Los sesgos cognitivos son un tipo de efecto psicológico que hace que nos desviemos de la razón y emitamos juicios irracionales o inexactos. Existen muchos de ellos, pero aquí nos centraremos en uno de ellos: la maldición del conocimiento.

Como veremos, este sesgo hace que a menudo expliquemos las cosas presuponiendo que los receptores del mensaje disponen de más información de la que tienen realmente.

En este artículo explicaremos cómo se ha estudiado este sesgo y con qué otros sesgos cognitivos se relaciona. También veremos cuáles son sus consecuencias (sobre todo en el ámbito educativo) y cómo podemos actuar para frenarlo y potenciar un aprendizaje y un entendimiento más profundo en nuestros oyentes.

Maldición del conocimiento (sesgo cognitivo): ¿qué es?

La maldición del conocimiento es un sesgo cognitivo que aparece cuando una persona que se comunica con otra/s, sin darse cuenta presupone de que el otro o los otros disponen de los antecedentes necesarios (a nivel de información) para entender lo que le está explicando.

Es decir, esta persona presupone que las personas que la están escuchando, disponen de más información de la que tienen realmente.

Para entender mejor el efecto de la maldición del conocimiento, pongamos un ejemplo. Imaginemos un profesor que debe explicar un tema a alumnos principiantes en ese tema; es decir, a alumnos que realmente no tienen conocimiento del tema, y dicho profesor tiene dificultades para hacerlo, porque no es capaz de ponerse en su lugar.

A raíz de ello, explica las cosas presuponiendo que los alumnos ya tienen conocimientos previos del tema.

Consecuencias

¿Qué consecuencias tiene la maldición del conocimiento? Para empezar, que las personas que reciben la información no entiendan lo que se les están explicando, pero también que se produzcan malentendidos, que nos sintamos “tontos” como alumnos, que sintamos que no estábamos escuchando con suficiente atención, etc.

En cuanto a la persona que cae en la maldición del conocimiento (por ejemplo el docente), esta puede llegar a asumir que lo que está explicando es fácil de entender, claro y directo, aunque realmente no lo sea.

Así, tanto por el que explica como por el que recibe o escucha, se produce una interferencia, y todo ello puede desembocar en una instrucción deficiente (en el ámbito educativo), pero también en malentendidos en el ámbito más social (por ejemplo en una conversación entre amigos).

Origen

¿Cómo surgió el sesgo cognitivo de la maldición del conocimiento? Curiosamente, se trata de un concepto que no proviene de la psicología, sino que fue acuñado por tres economistas: Colin Camerer, George Loewenstein y Martin Weber.

Estos economistas publicaron sus aportaciones en relación a este concepto en el Journal of Political Economy. Concretamente, el objetivo de sus investigaciones era probar que los agentes que trabajan en el ámbito del análisis económico, y que disponían de mayor información, podían anticipar con mayor precisión el juicio de los agentes menos informados.

Investigación: sesgo de retrospectiva

La investigación de estos economistas se basó en otro trabajo, esta vez realizado por Baruch Fischhoff, un investigador estadounidense, en 1975.

Fischhoff lo que había investigado era otro sesgo cognitivo, esta vez denominado “sesgo de retrospectiva”, según el cual cuando conocemos el resultado de un determinado evento, pensamos que lo podríamos haber predicho más fácilmente que si no hubiéramos conocido dicho resultado.

Es decir, se trata de algo bastante irracional, ya que según el sesgo de retrospectiva, tenderíamos a pensar que podríamos haber predicho cosas solo por el hecho de conocer su resultado previamente.

Además, todo esto se produce de forma bastante inconsciente, y según los resultados de Fischhoff, los participantes de su investigación no sabían que sus conocimientos en relación al resultado final podían afectar a sus respuestas (y en caso de que lo supieran, no podrían ignorar los efectos del sesgo de retrospectiva).

¿Una cuestión de empatía?

