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Linfoblastos: qué son, características y funciones en el cuerpo humano

¿Qué tipo de células son los linfoblastos? ¿Qué papel tienen en el sistema linfático? Veámoslo.

Samuel Antonio Sánchez Amador

Samuel Antonio Sánchez Amador

Linfoblastos

El sistema inmunológico, compuesto por células, proteínas, tejidos y órganos, nos defiende a la especie humana y al resto de seres vivos complejos contra gérmenes y microorganismos de forma diaria. Si la piel, la saliva y las mucosas son las barreras biológicas primarias del organismo, el sistema inmune abarca la defensa secundaria y terciaria.

Nuestro cuerpo no es un compartimento estanco, pues las vías aéreas y la boca, por ejemplo, son conductos ideales para la entrada de agentes patógenos en nuestro organismo. Más allá de la piel y las mucosas, por tanto, debe existir un intrincado sistema de defensa que nos proteja una vez el germen ya está dentro de nosotros.

Para que te hagas una idea, aproximadamente el 20% de la población mundial presenta gripe en el momento en el que estás leyendo estas líneas. Este dato subraya que, desde luego, nuestro sistema inmune lucha contra agentes patógenos en prácticamente todos los momentos de nuestra vida. Los linfoblastos son los precursores de los linfocitos, las células inmunitarias por excelencia. Si quieres conocerlo todo sobre ellos, continúa leyendo.

¿Qué es un linfoblasto?

Según el instituto nacional del cáncer (NIH), un linfoblasto se define como una célula inmadura que sirve como precursora de los linfocitos, los cuerpos celulares encargados de las barreras inmunológicas terciarias.

De todas formas, nada más empezar nos encontramos con un conflicto terminológico claro, pues un linfoblasto también hace referencia a un linfocito que se ha agrandado después de haber sido estimulado por un antígeno. Ambos eventos son completamente diferentes, pero se utiliza la misma palabra para designarlos. Te desgranamos de forma detallada cada uno de ellos en las siguientes líneas.

1. El linfoblasto como precursor

En circunstancias normales, los linfoblastos (asumidos como las células que dan lugar a los linfocitos) se encuentran en la médula ósea de los huesos largos de las personas sanas. Si tomamos la acepción del término “linfoblasto” como progenitor, este podría ser intercambiable con el de “progenitor linfocítico común”, ya que ambos dan lugar al prolinfocito, la forma intermedia que finalmente desemboca en el tipo celular buscado.

En líneas generales, podemos describir la transformación del linfoblasto al linfocito funcional en los siguientes pasos:

  • La maduración de los linfoblastos o progenitores linfocíticos comunes en la médula ósea da lugar al compromiso en los linajes de los linfocitos B o T.
  • Los linfocitos inmaduros proliferan en varios estadios durante su maduración. Por ejemplo, se produce una proliferación de los prolinfocitos para asegurar la disposición de un número adecuado de células que maduren posteriormente.
  • Los linfocitos son seleccionados a lo largo de múltiples pasos durante su maduración con el fin de conservar las especificidades útiles para cada ocasión.

Sin ánimo de entrar en terminología demasiado compleja, diremos que este último paso hace referencia a que la selección de un linfocito u otro se basa en la expresión de componentes intactos del receptor para el antígeno y lo que reconocen.

Al final de todo este proceso, los linfocitos presentan receptores para antígenos específicos, lo que les capacita para la producción de anticuerpos y, por tanto, para la destrucción de células anormales (idealmente gérmenes y otros patógenos). Estos cuerpos celulares representan el 30% de los leucocitos totales en la sangre periférica y, como hemos dicho, suponen las barreras inmunitarias terciarias.

Los linfocitos T actúan directamente sobre el agente patógeno y lo destruyen, mientras que los B detectan al antígeno (una sustancia extraña, presumiblemente producida por un patógeno) y generan anticuerpos específicos para el mismo. Cuando un anticuerpo se une con su antígeno, el microorganismo invasor pierde su capacidad de patogenicidad. Como podrás imaginar, todo este proceso es mucho más complejo de lo aquí descrito, pero nos basta con mostrar una imagen general del mismo.

2. El linfoblasto como un linfocito con morfología alterada

En la otra cara de la moneda, y por confuso que suene, también se denomina linfoblasto a un linfocito que se ha agrandado después de haber sido estimulado por un antígeno. En este caso, al reconocer el antígeno, este tipo de glóbulo blanco se activa, lo que causa un crecimiento a nivel citoplasmático, nuclear y en la producción de ARN mensajero y de ciertas proteínas.

Así pues, el gran linfoblasto comienza a dividirse de 2-4 veces cada 24 horas por 3-4 días, dando lugar a 1000 clones del linfocito original, con cada uno de los clones presentando la especificidad para el mismo antígeno que lo activó en primera instancia. Finalmente, las células obtenidas se pueden diferenciar en tipos celulares específicos que combatirán de una forma u otra al patógeno.

Características de un linfoblasto

Te hemos mostrado ya qué es un linfoblasto, pero para hacernos una idea general de este cuerpo celular tan peculiar, aún nos queda describirlo a nivel morfológico. Estos son algunos de los datos más relevantes de su fisiología:

  • El linfoblasto tiene un tamaño que oscila entre 10 y 18 micrómetros.
  • Su forma es redondeada y oval.
  • Presenta un núcleo celular único y un citoplasma azulado con granulaciones.
  • La relación núcleo-citoplasma es entre 5:1 y 7:1.
  • También suele presentar entre 1 y 2 nucleolos, regiones del núcleo celular que se ocupan de la producción y ensamblaje de los ribosomas de las células.

