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Muchas cosas han cambiado desde que el modo estándar de psicoterapia consistía en la sanación verbal que se proponía desde el psicoanálisis freudiano.

Una de esas cosas tiene que ver con la pérdida de popularidad del psicoanálisis, sí, pero también hay otro factor en juego: hoy en día el desarrollo de la tecnología permite plantear propuestas de terapia inconcebibles décadas atrás. El uso de una técnica llamada biofeedback es un ejemplo de esto.

Biofeedback: la tecnología de los sensores aplicada a la psicoterapia

El biofeedback es, en resumidas cuentas, una técnica basada en un sistema de sensores gracias a los cuales el paciente es consciente en tiempo real de varios parámetros fisiológicos que describen el funcionamiento de su cuerpo.

Gracias al biofeedback se crea un bucle de retroalimentación gracias al cual la persona lo tiene más fácil a la hora de aprender a alcanzar niveles funcionales óptimos en aspectos como el pulso sanguíneo, la temperatura corporal, etc. Dicho de otro modo, como el individuo es informado en tiempo real acerca de lo que ocurre en varias partes de su cuerpo, aprende a asociar esos fenómenos con ciertas sensaciones y, con un poco de práctica, va siendo más capaz de regular ciertas funciones corporales.

Así pues, el biofeedback hace más fácil el proceso de controlar conscientemente (y para nuestro bien) procesos corporales que de otro modo podrían descontrolarse en ciertas situaciones afectando negativamente a nuestra calidad de vida.

La utilidad del biofeedback

Décadas atrás se creía que los procesos mentales, todo aquello que normalmente ha sido denominado "la mente consciente", estaba separado de las funciones corporales que aseguran nuestra supervivencia, como el ritmo cardíaco, nuestra sudoración, etc. La idea era, básicamente, que ambos procesos corrían por vías paralelas, o más específicamente que la mente consciente está montada sobre la fisiología básica de nuestro organismo tal y como un aparato periférico se acopla a un ordenador o un teléfono móvil.

Sin embargo, la implantación del biofeedback supone la ruptura con esta creencia, y ha permitido la aparición de un nuevo horizonte de posibilidades en la terapia y el aprendizaje en general. Así, por ejemplo, el biofeedback permite aprender con mucha eficacia métodos de relajación, afrontar la ansiedad e incluso formas más efectivas de respirar.

Al principio, el uso del biofeedback no deja de ser un reto en el que se ha de prestar atención tanto a las sensaciones que experimentamos como a la información que nos dan los sensores, pero poco a poco los progresos que se hacen pueden ir haciéndose más fáciles hasta estar presentes en nuestras vidas casi de manera automática.

Además, el biofeedback ha mostrado una eficacia científicamente probada en el tratamiento del insomnio, el TDAH, el dolor crónico, trastornos de ansiedadfobias, y muchos otros. A pesar de esto, esta técnica sigue siendo de muy reciente aparición, y su utilidad y garantías de eficacia sigue siendo un tema que se discute en las comunidades científicas, dependiendo del tipo de tratamiento al que se quiera aplicar.

Tipos de biofeedback

La idea definitoria del biofeedback es la que hemos visto, y justamente por ser tan simple puede aplicarse a muchos casos y ser usada con una gran variedad de sensores, máquinas y programas informáticos. 

Esto hace que la técnica de biofeedback pueda tener varias utilidades dependiendo de la forma que adopte. Estos son sus diferentes tipos.

1. Neurofeedback

Gracias al neurofeedback los pacientes son informados sobre el modo en el que se activa su cerebro en ciertas situaciones. Esto hace posible que el paciente relacione las experiencias subjetivas acerca de lo que siente y piensa con la retroalimentación que le aportan las máquinas, teniendo así una referencia acerca de en qué momentos y situaciones se realizan progresos y cuándo no.

El neurofeedback es el nexo más evidente entre la aplicación del biofeedback y la psicología, ya que las mediciones aportan información sobre el estado del encéfalo. Sin embargo, también hay otros dos tipos de biofeedback.

2. Registro del sistema nervioso somático

Este es el tipo de biofeedback en el que los sensores recogen información sobre el sistema nervioso somático, que es el que transmite órdenes voluntarias desde el cerebro hacia los músculos. Así, este método permite registrar información relativa al tono muscular, fundamentalmente a través de un método llamado electromiograma.

3. Registro del sistema nervioso autónomo

El sistema nervioso somático es el que transmite órdenes relativas a acciones involuntarias, como la regulación del ritmo cardíaco, de la temperatura corporal o del tipo de sustancias segregadas en el sistema digestivo, entre otros. Por eso, utilizar sensores sobre él permite controlar mejor estos procesos y corregirlos cuando hay desequilibrios.

¿Cómo se utiliza el biofeedback?

Las sesiones de biofeedback siempre están supervisadas por un terapeuta que guiará todo el proceso, desde la fijación de objetivos hasta el transcurso de cada una de las sesiones (que duran menos de una hora). 

Al principio se elige la función fisiológica sobre la que se quiere intervenir, se mide cómo reacciona antes de las sesiones, y se plantean los objetivos. Luego, se realizan las sesiones de biofeedback que suelen estar planteadas como si formasen parte de un entrenamiento en el que el papel más claramente activo lo tiene el paciente. Finalmente se comparan los resultados obtenidos con los objetivos marcados.

En ocasiones, el paciente puede seguir utilizando la técnica de biofeedback fuera de consulta una vez se la ha proporcionado los instrumentos necesarios y ha aprendido a usarlos sin pedir ayuda. Sin embargo, aunque el terapeuta no esté presente en estos casos, podrá consultar los registros obtenidos por los sensores para ver los progresos que se han hecho.