Efecto Cenicienta: ¿qué es y cómo describe las relaciones con los hijos?

¿Tratamos peor a los hijastros que a los hijos biológicos? Veamos qué es el efecto Cenicienta.

Luis Martínez-Casasola Hernández

Luis Martínez-Casasola Hernández

Efecto Cenicienta

Generalmente los padres aman a sus hijos por encima de todo. Pero, ¿ocurre lo mismo si se trata de hijastros en lugar de hijos genéticos?

Esta cuestión ha generado décadas de intenso debate y estudios. Vamos a ver qué tiene que decir el efecto Cenicienta al respecto y si existe una respuesta clara a la cuestión que planteamos o por el contrario los expertos han de seguir investigando.

¿Qué es el efecto Cenicienta?

A partir de los años 70 del siglo XX, una serie de investigadores comenzaron a hacerse la pertinente pregunta de si los padres y madres se comportaban igual tanto con sus hijos biológicos como con sus hijastros, es decir, los vástagos de sus parejas. De hecho, sus estudios no solo buscaban una sutil diferencia en el trato, sino que iban mucho más allá e investigaban si era más frecuente el maltrato infantil, e incluso el filicidio, en estos casos.

A raíz de esta cuestión se acuñó el término de efecto Cenicienta, que consistiría en un fenómeno por el cual tanto padrastros como madrastras mostrarían una tendencia a un peor trato hacia los hijastros en comparación con sus hijos naturales. No solo eso, sino que además, en algunos casos, la diferencia de trato sería tan significativa que la relación con los hijastros se podría calificar de maltrato.

Obviamente los autores que mantienen que el efecto Cenicienta existe, no afirman que este se dé en todos los casos y por lo tanto todos los padrastros y madrastras sean inherentemente unos maltratadores, ni mucho menos. Lo que sugieren es que existe mayor tendencia de maltrato entre padrastros e hijastros que entre padres e hijos biológicos. Pero, ¿es realmente así? ¿Existe el efecto Cenicienta o no hay datos que lo sustenten?

Lo cierto es que el debate está abierto. Para ello tenemos que realizar un recorrido por los principales estudios que se han realizado acerca de esta cuestión, tanto de autores a favor de la existencia del efecto Cenicienta, como de los que están en contra. Solo entonces podremos extraer algunas conclusiones al respecto.

Posturas a favor del efecto Cenicienta

La postura a favor de la existencia del efecto Cenicienta comenzó con las investigaciones de los autores canadienses, Margo Wilson y Martin Daly. Han recogido sus conclusiones en un volumen titulado La verdad sobre Cenicienta, una aproximación darwiniana al amor parental. Estos psicólogos han dedicado muchos años a estudiar las variables que subyacen a la violencia intrafamiliar, especialmente la que se da de padres a hijos.

De entre todas las conclusiones a las que han llegado a lo largo de sus investigaciones, hay una que resulta especialmente demoledora y a la vez es la que sustenta el efecto Cenicienta. Wilson y Daly concluyen que el mayor factor de riesgo que sus estudios han hallado para predecir el maltrato infantil no es otro que la convivencia entre hijastros y padastro o madastra.

Por supuesto, esta afirmación no está exenta de polémica y otros autores han tratado de desmentirla, pero eso lo veremos más adelante. Según los estudios de Daly y Wilson, los casos de infanticidio registrados por parte de padrastros varones respecto a sus hijastros, son nada menos que 100 veces superiores a los que se dan entre padres e hijos biológicos. Parece una cantidad realmente escandalosa, pero hay que analizarla más en profundidad.

La clave es que en realidad el infanticidio por parte de un progenitor hombre es un fenómeno muy aislado, por lo que aunque exista esa enorme desporporción entre las dos tipologías, no quiere decir que sea un crimen que ocurra con frecuencia. Aún así, no deja de parecer impactante la fuerza que tendría este supuesto efecto Cenicienta, incluso en los casos más graves de maltratos, como son aquellos que conducen a la muerte.

La clave, por lo tanto, no estaría en las cifras absolutas, que como hemos visto, en realidad son muy bajas. Los detalles que fundamentarían el efecto Cenicienta tendrían más que ver con las proporciones relativas entre ambas casuísticas y la diferencia significativa que encontramos entre ellas. Es ahí donde reside el quid de la cuestión.

¿Por qué ocurre este fenómeno psicológico?

Hemos descrito en qué consiste el efecto Cenicienta y también hemos repasado los argumentos de los principales autores que afirman que este fenómeno existe. Ahora vamos a indagar en las hipotéticas causas biológicas y psicológicas de este asunto. Aquí entra en juego una cuestión que puede resultar controvertida, pero también es cierto que la biología no entiende de controversias.

