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La psicología siempre ha estado en el centro de un huracán de debate y discusiones. Las diferentes teorías e hipótesis que han surgido de ella nos interpelan directamente como seres humanos, y es por eso que, en muchos de los temas que trata, resulta difícil no convertir ciertas creencias y sentimientos personales en una postura intelectual.

Por ejemplo, cuando Sigmund Freud propuso sus primeras teorías sobre psicoanálisis, fue tal la polémica que se formó a causa de su visión pesimista y embrutecida del ser humano que llegó a decir: "El progreso existe, ya que en la Edad Media me hubieran quemado y ahora les basta con quemar mis libros".

Este constante roce y choque de puntos de vista acerca de cómo nos comportamos, actuamos y sentimos, añadido al hecho de que no existe ni ha existido nunca una teoría unificada de la psicología, hace que algunos se pregunten... ¿realmente es útil la psicología? ¿Los psicólogos aportamos valor añadido, o solo nos dedicamos a discutir entre nosotros acerca de teorías que no tienen los pies en el suelo?

Por qué la psicología es útil

La psicología no solo sí es útil, sino que de hecho lo es tanto que sus dominios cada vez se expanden más. Si al principio comenzó siendo básicamente una disciplina de salud mental y del estudio de la percepción, hoy día las implicaciones de la investigación en esta parcela científica afectan a disciplinas tan dispares como la economía, el marketing, la educación, el diseño, la sociología o las neurociencias.

Los psicólogos tienen la virtud de estar en un cruce de caminos entre la biología y las ciencias sociales aplicadas a todas las facetas de nuestras vidas, y por eso abordan todo tipo de aspectos del comportamiento y de los procesos mentales (emocionales y cognitivos) del ser humano. Y lo hacen tanto poniendo en contacto entre sí estas ciencias y disciplinas como aportando teorías psicológicas propias.

Cambiando la percepción del ser humano

Un ejemplo de hasta qué punto es eficaz la psicología son las investigaciones en ciencias cognitivas, gracias a las cuales sabemos más acerca de cómo tomamos decisiones y trazamos planes. Este campo de investigación, muy relacionado con la economía conductual, nos habla acerca de hasta qué punto nos dejamos llevar por atajos mentales a la hora de elegir opciones y cómo maquillamos nuestra percepción de este hecho justificando nuestras acciones con falsos argumentos racionales acerca de por qué hemos actuado así.

Del mismo modo, fenómenos psicológicos tan curiosos como el Efecto Dunning-Kruger revelan que sobrevivimos a pesar de tener una visión muy irreal acerca de lo que sabemos: las personas más ignorantes en un tema sobrestiman sus competencias, mientras que la gente más sabia en cierto campo de conocimiento minusvalora sus capacidades.

Otra valiosa pieza de conocimiento de la que disponemos gracias a la psicología es, por ejemplo, el modo en el que modificamos nuestras percepciones para que encajen del mejor modo posible en nuestras creencias. Este proceso, descrito por la teoría de la disonancia cognitiva, revela que no somos esos observadores y experimentadores de la realidad objetivos que damos por sentado que somos... y saber esto nos ayuda a no bajar la guardia en momentos en los que alguien nos puede ofrecer una reconfortante mentira que eclipse una verdad incómoda pero empoderadora.

Pequeñas piezas de conocimiento de este tipo, que tienen que ver específicamente con la psicología y no tanto con las neurociencias, no solo rompen el sentido común de lo que se supone que somos, sino que además nos ayudan a comprender de qué manera podemos jugar nuestras cartas para vivir la vida tal y como nos gustaría hacerlo.

¿Y la psicología clínica?

Otro "frente" desde el que la psicología recibe algunas críticas es el ámbito de la salud mental.

Por un lado, a veces se acusa de ineficacia los planteamientos psicoterapéuticos que surgen de esta rama de la psicología, y esto se debe, muchas veces, a la ignorancia de asumir que propuestas no científicas como las constelaciones familiares o el psicoanálisis freudiano cuentan con una garantía de eficacia "comprada y publicitada" por los psicólogos.

Esto no es así: las formas de psicoterapia y de herramientas de tratamiento que cuentan con apoyo empírico no son todas las que se ofertan bajo el paraguas de la palabra "psicología" y, de hecho, son rechazadas por los colegios de psicólogos.

Lo cierto es que la psicología sí cuenta con herramientas que han demostrado su efectividad, como la Terapia Cognitivo Conductual, el biofeedback o el Mindfulness, cada una de ellas para cierto tipo de problemas y trastornos mentales.

Tampoco las acusaciones de que la psicología reduce a etiquetas estigmatizadoras a las personas tiene fundamento: la denuncia de esta clase de uso de las categorías diagnósticas es perfectamente compatible con la psicología. Un diagnóstico no es una palabra que pretenda absorber toda la identidad de un ser humano, es simplemente una herramienta con la que se trabaja. Los trastornos mentales no son adjetivos ni desde la psicología clínica se pretende que lo sean.

La psicología no es una religión

Así pues, las críticas valiosas hacia la psicología en general, que son perfectamente legítimas, serán útiles siempre y cuando no provengan de una falacia del hombre de paja y del conocimiento.

Tal y como ocurre en cualquier ciencia, todas las creencias y teorías desde las que se parte en esta disciplina son cuestionables... pero esto no implica acusar por ineficaz a la psicología en su totalidad, porque esta ni es monolítica ni contiene dogmas fundamentales. No es una religión que dependa de una única presuposición que deba ser creída a pies juntillas. Tan solo es un esfuerzo colosal y coordinado por construir herramientas y teorías que resulten útiles.