Pero, ¿cómo se relaciona la maldición del conocimiento con este nuevo sesgo cognitivo? Básicamente, en esta investigación de Fischhoff, se observó cómo los participantes no podían reconstruir de forma correcta sus estados previos y menos informados. Esto se relaciona directamente con la maldición del conocimiento, pero, ¿cómo?

Para entenderlo con palabras más sencillas, Fischhoff lo que dijo fue que cuando tenemos conocimiento sobre algún tema o sobre algún resultado, es difícil imaginar cómo piensa otra persona que realmente no tiene dicha información, ya que nuestro estado mental se “ancla” en el estado inicial (retrospectivo) que conoce los resultados.

Así que, en cierta manera, el efecto de la maldición del conocimiento tiene que ver también con una falta de empatía, al menos a nivel cognitivo, ya que somos incapaces de ponernos en el lugar de la persona “no conocedora”, porque nos hemos instalado en nuestro estado, que es el de persona “conocedora” (que dispone de la información).

Aplicaciones

¿Cómo se “aplica” este fenómeno cognitivo en la vida diaria? Hemos visto cómo el sesgo cognitivo de la maldición del conocimiento aparece en ámbitos como la educación, aunque también en otros: en nuestra esfera más social, por ejemplo, cuando interactuamos en nuestro día a día con otras personas.

Así, cuando hablamos con otras personas, muchas veces presuponemos que entenderán lo que les explicamos porque disponen de una base previa de información que en realidad, no tienen. Esto puede originar interferencias en la comunicación, e incluso generar malentendidos.

En el ámbito de la educación, como ya vimos, también puede ocurrir; así pues, ¿cómo enseñar a los alumnos sin que el fenómeno de la maldición del conocimiento interfiera en su aprendizaje?

Básicamente, poniéndonos en su lugar, y partiendo de su estado inicial de información sobre el tema. Esto puede sonar sencillo pero no lo es. Requiere práctica y un ejercicio de “empatía cognitiva” importante.

Para ello podemos intentar volver al origen, es decir, al momento en el que nosotros, como docentes, tampoco disponíamos de dicha información. A partir de ello, el objetivo será explicar desde la base, sin presuponer, de forma consciente, que el alumno sabe más de lo que realmente sabe.

¿Cómo frenar la maldición del conocimiento?

Hemos visto algunas formas de evitar la maldición del conocimiento, pero ya que nos parece una cuestión interesante y muy práctica en el ámbito educativo, sobre todo, vamos a profundizar en este punto.

El profesor Christopher Reddy propone varias pautas para no caer en este sesgo y promover un aprendizaje más efectivo en los alumnos. Vamos a conocer estas pautas de forma muy resumida. ¿Cómo enseñamos para que el aprendizaje sea más profundo y duradero?

  • Creando una emoción previa agradable en el alumno.
  • A través de clases multisensoriales.
  • Enseñando de forma espaciada en el tiempo, para que el cerebro pueda procesar lo adquirido.
  • Explicando a través de la narración.
  • Utilizando analogías y ejemplos.
  • Utilizando la novedad y la sorpresa.
  • Proporcionando al alumno conocimientos previos sobre el tema.

Referencias bibliográficas:

  • Fischhoff, B. (2003). Hindsight ≠ foresight: the effect of outcome knowledge on judgment under uncertainty. BMJ Quality & Safety (en inglés), 12(4): 304-311.
  • Froyd, J. & Layne, J. (2008). Faculty development strategies for overcoming the "curse of knowledge". 2008 38th Annual Frontiers in Education Conference.
  • Kennedy, J. (1995). Debiasing the Curse of Knowledge in Audit Judgment. The Accounting Review, 70(2): pp. 249 - 273.
  • Muñoz, A. (2011). La influencia de los sesgos cognitivos en las decisiones jurisdiccionales: el factor humano. Una aproximación. InDret. Revista para el análisis del derecho.