Diversos estudios recientes han observado que algunas aves (córvidos y loros) han desarrollado una serie de instrumentos cognitivos comparables a los de ciertos primates y otros grandes mamíferos.

A pesar de que culturalmente muchos animales alados hayan sido catalogados como seres “inteligentes” y “resolutivos” por la población general desde tiempos antiguos, lo cierto es que el ser humano siente más fascinación por lo que más se asemeja a él, y por ello la mayoría de experimentos en lo que a etología y comportamiento animal se refiere se han dirigido a grandes primates en cautiverio.

Esto deja una pregunta en el aire de muy difícil respuesta: ¿tienen los pájaros autoconciencia? Desde un punto de vista completamente empírico y con una mirada crítica, vamos a tratar de interpretar lo que se sabe sobre este tema.

¿Tienen los pájaros autoconciencia? El dilema de la humanización

La etología es la rama de la biología y de la psicología experimental que estudia el comportamiento de los animales, ya sea en una situación de libertad o en condiciones de laboratorio. Esta disciplina científica se trata de un arma de doble filo, pues ciertamente la interpretación de los resultados empíricos depende, en gran medida, de la persona que los observa.

Es por ello que el ser humano ha sido culpado en múltiples ocasiones de “humanizar” a los animales. Cuando vemos un video viral de un gato masajeando el cadáver de otro felino que ha sido atropellado, ¿estará tratando de reanimarlo, o simplemente se está acomodando en una superficie peluda que aún permanece caliente? Aunque suene cruel, en muchos casos los mecanismos evolutivos no entienden de empatía y comprensión.

Por esta razón, y dado que nos movemos en una superficie de conocimiento “de cristal”, es necesario que acotemos el término conciencia en sí mismo antes de continuar.

Sobre la conciencia

Según la Real Academia Española de la lengua, una de las acepciones más adecuadas del término sería “una actividad mental del propio sujeto que permite sentirse presente en el mundo y en la realidad”, o lo que es lo mismo, la capacidad del individuo de percibir objetos externos y diferenciarlos de acontecimientos producto de su funcionamiento interno.

Este complejo término engloba a otras ideas, pues existen otros eventos psicológicos que se usan en ocasiones como sinónimos o relacionados. Te ponemos algunos ejemplos:

  • Conciencia de lo que te rodea (awareness): capacidad de percibir objetos, eventos y patrones sensoriales. En biología se trata de la respuesta cognitiva a un evento.
  • Autoconocimiento: la capacidad de un individuo de separarse del entorno y de otros seres vivos, así como la habilidad de introspección.
  • Autoconciencia: un tipo agudo de autoconocimiento, donde surge la preocupación y reflexión por el estado individual.
  • Sintiencia: la capacidad de percibir o experimentar situaciones o eventos de forma subjetiva.
  • Sapiencia: la habilidad de un organismo para actuar con un juicio apropiado, característica propia de un individuo con inteligencia.
  • Qualia: las cualidades subjetivas de las experiencias individuales.

Como podemos observar, estamos ante un batiburrillo terminológico que escapa a la etología clásica y se encuentra sumergido en las raíces de la filosofía humana. Por ejemplo, términos como el autoconocimiento y la autoconciencia son intercambiables en muchos casos según quién los utilice. Dejamos a los lectores el juicio de aceptar o no esta variedad terminológica.

La importancia de la diferenciación del ser

No cabe duda de que en el mundo animal la autodiferenciación frente a elementos externos ha de estar presente en todos los seres vivos (al menos vertebrados). Por ejemplo, esta discriminación se realiza a nivel fisiológico de forma continua, pues el sistema inmune de los animales identifica a los elementos externos del propio ser y los combate, como pueden ser virus y bacterias perjudiciales para el hospedador.

No todo se resume a un ámbito celular, pues también es esencial la diferenciación entre seres de otras especies y conespecíficos a la hora de interactuar con el entorno. Si una presa no es capaz de diferenciar a su propia especie de potenciales depredadores, ¿cómo podría existir la supervivencia? Desde luego, sin esta capacidad de diferenciación tan basal, la selección natural y la evolución tal y como las conocemos a día de hoy no existirían.

Pero de diferenciar un peligro a la autoconciencia hay varios miles de kilómetros figurativos de distancia. Por suerte, existen algunos tipos de experimentos que tratan de acotar estos límites y acercarnos a respuestas relativamente definitivas.