La leucemia linfoblástica aguda

Las leucemias son cánceres que se producen en las células que normalmente se diferenciarían hacia los diferentes tipos de células sanguíneas, en este caso linfocitos B y T. Cuando se produce una proliferación descontrolada de linfoblastos (de nuevo, si concebimos linfoblasto como precursor de un linfocito), estos invaden la médula ósea impidiendo la fabricación de otras células, como los hematíes y las plaquetas. Esta patología se conoce como leucemia linfoblástica aguda (LLA) y es muy peligrosa para la salud.

Esta patología no conoce de género, etnia o edad, si bien es muy poco común presentarla, pues fundaciones calculan que su prevalencia es de 1,29 enfermos por cada 100.000 habitantes. Pese a ser una enfermedad muy poco frecuente, la LLA es el tipo de cáncer más común en los niños menores de 20 años (casi el 60% de las leucemias se producen en este grupo etario).

La leucemia linfoblástica aguda se propicia por la mutación de un solo linfoblasto en la médula ósea que desencadena la reacción antes descrita, pero los investigadores del mundo aún no han logrado descubrir qué es lo que realmente propicia este evento. Según la Asociación Española de Afectados por Linfoma, Mieloma y Leucemia (AEAL), estos son algunos de los factores de riesgo que pueden favorecer un cuadro de LLA:

  • Factores genéticos, es decir, alteraciones cromosómicas individuales determinadas desde el momento del nacimiento del paciente.
  • Estar expuesto/a a rayos X o radiaciones ionizantes antes o después del nacimiento.
  • Haber tenido un tratamiento basado en la quimioterapia.
  • Infecciones por algunos tipos de virus (concretamente algunos tipos de retrovirus).
  • Estar en contacto con ciertas sustancias químicas, como pueden ser el benceno y ciertos compuestos alquilantes.

No todo son malas noticias a primera vista, pues las tasas de supervivencia de los pacientes con leucemia linfoblástica aguda 5 años después del diagnóstico de menos de 20 años de edad es del 90%. Por desgracia, si analizamos los datos de pacientes mayores de 20 años, la tasa de supervivencia 5 años después del diagnóstico no llega al 40%. Todos estos datos son solo cifras estimatorias, pues cada caso depende de las características fisiológicas del individuo y su desarrollo de la enfermedad.

Una confusión terminológica

Tal y como indica el Consorcio de Investigación de la Leucemia Linfoblástica Crónica, un linfoblasto se define como “un linfocito que se ha hecho más grande tras ser estimulado por un antígeno. Los linfoblastos parecen linfocitos inmaduros, y una vez se pensó que eran células precursoras”. Entonces, ¿con qué nos quedamos? Múltiples fuentes bibliográficas utilizan el término linfoblasto como un precursor, el cual se transforma en un prolinfocito y este dará lugar a los conocidos linfocitos B y T encargados de la respuesta inmune.

Por otro lado, para otras fuentes como la que acabamos de citar, un linfoblasto es un linfocito estimulado, y no un precursor. Desde luego, espacios como este ponen en evidencia que, en algunos casos específicos, la terminología médica de un evento concreto no tiene por qué ser igual en todas las fuentes consultadas.

Referencias bibliográficas:

  • ¿Qué es la leucemia linfoblástica aguda?, Asociación Española de Afectados por Linfoma, Mieloma y Leucemia. Recogido a 13 de diciembre en http://www.aeal.es/leucemia-linfoblastica-aguda-espana/2-que-es-la-leucemia-linfoblastica-aguda/
  • ATLAS DE HEMATOLOGÍA, recogido a 13 de diciembre en http://www.qualitat.cc/sitebuildercontent/sitebuilderfiles/atlas.hematologia.pdf
  • Definición de linfoblasto, Instituto Nacional del Cáncer (NIH). Recogido a 13 de diciembre en https://www.cancer.gov/espanol/publicaciones/diccionario/def/linfoblasto
  • Linfoblasto, the free dictionary. Recogido a 13 de diciembre en https://es.thefreedictionary.com/linfoblastos
  • Sistema inmunológico, Radyschildren.org. Recogido a 13 de diciembre en https://www.rchsd.org/health-articles/sistema-inmunolgico-3/#:~:text=El%20sistema%20inmunol%C3%B3gico%20es%20la,el%20cuerpo%20y%20provocan%20enfermedades.
  • Vásquez Palacio, G., Ramírez Castro, J. L., Posada Díaz, A., Sierra, M., Botero, O. L., Durango, N. E., ... & Tabares, J. G. (2002). Leucemia linfoide aguda: estudio citogenético en niños atendidos en el Hospital Universitario San Vicente de Paúl de Medellín en el período 1998-2001. Iatreia, 15(4), 217-225.

Graduado en Biología por la Universidad de Alcalá de Henares (2018). Máster en Zoología en la Universidad Complutense de Madrid (2019). Durante su carrera estudiantil, se especializó en comportamiento animal, evolución, parasitología y adaptaciones morfológicas animales al medio. En su estancia en el Máster profundizó en mecanismos evolutivos y comportamientos. También formó parte de un equipo del Museo Nacional de Ciencias Naturales durante dos años, donde realizó investigaciones de índole evolutiva. Aquí adquirió extensos conocimientos sobre genética, heredabilidad y otras cuestiones relacionadas con el ADN. A día de hoy, se dedica a tiempo completo a la divulgación científica, realizando artículos de evolución animal y psicología y medicina humana.

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