Ideas surgidas de la Psicología Humanista. Unsplash.

¿Te has preguntado alguna vez qué es la felicidad? Es probable que tu respuesta coincida con algo material, como tener dinero. Pero también puede darse el caso de que tu respuesta se relacione con la satisfacción de algún objetivo que te hayas planteado, como terminar un grado; o de conseguir tu más alto deseo, como vivir en Miami. Qué grato sería conseguirlo, ¿verdad?

Pero, ¿te has parado a pensar si realmente necesitas conseguirlo para ser feliz? ¿Cuál es el precio que estás pagando para ello?

Hablando de Necesidades

Desde la Teoría de la Motivación Humana de Maslow (1943), autor perteneciente a la corriente humanista de la psicología, los seres humanos tenemos una serie de necesidades universales. Satisfacer todas ellas nos llevaría a un estado de completo bienestar personal y, con ello, alcanzar la felicidad. Para satisfacer estas necesidades, surgen los impulsos y las motivaciones. De esta forma, Maslow propone una pirámide de necesidades.

  • Fisiológicas: base de la pirámide. Necesidades biológicas que aseguran la supervivencia, como comer o dormir.
  • Necesidad: más relacionadas con la sensación de confianza y tranquilidad.
  • Afiliación: necesidades sociales relacionadas con el entorno familiar, social, etc.
  • Reconocimiento: lograr prestigio, reconocimiento, etc.
  • Auto-realización: cúspide de la pirámide. Relacionado con el desarrollo espiritual o moral, búsqueda de una misión en la vida, deseo de crecer, etc.

La felicidad en el mundo actual

Estas necesidades mueven nuestra motivación. Así, según este autor, la felicidad se alcanzaría a través de la satisfacción de todas ellas. Y, aunque existen algunas controversias, parece que la Pirámide de Maslow está bastante extendida entre la población. El problema llega cuando comúnmente equivocamos el concepto de auto-realización con el máximo alcance de nuestras metas y nos enfocamos únicamente en eso dejando de lado otras necesidades o motivaciones.

El momento actual que atravesamos se caracteriza por la idea colectiva de que “todo esfuerzo tiene su recompensa”. De esta manera, la idea de esfuerzo constante junto al mundo en cierta manera competitivo en el que vivimos, puede despertar otra similar: “si queremos llegar lejos, debemos ser los mejores”. Y es así como, de una forma u otra, comenzamos a sumergirnos en una espiral de afán de logro que nunca se ve completamente satisfecha.

Un ejemplo muy característico son aquellos padres que inculcan a sus hijos que mejor que el 8 es el 9 y que, a pesar de haber sacado un 8, deben esforzarse para mejorar hasta conseguir subir de nota. Y después del 9, llega el 10. Es como si tuviéramos que llegar siempre a lo más alto.

De esta forma, establecemos desde pequeños unas reglas internas a través de las cuales categorizamos nuestros logros: importantes y menos importantes. Esta etiquetación y la persecución de objetivos podría resultar adaptativa, pues dota de sentido a nuestras vidas.

Pero, ¿en realidad nos estamos “auto-realizando”? En el momento en el que dejamos de hacer las cosas que nos gustan de forma permanente para dedicarnos por completo a este esfuerzo académico o laboral, surge la auto-esclavitud, por decirlo de alguna manera. Es decir, hemos pasado de luchar por nuestros intereses y nuestros objetivos de una manera saludable, para convertirnos en esclavos de ellos. Vamos perdiendo de forma gradual todo aquello que también nos producía gratificación, como salir al cine, estar con amigos o pasear por un parque.

¿Cómo podemos evitarla?

Algunas recomendaciones son los siguientes.

1. No dejar de hacer lo que siempre nos ha gustado hacer

Si bien es cierto que nuestro trabajo puede gustarnos tanto que casi se convierte en nuestro hobbie, debemos intentar tener otro tipo de ocio alternativo que permitan relajarnos y desconectar, como leer novelas, ver películas, salir a correr, etc.

2. Plantearnos objetivos realistas y secuenciales

Es la clave para no frustrarnos.

3. Tomarnos descansos

No solo para realizar otras tareas sino, simplemente, para estar con nosotros mismos. La meditación puede ser una buena vía de descansar y, además, puede producirte muchos otros efectos positivos.

4. Planificar y organizar el tiempo

Es importante tener en cuenta que, si nos planificamos bien, podremos encontrar tiempo para hacer lo que nos apetezca en ese momento.

5. Aceptarnos

Cada uno de nosotros tenemos unas limitaciones y características únicas. Acógelas y saca provecho de tus cualidades.

Referencias bibliográficas:

  • Maslow, A. H. (1943). A Theory of Human Motivation. Psychological Review, 50, 370-396.