En ese sentido, desde un punto de vista evolutivo y dejando por un momento de lado todo lo relativo a la ética y a los constructos sociales que la sociedad humana ha creado durante muchas generaciones, el coste biológico de criar a un hijo que no comparte los propios genes, es desmesurado. ¿Por qué? Porque el individuo estaría dedicando todos los recursos de los que dispone para salvaguardar la existencia de una criatura que no porta sus genes y por lo tanto no los perpetuará.

Esta afirmación puede parecer muy impactante pero recordemos que estamos analizando la cuestión del efecto Cenicienta desde un prisma meramente biológico, sin ninguna pátina de moralidad que nos permita realizar un juicio de valor al respecto. A través del argumento de la biología, algunos investigadores afirman que en los casos de madrastra o padrastro e hijastro, podría resultar más complicado generar el vínculo de apego que, salvo excepciones, se da entre padres e hijos biológicos.

Otros autores lo analizan desde el punto de vista de la economía, que en realidad, al hablar de los recursos y el reparto que se hace de ellos, conecta tanto con la biología como con la psicología. Así, el economista Gary Becker, diseñó un algoritmo para predecir qué tipo de parejas humanas tenían una mayor tasa de divorcio, contemplando variables como matrimonios e hijos previos y también si la mujer se encuentra en edad reproductiva.

Según dicho algoritmo, lo que Becker afirma es que las parejas con hijos en común tienen una menor probabilidad de divorciarse que aquellas que cuentan con hijos biológicos de una sola de las partes. De alguna manera el efecto Cenicienta podría estar actuando en este caso, ya que el vínculo entre los progenitores y los hijastros se estaría dando con una menor intensidad que en el caso de matrimonios con hijos biológicos de ambos.

Postura en contra del efecto Cenicienta

Hemos profundizado en algunas de las bases que algunos autores esgrimen para justificar la existencia del efecto Cenicienta, pero aún nos falta escuchar a la otra parte. Y es que hay muchos investigadores que, por el contrario, mantienen que este fenómeno en realidad no existe o bien su efecto es mucho menor del que autores como Wilson y Daly han afirmado con sus trabajos.

Es el caso, por ejemplo, de David Buller. Se trata de un filósofo estadounidense que critica las investigaciones de estos dos autores y mantiene que las conclusiones a las que han llegado no son válidas puesto que tienen una serie de sesgos que invalidan los resultados. En este sentido, Buller afirma que la mayor problemática de los estudios realizados es que están basados en una serie de documentos de carácter oficial que han sido transcritos por funcionarios sin unas pautas claras para recoger los datos necesarios.

Por su parte, Hans Temrin ha dedicado varios años de su carrera a realizar trabajos que demuestren que los estudios de Wilson y Daly llegaron a conclusiones equivocadas y por lo tanto el efecto Cenicienta no puede existir como tal. Sin embargo, el autor Steve Stewart-Williams, discípulo de dichos investigadores, afirma en su obra, El simio que entendió el universo, que es Temrin el que comete errores metodológicos en sus trabajos y por eso no ha sido capaz de replicar los resultados.

Entonces, ¿existe realmente el efecto Cenicienta?

Tras un repaso a las posturas de los dos bloques de autores enfrentados acerca de la existencia o no del efecto Cenicienta, podemos hacernos una idea de lo complicado que es inclinarse en uno u otro sentido. Se trata de un fenómeno complejo y además muy polémico que sin duda requiere de la realización de más estudios que permitan obtener la información necesaria para poder responder a la pregunta sin lugar a duda.

Por lo tanto y hasta entonces, el saber si hay un efecto Cenicienta o no va a depender de la validez que otorguemos a unos u otros estudios, pues a día de hoy sigue siendo un tema totalmente abierto.

Referencias bibliográficas:

  • Daly, M., Wilson, M. (2005). The 'Cinderella effect' is no fairy tale: Comment. Trends in Cognitive Sciences.
  • Daly, M., Wilson, M. (2007). Is the 'Cinderella Effect' controversial. Foundations of evolutionary psychology. Taylor & Francis.
  • Stewart-Williams, S. (2018). The ape that understood the universe: How the mind and culture evolve. Cambridge University Press.
  • Temrin, H., Nordlund, J., Rying, M., Tullberg, B.S. (2011). Is the higher rate of parental child homicide in stepfamilies an effect of non-genetic relatedness? Current Zoology.
  • Tooley, G.A., Karakis, M., Stokes, M., Ozanne-Smith, J. (2006). Generalising the Cinderella Effect to unintentional childhood fatalities. Evolution and Human Behavior. Elsevier.

Luis Martínez-Casasola (Madrid, 1988) se licenció en Psicología en la UAM y cuenta con un máster en Psicología Forense por la URJC y el COP de Madrid, así como con una especialización en recursos humanos. Tras varios años de experiencia en la redacción de contenidos web, ahora colabora como divulgador para medios especializados en el ámbito de la Psicología y la salud.

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