El nombre de Carl Rogers es ampliamente conocido en el mundo de la psicología. Uno de los pioneros de la psicología humanista y creador de la terapia centrada en el cliente, sus contribuciones le hicieron incluso merecedor de la presidencia de la APA. Conocer la vida de este autor puede resultar de gran interés, y es por ello que en este artículo vamos a realizar un resumen de la biografía de Carl Rogers.

Breve biografía de Carl Rogers

Carl Ransom Rogers nació el día de enero de 1902 en Oak Park, Chicago, siendo el cuarto de seis hermanos. Sus padres fueron Walter Rogers (ingeniero civil) y Julia Rogers (ama de casa), siendo el cuarto de seis hermanos. La familia tenía fuertes convicciones cristianas y evangélicas, siendo la religión importante en el desarrollo madurativo e intelectual del autor. La vinculación familiar era positiva y estrecha, inculcando los padres valores como la importancia del esfuerzo y la perseverancia.

Cuando tenía doce años su familia compró una granja y se trasladó a ella, transcurriendo en ella su adolescencia y adquiriendo Rogers un gran interés en la agricultura y la biología, participando activamente en el cuidado de los animales y leyendo a menudo literatura científica vinculada a dicho sector.

Años de formación y matrimonio

En 1919 se inscribió en la Universidad de Wisconsin en la carrera de Agricultura. Sin embargo, a lo largo de sus estudios y tras la asistencia a diversas jornadas religiosas decidió virar su interés y sus estudios hacia la teología y la historia.

En 1922, durante su penúltimo año de estudios, fue escogido para participar en una conferencia internacional de la Federación Mundial de Estudiantes Cristianos en China. Durante la estancia en el continente asiático y en la conferencia pudo observar una gran diversidad de creencias y el enfrentamiento aún existente entre los miembros de los países involucrados en bandos opuestos durante la Primera Guerra Mundial. Este viaje haría que Rogers se replanteara su concepción de la vida. Tras su vuelta, se gradúa en Historia.

Durante sus años universitarios retomaría el contacto con Ellen Elliott, una antigua compañera de primaria de quien se enamoraría y con quien terminaría por casarse en 1924. Tras ello y una vez terminados sus estudios la pareja se mudó a Nueva York, donde Rogers se inscribiría en el “Union Theological Seminary”. Allí proseguiría sus estudios sobre teología y filosofía a la par que empezaría a asistir a diferentes cursos de la Escuela de Maestros de la Universidad de Columbia. En estos últimos descubrió y se interesó por aspectos vinculados a la psicología.

Tras concluir en uno de los seminarios que su camino y su filosofía no se adscribían a la religión (si bien conservaba el interés por aspectos como el significado de la vida), decidió abandonar la carrera de teología. Asimismo se inscribiría en la Universidad de Columbia para estudiar Psicología, concretamente en el programa de psicología clínica, y empezaría a trabajar con menores en el Instituto para la Orientación Infantil de Nueva York. Obtuvo el título de máster en 1928, y el doctorado en Psicología en 1931.

Vida profesional, terapia  y psicología humanista

Durante el año 1928, fue contratado en la Sociedad de Rochester para la Prevención de la Crueldad Infantil, en el que trabajaría aspectos como la prevención de los delitos en jóvenes en riesgo de exclusión social y con distintas problemáticas y del que llegaría a ser nombrado director. En este lugar trabajaría durante doce años, observando y trabajando con múltiples pacientes. 

En Rochester observó en diversas ocasiones que en el trabajo con pacientes es el propio cliente quien más sabe qué le afecta y dónde se encuentran sus problemas, a menudo sabiendo qué dirección debe tomarse para resolverlos. También intentó apresurarse a presentar propuestas sobre formas de terapia.

En 1940 fue contratado por la Universidad Estatal de Ohia como docente, tras la publicación de su primer libro “Clinical Treatment of the Problem Child” el año anterior. El mismo año empezaría a realizar conferencias, resultando remarcable la realizada en la Universidad de Minesotta en la que establecería las bases de la terapia no directiva. Rogers planteaba que el usuario de los servicios del psicólogo no era paciente sino cliente (lo que supone que el sujeto no se limita a recibir la intervención sino que es un sujeto activo y el artífice de su propia recuperación) y que el papel del terapeuta es ayudar al cliente de una forma no directiva, como un apoyo a la propia actividad del sujeto.

En 1945 fue invitado a crear un centro asistencial en la Universidad de Chicago, aprendiendo conforme pasaba el tiempo a establecer relaciones útiles, cercanas y terapéuticamente productivas con sus pacientes. Debido a sus numerosas contribuciones en 1947 fue nombrado presidente de la American Psychological Association (APA). A lo largo de 1951 publicaría “Psicoterapia centrada en el cliente”, en la que el autor desarrolla su conocida teoría en la que remarca el papel de la capacidad de cada uno de nosotros para lograr el crecimiento y el cambio personal.

Rogers volvió a la Universidad de Wisconsin en 1957, donde ejercería de profesor del departamento de psicología a la par que realizaría programas de investigación con población esquizofrénica. Sin embargo diferentes conflictos en dicho departamento provocaron que el autor se desencantara con el mundo universitario. En 1964 se le ofreció un puesto como investigador en La Jolla, lugar donde residió y trabajó hasta su muerte.

Muerte y legado

Durante sus últimos años de vida Carl Rogers siguió investigando y publicando diferentes obras de gran calado, además de realizar trabajo en la práctica clínica y diversas conferencias.

En febrero de 1987 Rogers se fracturó la cadera en una caída que hizo que tuviese que someterse a una intervención quirúrgica. La intervención fue un éxito, pero poco después padeció un paro cardíaco. Carl Rogers falleció el 4 de febrero de 1987 en San Diego, California.

El legado de Rogers es amplio. Se trata de uno de los autores pioneros de la psicología humanista, altamente interesado en el desarrollo personal y en la posibilidad de la propia persona de regir su vida y evolucionar. Además de ello destaca la concepción de la terapia centrada en el cliente, la importancia dada a la interacción entre terapeuta y paciente y el hecho de proponer una terapia no directiva, que supusieron una revolución en su época. Muchos de sus métodos se siguen aplicando a día de hoy, o bien han servido de inspiración para otros autores.