La comunicación verbal ha sido la gran aptitud del ser humano, dado que en base a ella se sustenta prácticamente toda la cultura y el pensamiento de nuestra especie.

No solamente es comunicación verbal el acto de hablar, es decir, emitir oralmente palabras. También lo es el acto de escribir, dado que mediante la escritura también se transmite una información concreta. Sin embargo, el poseer unas habilidades verbales negligentes puede perjudicar significativamente a nuestra capacidad para transmitir el mensaje que queremos hacer entender a nuestra audiencia.

Es por ello que es muy importante aprender a cómo dominar la comunicación verbal, algo que veremos en el presente artículo, además de explicar brevemente qué es exactamente este tipo de comunicación y en qué se diferencia de la no verbal.

¿Qué es la comunicación verbal?

Se entiende por comunicación verbal al acto de transmitir información por medio de palabras, las cuales pueden emitirse de forma oral o escrita. Es decir, y a diferencia de lo que mucha gente cree, la comunicación verbal, además de ser el acto de hablar, es informar de forma escrita, usando palabras y frases con sentido.

Normalmente, cuando se habla de comunicación, se hace una distinción muy clara entre lo verbal y lo no verbal, como si del agua y el aceite se trataran. Pero lo cierto es que ambos tipos de comunicaciones humanas se necesitan mútuamente, dado que no es posible emitir un mensaje de forma plenamente eficaz e inequívoca confiando solamente en la comunicación verbal.

Cuando hablamos con alguien siempre nos fijamos en sus gestos faciales, movimientos de las manos, tono de voz… Estos aspectos propios de la comunicación no verbal pueden venir a indicar si lo que dice la persona está de acuerdo a lo que realmente piensa. Por ejemplo, si la persona nos dice que está muy calmada y, sin embargo, está moviendo constantemente las piernas nos está transmitiendo nerviosismo.

Lo que sí debe destacarse es que la comunicación verbal es una herramienta muy útil para la especie humana que, en caso de no dominarse convenientemente, puede dar paso a malentendidos. Si no se poseen unas buenas habilidades verbales, el mensaje que se trate de enviar no será bien captado por la audiencia, esté compuesta ésta por oyentes o lectores. Así pues, esta audiencia no entenderá el mensaje ni tampoco sabrá hacer las preguntas convenientes.

¿Cómo dominar la comunicación verbal?

Son varias las estrategias que se pueden poner en práctica para dominar la comunicación verbal. A continuación, veremos un listado de todas ellas con ejemplos clarificadores.

1. Empezar con buen pie

En muchas ocasiones, especialmente cuando se trata de un primer encuentro con otra persona, el cómo se transcurran los primeros minutos de la conversación marcarán profundamente la relación en el futuro.

Las primeras impresiones tienen un impacto muy significativo en la visión que se tiene de los demás, y la forma de hablar es un aspecto clave. Durante el primer contacto se debe ser amable y tratar de usar un tono calmado.

Independientemente del contexto en el que esté dándose la conversación, se debe tratar de hablar de temas más neutros y genéricos, para ir dando paso a aquellos asuntos en los que pueda haber una mayor polarización de opiniones.

2. Prepararse el tema

Para poder dominar la comunicación verbal, ya sea oral o escrita, es necesario tener un amplio dominio sobre el tema del que se va a hablar. Es muy importante documentarse antes de iniciar una conversación o empezar a escribir un texto.

Tanto si se trata de una conversación informal con los amigos como una exposición de final de carrera es muy importante prepararse el tema del que se va a hablar.

No es únicamente una cuestión de demostrar que se sabe del tema. Si, por ejemplo, se va a discutir sobre un asunto en concreto y se trata de convencer a los demás sobre nuestra postura, el uso de datos que conozcamos contribuye a dar fuerza a nuestra opinión.

3. Elegir las palabras apropiadas

Para facilitar la comprensión del público, se debe tratar de decir o escribir las palabras más adecuadas tanto al nivel como al tipo de oyentes o lectores a quienes se vaya dirigido el discurso.

Por ejemplo, a la hora de escribir un documento sobre psicología, si éste va enfocado a una audiencia no especializada en el tema, se debe evitar el uso de tecnicismos o, en caso de mencionarlos, describir exactamente qué son.

Por el contrario, si el mismo documento está dirigido a psicólogos y profesionales relacionados, en ese caso no hará falta describir cada término que se use, dado que se entenderá que la audiencia a quien van dirigidos ya los conoce.

Eligiendo las palabras apropiadas se podrá plasmar sobre la mente del receptor una imagen muy similar a la que hemos imaginado nosotros mismos en nuestra mente. En el caso de que el lenguaje sea vago o demasiado abstracto para la situación de la que se está hablando, el significado de lo que estamos tratando de decir se lo llevará el viento.

También, el uso de palabras demasiado raras hace que la conversación o el texto en cuestión se vuelva algo pesado y poco dinámico.

4. Hablar claro

Se debe hablar claro, es decir, vocalizando apropiadamente los fonemas y usando un volumen conveniente para el espacio en el que se está, en caso de que se esté hablando oralmente.

Si se habla demasiado flojito, la otra persona no va a entender nada, además de que puede interpretar que no estamos seguros de lo que estamos hablando o tenemos miedo de que alguien nos escuche, lo cual puede interpretarse como si estuviéramos diciendo un secreto.

