allá de la vida amorosa de las personas; sobre todo, ocurre a través de alteraciones emocionales que pertenecen a la categoría de los trastornos de ansiedad y las fobias.

Sin embargo, en la mayoría de las situaciones, el temor disfuncional a comprometerse a largo plazo en una relación de pareja se expresa de maneras sutiles, que no pueden ser “resumidas” mediante conceptos que aparecen en manuales diagnósticos usados en el mundo de la salud mental.

De hecho, mucha gente sufre malestar a causa del miedo al compromiso pero ni siquiera se da cuenta de que ese es un problema a abordar, dado que en la mayoría de áreas de su vida se desenvuelven relativamente bien y tampoco has síntomas claros propios de un trastorno psicológico. Pero que algo no sea una psicopatología no significa que no deba ser atendido o, llegado al caso, superado a través de la terapia individual o de pareja.

Parte del fenómeno del miedo al compromiso, pues, no surge de un desbalance en el funcionamiento del cerebro, ni de traumas o cuadros clínicos diagnosticables, sino de patrones de comportamiento difusos que han sido aprendidos y que, en algunos casos, “flotan en el ambiente” a los que la persona se expone día a día: en los medios de comunicación que consume, en las normas no escritas de su círculo de amigos, etc.

Es en parte por esos aspectos sociales y culturales que si hace unas décadas lo que daba miedo era quedarse en la soltería pasada cierta edad, hoy no es raro sentir temor por lo contrario, quedar ligados a alguien de manera “precipitada”.

Principales causas del miedo al compromiso

¿Qué está pasando para que tanta gente tenga miedo al compromiso? Veamos una serie de factores que facilitan que caigamos en esta fuente de temores en lo relativo a la vida sexual y amorosa.

1. La falta de asertividad

A veces, el miedo al compromiso aparece por algo tan sencillo como no atreverse a hablar acerca de los propios planes, las expectativas de vida, etc. Este bloqueo en la comunicación hace que se vea como problema el hecho de estar en una relación, dado que esto implica proyectarse hacia el futuro junto con una persona con la que apenas se habla sobre aspectos muy importantes.

Así, el temor al compromiso puede llegar a ir asociado al miedo a hablar las cosas y buscarles una solución en el presente; solución que no tiene por qué implicar terminar con el noviazgo.

2. Temor a mostrar vulnerabilidades

Cuanto más tiempo pasamos en una relación amorosa, más numerosas son las ocasiones en las que le mostramos a la otra persona nuestras vulnerabilidades. Para quienes tienden a desconfiar mucho de lo que los demás les puedan hacer a largo plazo, esto puede llegar a producir una cierta inquietud. La clave está en aprender a confiar allí donde tiene sentido hacerlo, y una relación amorosa es uno de esos contextos en los que abrirse resulta tan liberador como necesario para que el vínculo funcione.

3. Inmersión en una cultura de cortoplacismo

Si día a día nos bombardean con mensajes en los que se pone en valor el cortoplacismo y un individualismo extremo, no sorprende que se termine cayendo en el miedo al compromiso. En casos así, parte del problema está en exponerse a entornos sociales que dan visibilidad a una única ideología muy concreta.

4. Falta de tolerancia a la incertidumbre

Estar en una relación siempre conlleva asumir determinados riesgos, dado que, como hemos visto, es un proyecto a largo plazo. Esto significa que aceptamos hacer planes de futuro aún sabiendo que, técnicamente, la otra persona puede decidir terminar con la relación en cualquier momento. Esta idea debe ser gestionada adecuadamente, y hay quien lo encuentra difícil.

5. Frustración al tender a expectativas poco realistas

Finalmente, no podemos pasar por alto que algunas personas experimentan la relación desde los sentimientos encontrados: se ama a la otra persona pero, a la vez, la experiencia de estar con ella no encaja con las expectativas que se habían creado acerca de lo que es tener novio o novia. Y como existe esta tensión, aparece la idea de que no tiene sentido renunciar para siempre a sentir lo que uno mismo cree que es “el amor verdadero” y que en realidad no es más que una idealización.

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Referencias bibliográficas:

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  • Sharpsteen, D.J.; Kirkpatrick, L.A. (1997). Romantic jealousy and adult romantic attachment. Journal of Personality and Social Psychology. 72(3): pp. 627 - 640.