El amor propio muestra la relación que tienes contigo mismo. Incluye, por tanto, el grado en el que te gustas, hasta qué punto te premias, confías en tus capacidades y te aceptas como persona.

Quererte o tener amor propio va más allá de una buena autoestima. Cuando tienes amor propio, alcanzas un equilibrio entre tu estado emocional y tu autoestima.

La importancia del amor propio

Pregúntate por un momento: ¿eres tu amigo o tu enemigo? ¿Tratas a tus amigos o pareja de la misma manera que te tratas a ti? ¿Sufres algún problema psicológico como ansiedad, depresión o dependencia emocional?

Desgraciadamente, la falta de amor propio es un mal habitual en nuestros días. Existen todo tipo de problemas psicológicos en todas las edades, y ya cuando este amor propio queda totalmente ausente, es habitual que aparezcan los pensamientos suicidas. Esto nos hace ver la gran importancia que tiene querernos, tratándonos con el cariño y respeto con el que trataríamos a un buen amigo, más aún si pasamos por un mal momento.

La buena noticia es que no se trata de un problema irremediable, y la falta de amor propio tiene solución. A continuación, ofrezco una serie de consejos para no boicotearlo y sí activarlo.

5 formas de auto-boicot

Veamos primero, varios procesos a través de los cuales se llega a empeorar tu amor propio.

1. El auto-castigo y la dependencia emocional

Cuando te quieres, aprendes de los errores y te animas a continuar, no te fustigas con un látigo culpándote y torturándote por lo mucho que te hayas equivocado. Eso no te hará aprender más, sino irte destruyendo poco a poco. Si te equivocas, al menos lo has intentado, eres valiente.

Tan importante es equivocarte como celebrar tus éxitos y sentirse orgulloso de ti mismo, al conseguir una meta y por ejemplo, celebrarlo y premiarte. Te recomiendo no caer en el error de depender de los demás para obtener un feedback positivo, sino verlo como un extra a tu propio auto-reconocimiento. Hacerte cargo de ti mismo y no poner esa responsabilidad por completo en los demás.

2. La auto-crítica y queja

Cuando te quieres, te hablas con tono amable y a la hora de criticarte, lo haces de modo constructivo y no destructivo. No podemos evitar pasar por situaciones que no nos gusten o por dificultades, pero sí que podemos cambiar la manera en la que reaccionamos frente a ellas.

Te recomiendo aceptar la situación y pensar qué te diría un buen amigo ante aquello que consideras que has hecho mal. También, hacerte consciente de cómo te hablas para no darle pie al auto-insulto, la queja constante y esa voz torturadora que pueda haber en ti.

3. La auto-desconfianza

Cuando te quieres, te prestas atención para conocerte, con curiosidad y paciencia, y tienes una visión de hasta dónde crees que puedes llegar, poniéndote metas que crees acordes a tu capacidad.

Esto no quiere decir que siempre aciertes, sino que de tener dificultades, aprendes del error y reajustas tu objetivo. Pruebas y vives momentos que puedan enriquecer tu vida, sin correr peligro real. Recuerda que la confianza hace al maestro. Si desconfías de ti mismo, es probable que tengas puesta la atención en el error y en consecuencia, estés huyendo de metas que sí puedas alcanzar.

4. La comparación con los demás

Tenemos unas cualidades que nos definen y utilizamos para describir nuestro físico, nuestra personalidad y nuestro comportamiento. Cuando te quieres, aceptas sus cualidades y eres libre de aquellos estándares culturales y subjetivos, como pueda ser la belleza. Sabes que cada persona es diferente, ni mejor, ni peor. Lo que buscas es sentirte bien contigo mismo, porque cada uno tiene sus ritmos y sus atributos que le hacen ser quien es.

Si frecuentemente te comparas con los demás, tanto para salir victorioso como para salir perjudicado, es probable que te sientas subido a una montaña rusa al depender de cómo sean quienes tengas alrededor o de lo que marque la moda.

5. El narcisismo y el odio

Contrariamente a lo que se cree, el amor tiene límites, tanto hacia uno mismo como hacia los demás. Debe haber un equilibrio entre lo que te quieres y lo que quieres a los demás. Cuando existe desequilibrio por un exceso de amor propio y un déficit de amor a los demás, surge el narcisismo y el odio.

La persona con narcisismo se cree superior o mejor que las demás (egolatría), piensa que tiene más derecho que los demás (egoísmo) y se cree que todo gira a su alrededor (egocentrismo). Cuando te quieres, terminas por alejarte de personas con narcisismo, buscando generosidad, asertividad y reciprocidad.

3 pasos para lograr quererte y que se mantenga activo

Ahora que sabemos lo que puede estar afectando a que no tengas un buen amor propio, veamos qué pasos seguir para mejorarlo en el día a día.

1. Vivir un momento agradable

Quizás ya estés teniendo algunos y estén pasando desapercibidos, por lo que es importante que prestes atención. Te recomiendo empezar por algo sencillo. Algunos ejemplos pueden ser: escuchar una canción que te gusta, cantar y bailar (sin importar cómo lo hagas), saborear una comida o darse un baño relajante. Recuerda que al igual que tratas bien a los demás, tú también mereces tratarte bien.

2. Saborear ese momento agradable

Una idea puede ser darle una duración de al menos un minuto y enfocar todos tus sentidos en ese rato que disfrutas.

3. Recordar ese momento agradable

Puedes guardarlo en tu memoria, compartirlo con amigos e incluso escribirlo. Te invito a realizar una nota con cada experiencia, logro, fortaleza o momento de esplendor, e irlas guardando en el que será “el botecito de los buenos recuerdos”. Así podrás continuar descubriendo tu camino a la felicidad.

Autora: Belén González García, Psicóloga Sanitaria miembro del equipo de Mentavio. Psicóloga por la Universidad Complutense de Madrid, con habilitación sanitaria y colegiada M-28477, Experta en Psicoterapia Terapia Breve Estratégica en la Senda de Palo Alto y con Maestría en Trastornos del Comportamiento Alimentario y Obesidad por la UEM.