El experimento del espejo

Uno de los tests más comunes a la hora de cuantificar el nivel de autoconciencia en los animales es la prueba del espejo. Diseñado por Gordon G. Gallup, este experimento se basa en colocar algún tipo de marcaje sobre el animal que este no pueda percibir al mirar su cuerpo, pero que sí se encuentre reflejado en su figura al ser expuesto a un espejo.

La respuesta primaria usual en el animal suele ser tratar a su propio reflejo como si se tratara de otro individuo, mostrando ante el espejo respuestas de defensa u otras pistas sociales. Tras esto, de todas formas, ciertos animales como primates superiores, elefantes o delfines terminan “comprendiendo” que esa figura se trata de ellos mismos, y utilizan el espejo para explorar partes de su cuerpo que no habían podido ver con anterioridad o para tocar la zona marcada, reconociéndose así que son capaces de correlacionar la modificación estructural que han sufrido con el cuerpo que se ve reflejado en el cristal.

En lo que a las aves se refiere, sólo las urracas y los cuervos de la India han pasado este test con éxito, no sin diversas controversias a tener en cuenta. Algunos autores tachan a este experimento de ser etológicamente inválido y basado en una metodología con fallos. Para ellos, esta prueba de autorreconocimiento en el espejo no es más que una respuesta sensomotora basada en estímulos kinestésicos y visuales. Cabe destacar que el resto de aves puestas a prueba no llegaron a pasar este test con resultados positivos.

Esto significa que los pájaros no tienen autoconciencia en general más allá de dos o tres especies aisladas, ¿verdad? Desde luego que no. Por ejemplo, en experimentos con loros grises se ha observado que a la hora de discriminar objetos, en algunas ocasiones, son capaces de apoyarse en el reflejo del espejo para obtener más información en lo que a la diferenciación espacial se refiere. Es decir, los loros son capaces de entender (al menos hasta cierto punto) la diferencia entre la visión directa de un objeto y la que se percibe a través de un espejo.

Otro ejemplo es el de la respuesta de ciertos córvidos ante la presencia de su propio reflejo. En el ambiente natural, estas aves tienden a esconder su comida más veces cuando son observadas, ya que el riesgo de que el alimento sea robado por otro conespecífico es más alto. Cuando a estos córvidos se les otorgaba comida frente a un espejo, estos mostraban conductas típicas en un momento de soledad a la hora de manipular el alimento. Si estos animales no fueran conscientes hasta cierto punto de su “propio ser”, se apresurarían a proteger su comida por miedo a que el individuo reflejado se la robara, ¿verdad?

Un mar de consideraciones

A pesar de que el experimento del marcaje y el posterior reconocimiento del cuerpo del individuo en el reflejo del espejo haya dado resultados desastrosos en casi todas las especies de aves, ciertos pájaros han demostrado que son capaces de utilizar espejos y su propio reflejo en investigaciones de metodología compleja.

Diversas fuentes científicas postulan, por lo tanto, que esta prueba puede no ser la adecuada en el mundo de las aves. Quizá estas no sean capaces de percibirse a sí mismas en el espejo, o quizá sus peculiaridades morfológicas y comportamentales (como por ejemplo la ausencia de brazos) les impidan traducir su proceso mental de forma satisfactoria. Si se prueba la capacidad de adaptación de un pez al medio ambiente poniéndolo a escalar un árbol, seguramente el resultado postulado sea que este animal es el peor adaptado de la Tierra ante cualquier ecosistema.

Conclusiones

Como podemos observar, a la pregunta de si tienen los pájaros autoconciencia, no podemos otorgar una respuesta segura y fehaciente. Sí, las urracas han pasado el test del reflejo y por ello en varios núcleos científicos se considera que son autoconscientes, pero cada vez existen más detractores y escépticos ante esta metodología.

Por otra parte, esto no quiere decir ni mucho menos que se ponga en duda la capacidad cognitiva de las aves. Muchas de ellas son capaces de resolver problemas complejos y muestran capacidades neurológicas similares a las de diversos primates, y cuanto más se refinan los métodos de investigación, más se asienta que la conciencia en el mundo animal está más extendida de lo que en un principio creíamos.

Referencias bibliográficas:

  • Baciadonna, L., Cornero, F.M., Emery, N.J., & Clayton, N.S. (2020). Convergent evolution of complex cognition: Insights from the field of avian cognition into the study of self-awareness. Learning & Behavior, 1-14.
  • Derégnaucourt, S., & Bovet, D. (2016). The perception of self in birds. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 69, 1-14.