La honestidad es un valor que suele ser reivindicado como un elemento necesario en toda relación de pareja. Se suele defender la idea de que siendo totalmente sinceros con la persona que amamos tendremos una relación saludable, funcional y madura.

Pero aunque la teoría nos lo pinta muy sencillo, en la práctica es bastante más complicado. No son pocas las veces en que decir las verdades, tal y como las sentimos o cómo las vemos, puede tensar el amor en nuestra relación o, incluso, hacer que acabe separándose la pareja.

¿Puede la honestidad ser un factor problemático en las relaciones amorosas de pareja? Esta es la cuestión que vamos a responder a continuación, viendo algunas situaciones donde decir las cosas tal y como han sido es lo último que deberíamos hacer.

¿Puede la honestidad en una relación de pareja llegar a ser un problema?

Por muy fieles y transparentes que seamos con nuestra pareja no son pocas las situaciones que, aunque inocentes, nos hacen preguntarnos si se lo deberíamos decir a nuestro ser querido. Puede ser que, de forma totalmente desinteresada, le hayamos “tirado la caña” a un compañero del trabajo. También puede pasar que, estando en el metro, hayamos echado alguna miradita con un extraño y que él nos haya respondido. Puede ocurrir también que nuestro ex nos haya enviado un mensaje en el que nos pide volver.

Todas estas situaciones no son un signo ni de traición ni de infidelidad a la pareja. No nos hemos acostado con otra persona ni tampoco le hemos confiado una intimidad emocional que teníamos reservada solo a nuestra pareja con lo cual, en principio, decírselo no debería por qué cambiar las cosas. Sin embargo, ¿seríamos capaces de decirle lo que ha pasado? ¿sabemos cómo va a responder? ¿Hasta qué punto decirle que ha pasado eso, pese ser algo inocente y que en la práctica no ha sido traición, le va a sentar bien?

Hay un sinfín de situaciones que, pese no ser una traición ni echar a tierra la confianza que nos tiene nuestra pareja, no le van a sentar bien a la persona que queremos. Sí, no debería tener motivos para pensar que le hemos hecho daño, puesto que no se lo hemos hecho, pero le podemos sentar la duda de si realmente se lo vamos a hacer. Puede pensar que nos hemos fijado en otra persona y que eso es por su culpa, pensando que buscamos en otros lo que a él o ella le falta o que no nos puede dar.

Naturalmente, en todas estas situaciones nos encontramos ante un dilema que nos lleva a decidir ante dos opciones: decírselo o callarnos. Según lo que nos suelen contar, la base de una buena relación es la honestidad, pero, ¿hasta qué punto? Pese a que ser honestos es visto como un elevado valor ético en nuestra cultura, este valor no tiene por qué ser siempre una conducta socialmente agradable o funcional, es decir, no siempre nos garantiza que nos vayamos a llevar bien con alguien cuando le somos sinceros. De hecho, puede pasar lo contrario.

Dependiendo de la personalidad de nuestra pareja, cómo interprete lo que le decimos y otros factores como su autoestima y antecedentes de infidelidades, confesarle alguna de las situaciones anteriormente mencionadas puede ser contraproducente. No ha pasado nada, pero en la mente de nuestra pareja sí pasará. Le irá dando vueltas y vueltas como el tambor de una lavadora, tantas revoluciones que acabará siendo motivo de reproche: “No, no me has puesto lo cuernos pero, ¡¿A qué quieres ponérmelos?”

Como veníamos diciendo, lo más probable es que esté interpretando las cosas de una forma muy exagerada, tanto si es hombre como si es mujer. Por mucho que confiemos en nuestra pareja, en ocasiones no queremos saber absolutamente todo lo que le sucede y todo lo que piensa, por muy fiel que haya demostrado ser. En caliente somos capaces de decir muchas burradas, y podemos usar cosas que no han pasado como ataques y críticas hacia ella. Por este motivo, a no ser que sea algo extremadamente necesario que deba ser contado, no hay necesidad de preocupar a nuestro ser querido.