Por otro lado, si se habla usando volumen demasiado alto, puede interpretarse como que se está enfadado o que se quiere transmitir algún tipo de sentimiento negativo con respecto al mensaje que se está emitiendo.

5. Usar un tono adecuado

Para usar un tono adecuado, primero se debe ser consciente de qué tono se está usando. Esto puede parecer difícil, dado que cada uno habla y lee desde su propia perspectiva y valora los tonos de los demás en base al suyo propio. No obstante, una vez hayamos logrado identificar nuestro tono, se necesitará un poco de paciencia y tiempo para trabajar en su mejora.

En caso de que se esté escribiendo un texto, una buena forma de saber cuál es el tono plasmado en el documento es, simplemente, leyéndolo en voz alta antes de entregarlo a quien pertoque. Leyendo las palabras en voz alta es posible averiguar cual es el tono transmitido, y si es necesario llevar a cabo alguna modificación.

Las palabras usadas, de por sí, pueden ser apropiadas para el tema del que se está hablando y la audiencia a la que van enfocadas; sin embargo, hay ciertas construcciones que pueden interpretarse como sarcasmo, pedantería o exceso de formalidad.

6. Mirar a los ojos

Aunque este punto estaría más relacionado con la comunicación no verbal, es de importante mención, dado que sirve de apoyo para comunicar de forma efectiva lo que estemos tratando decir por medio de palabras.

Mirar a los ojos a la persona con la que se habla ayuda a que se dé cierta conexión, fundamental para que ambas partes estén pendientes de lo que dice el otro.

Pero, ojo, hay que ir con cuidado y no mirar demasiado fijamente. Esto se puede interpretar de muchas maneras y ninguna es cómoda para el interlocutor.

7. Concentrarse en la audiencia

En el caso de que se esté hablando oralmente, se debe prestar atención al otro y concentrarse en lo que está diciendo.

Es posible que, a medida que vaya hablando, nos vengan a la mente preguntas para aclarar ciertos puntos tratados previamente en la conversación, sin embargo, se debe hacer un esfuerzo y evitar pensar en ellas mientras la otra persona está hablando.

El pensar en qué preguntas se harán puede hacernos correr el riesgo de no prestar atención a la persona y, casualmente, esté contestándonos la pregunta que le vamos a hacer.

Cuando la hagamos, la persona nos dirá que ya nos lo ha dicho y puede sentirse un poco molesta al ver que no le estamos prestando atención.

8. Evitar distracciones

Puede darse el caso que, mientras se habla con otra persona, haya ruido de fondo. Esto debe evitarse, o tratar de ignorar este estímulo y centrarse en lo que está diciendo la persona con la que se está hablando.

En caso de que no se pueda controlar este distractor, se puede invitar al otro hablante a ir a algún lugar en el que haya menos ruido o en el que no se den tantas distracciones, incidiendo en que se desea decir algo más o menos importante.

9. Evitar centrarse demasiado en un mismo punto

Tanto si se está manteniendo una conversación como si se está escribiendo un documento, es posible que se incida más sobre unos temas que sobre otros. Esto no tiene por qué ser necesariamente malo, sin embargo, se debe otorgar el adecuado protagonismo a aquellos puntos que se lo merezcan, no más de lo necesario.

También se deben tener en cuenta puntos que quizás sean superficiales pero igualmente dan sentido a la conversación o texto como un todo.

Es por ello que se debe evitar centrarse demasiado en un mismo punto, dado que en ese caso se corre el riesgo de parecer demasiado pesado o sólo haber entendido una parte muy pequeña de todo el tema del que se haya tratado.

10. Fomentar la participación de los demás

Una situación bastante común, que estaría dentro de la comunicación verbal de tipo oral, es el de que en una misma conversación no participen solo dos personas, sino más. En este tipo de situaciones suele ocurrir que, a pesar de haber varios miembros en el grupo, solo dos o, como mucho, tres son los que están manteniendo la conversación real.

Una buena forma de demostrar habilidades verbales sólidas, además de reforzar los lazos entre los conversadores, es fomentar la participación de los demás. Además de no sentirse ignorados, es posible que digan algo que enriquezca la conversación, pero que no se han atrevido a decir antes por falta de asertividad.

11. Resumir

Tras haberse hablado largo y tendido sobre un tema o, en caso de que la conversación o el texto en cuestión esté llegando a su final, siempre queda bien resumir los principales puntos mencionados a lo largo de la conversación.

De esta manera es posible repasar aquello que no haya quedado del todo claro, e incidir en ello en caso de que sea conveniente.

Por otro lado, se hace una demostración de la capacidad de atención que se ha puesto en práctica a lo largo de la conversación o en la elaboración del texto escrito.

Referencias bibliográficas:

  • Serra, M. (2013) Psicología de la comunicación y del lenguaje. Barcelona: Edicions i Publicacions de la Universitat de Barcelona.
  • Carroll, D.W. (2006). Psicología del lenguaje. Madrid: Thomson
  • Miller, G. (1985) Lenguaje y habla. Madrid: Alianza editorial
  • Cortès-Colomé, M. (2016). Psicología de la comunicación lingüística. Madrid: Síntesis.