El concepto de metacognición es usualmente usado en el ámbito de la psicología y las ciencias de la conducta y de la cognición para hacer referencia a la capacidad, posiblemente solo encontrada en los humanos, de atribuir pensamiento propio, ideas y juicios a las otras personas.

El concepto de metacognición

A pesar de que la metacognición es un concepto de uso muy habitual en los círculos científicos y entre la comunidad académica, actualmente no es un término aceptado por la Real Academia Española de la Lengua (RAE).

Existe sin embargo un consenso entre los académicos de la psicología cognitiva a la hora de definar la metacognición como una capacidad innata en los seres humanos. Esta habilidad nos permite comprender y ser concientes de nuestros propios pensamientos, pero también de la capacidad de otros para pensar y enjuiciar la realidad. 

La metacognición, relacionada con el concepto de teoría de la mente, también nos habilita para anticipar el comportamiento propio y ajeno a través de la percepción constante de las emociones, actitudes y sentimientos de los demás, lo cual permite formular hipótesis sobre cómo actuarán en el futuro.

Investigaciones principales

El concepto de metacognición ha sido ampliamente estudiado por las ciencias cognitivas, y su importancia enraíza en ámbitos como el de la personalidad, el aprendizaje, el autoconcepto o la psicología social. Varios académicos destacan en este campo.

Bateson y la metacognición en animales

Entre estos expertos, es fundamental nombrar al antropólogo y psicólogo inglés Gregory Bateson, quien inició los estudios sobre la metacognición en animales. Bateson se dio cuenta de que los perros solían jugar entre ellos simulando pequeñas e inofensivas peleas y detectó que, a través de distintas señales, los canes tomaban conciencia de estar ante una pelea ficticia (un simple juego) o bien se encontraban ante una pelea real y potencialmente peligrosa.

La metacognición en humanos

En cuanto a los humanos, la metacognición empieza a aparecer ya en etapas tempranas del desarrollo, durante la niñez. Entre los tres y los cinco años de edad, los niños empiezan a mostrar respuestas concretas que, en ojos de los investigadores, corresponden a la activación de su capacidad para realizar la metacognición. Los expertos señalan que la metacognición es una capacidad que se encuentra latente en el ser humano desde su nacimiento, pero que solo logra ‘activarse’ cuando la etapa madurativa del niño alcanza las condiciones apropiadas, amén de una correcta estimulación de sus habilidades cognitivas.

Después de la etapa infantil, los humanos empleamos de forma constante la metacognición, y esto nos permite anticipar las actitudes y conductas de otras personas. Aunque, por supuesto, usamos la metacognición de forma inconsciente.

Psicopatologías relacionadas con la ausencia de metacognición

En algunas circunstancias, la metacognición no se desarrolla adecuadamente. En estos casos, la ausencia o las dificultades para activar la metacognición se deben a la presencia de ciertas psicopatologías. Este diagnóstico puede realizarse a través de ciertos criterios de evaluación diseñados para este fin.

Cuando los niños no desarrollan la metacognición de forma normativa, puede deberse a distintas causas. Hay expertos que señalan que el autismo podría ser causado por disfunciones en la teoría de la mente.

Teorías que abordan la metacognición

La metacognición y la teoría de la mente han sido abordadas de forma constante por la psicología. En términos generales, se suele definir el concepto como el modo en que los individuos razonamos y aplicamos el pensamiento a reflexionar (inconscientemente) sobre el modo en que los demás actúan. La metacognición, por tanto, nos permite aprehender algunos aspectos sobre nuestro entorno y nos permite reflexionar, dotándonos de mejores herramientas para llevar a cabo nuestros deseos e ideas.

La metacognición también es una habilidad que nos permite gestionar un amplio conjunto de procesos cognitivos, desde los más simples hasta otros verdaderamente complejos.

John H. Flavell

Uno de los autores más citados en torno al concepto de metacognición y de teoría de la mente es el psicólogo del desarrollo estadounidense John H. Flavell. Este experto en psicología cognitiva, que fue discípulo de Jean Piaget, es considerado uno de los pioneros en el estudio de la metacognición. Según Flavell, la metacognición es la forma en que los seres humanos comprendemos las funciones cognitivas propias y ajenas, adelantándonos a las intenciones, ideas y actitudes de los demás.

Constructivismo

La escuela constructivista propone ciertos matices en torno al concepto de metacognición. Señala, de entrada, que el cerebro humano no es un simple receptor de inputs perceptivos, sino que también es un órgano que nos permite crear estructuras psíquicas que acaban constituyendo, por ejemplo, nuestra personalidad, a través de nuestros recuerdos y conocimientos.

Según el constructivismo, pues, el aprendizaje está vinculado a la historia personal y subjetiva del individuo, así como por su forma de abordar e interpretar (dar sentido) a los conocimientos que va adquiriendo. Estos conocimientos incluyen aquellos que hacen referencia a lo que uno mismo cree que saben los demás, lo que pretenden, etc. De este modo uno u otro estilo de metacognición tiene implicaciones en la manera en la que el individuo aprende a integrarse en los espacios sociales.

Metacognición y aprendizaje: “aprender a aprender”

El concepto de metacognición también se emplea habitualmente en el ámbito de la psicopedagogía y la docencia. En los procesos implicados en el aprendizaje, el sistema educativo debe tratar de enfatizar las capacidades personales de cada estudiante que se relacionan con la forma en que aprende y entiende los conceptos. En este sentido, es interesante formular un currículo educativo que sea permeable a las necesidades cognitivas de los alumnos y que estimule esta capacidad.

Una de las formas de potenciar la metacognición en el aula consiste en desarrollar un estilo docente que tenga en cuenta las habilidades, capacidades y competencias cognitivas, así como la gestión emocional de los estudiantes, de modo que se logre una mejor conexión entre el alumno y el objeto de estudio, fomentando el aprendizaje significativo. Este estilo de aprendizaje tiene que ir de la mano de un trato personalizado al alumnado.

Así pues, la teoría de la mente y la metacognición nos pueden ayudar a entender y hacer más eficiente nuestro aprendizaje, a través de la planificación y de la evaluación de nuestra forma de abordarlo.

Referencias bibliográficas:

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