Cabe decir que cada situación y cada persona es distinta. Puede ser que lo que nos haya pasado, como por ejemplo que nuestro ex nos haya hablado para volver, nos cause profundo malestar porque vivimos el no contárselo a nuestra pareja como una especie de engaño. En este caso, como favor a nosotros mismos, podemos contárselo, pero de una forma filtrada, con calma, especificándole que no hemos sido nosotros quienes nos hemos puesto en contacto con nuestro ex. Se lo contamos porque está claro que de no hacerlo, nuestra preocupación va a acabar afectando a la pareja.

En otros casos puede pasar que este mensaje de nuestro ex lo veamos como algo no más importante que un mensaje de SPAM de los tantos que recibimos en el móvil. En este caso, ¿para qué decírselo? Si ese mensaje no nos reconcome por dentro ni significa que queramos volver con nuestro ex, no tiene sentido arriesgarnos a preocupar a nuestra pareja por algo que no ha pasado ni va a pasar, causándole un daño provocado por su interpretación de la situación, y no la situación en sí misma.

Podríamos exponer todas las situaciones en las que, de contarlas, podríamos arriesgarnos a tener un auténtico problema de pareja pese a no ser nada, pero la lista sería interminable. Son situaciones en las que podemos creer que no hemos hecho nada malo, porque no han significado nada para nosotros, pero esto podría destruir a nuestra pareja si no lo sabe encajar de la forma más racional, realista y objetiva posible. No se le puede culpar, el amor no es racional, y todo lo que sucede a su alrededor difícilmente se puede interpretar así.

Antes de ser honestos con nuestra pareja sobre algo que es nimio y, aparentemente, inocente, debemos hacernos la siguiente pregunta: “¿La sinceridad va a perjudicar a nuestra pareja?” Deberemos saber valorar si es recomendable decirle lo que nos ha pasado. Las cosas que se deben comunicar nunca deben restar. Si sabemos que le va a doler algo que le vamos a decir, solo diremos esa cosa en caso de que sea extremadamente necesario. Si no es necesario y le puede dañar, ¿para qué decírselo?

Hablar con filtros

Hay otros aspectos de la vida de pareja puramente internos a la relación, es decir, en los que no están implicados terceros, pero que dichos de forma total y absolutamente sincera se corre el riesgo de provocar tensión. Por ejemplo, puede pasar que un día nuestra novia se nos acerque y nos pregunte si el nuevo vestido que se ha puesto le favorece. Nosotros, que pensamos que no, le decimos claramente que le queda mal, que no le favorece en absoluto y que quizás lo mejor sería devolverlo.

Está claro que aquí hemos sido honestos, y también hemos dañado nuestra relación de pareja. Nuestra “verdad” puede chocar directamente contra su “verdad”, quien puede pensar que se ve muy favorecida con ese vestido que, aunque no nos lo ha dicho, ha escogido aposta para nosotros, pasándose horas y horas decidiéndose en la tienda para asegurarse de que nos causaba la más intensa de las impresiones. Desde luego, que le digamos que no le favorece no le va a sentar bien.

Este caso es un ejemplo claro de por qué la honestidad sin filtros es mala. Puede que nosotros hayamos sido sinceros pensando expresamente en el bien de nuestra pareja. Como nos dicen que lo mejor para toda relación es decir la verdad, clara y concisa, nosotros, con muy buena intención, así lo hemos hecho. El problema es que, a veces, nos olvidamos de que los filtros están para algo, y ese algo es suavizar el golpe. No podemos decir las cosas tal y como las pensamos, y mucho menos a un ser querido que hace muchas de sus cosas pensando en satisfacernos.

Es por esto que aquí volvemos a la idea de que cada pareja es diferente. Lo que a uno le puede sentar bien y verlo como una crítica constructiva, el otro lo puede ver como un ataque tanto a su identidad como a sus decisiones, y su autoestima quedará dañada por ello. Si queremos a alguien debemos aprender cómo decirle las cosas, tanto las que nos gustan como las que no nos gustan de ella, y si hay algo que sabemos que le podría sentar mal y que no es una urgencia que cambie, ¿para qué decírselo? Aceptemos que tiene sus fortalezas y debilidades, como nosotros también las tenemos.

Referencias bibliográficas:

  • Hussain, M., Price, D. M., Gesselman, A. N., Shepperd, J. A., & Howell, J. L. (2020). Avoiding information about one’s romantic partner. Journal of Social and Personal Relationships. https://doi.org/10.1177/0265407520969856