Conocido como el mayor taxonomista de todos los tiempos, la vida de Carl von Linné es la de un explorador de su propio país. Nacido en una familia de pastores luteranos, el joven no quiso dedicarse al oficio familiar, poniendo su foco de atención en las ciencias.

Como si de un descubridor del Nuevo Mundo se tratara, Carl von Linné se encargó de describir toda planta, animal o, incluso, cultura que se encontraba por los oscuros bosques de su nación escandinava, elaborando poco a poco el sistema de clasficación binomial que hoy en día sigue usando la comunidad científica.

A continuación descubriremos la vida de este peculiar botánico y naturalista sueco, quien bien hizo de su Suecia natal en el centro de los estudios de botánica y taxonomía, a través de una biografía de Carl von Linné.

Breve biografía de Carl von Linné

Carl Nilsson Linnæus, conocido como Carl von Linné o Carlos Linneo, nació el 23 de mayo de 1707 en Råshult, Suecia. Fue hijo de Nils Ingemarsson, pastor luterano apasionado por las plantas, y Christina Brodersonia, hija de un pastor protestante.

Primeros años

Con dos años se trasladó junto con sus padres a Stenbronhult, una región situada al sur de Suecia caracterizada por ser especialmente verde y llena de todo tipo de especies vegetales. Allí, su padre empezó a estructurar y cuidar el jardín de la iglesia de la localidad, enriqueciéndolo con plantas de otras regiones. Así pues, el joven Carl aprendió desde su niñez el amor a las plantas y continuó esta pasión heredada de su padre para dedicarse al estudio de la botánica y los animales.

En 1716, Carl empezó sus estudios de latín en la catedral de Vaxjö. Ya desde joven mostraba interés por las ciencias naturales y por el conocimiento de las especies, lo cual hizo que empezara a coleccionar plantas e insectos. Sus estudios de latín le sirvieron para profundizar en el conocimiento científico puesto que era la lengua de Plutarco el vehículo de transmisión de los más altos saberes de la época.

Fue en esta época que tuvo la oportunidad de conocer a Johan Rothman, un experimentado botánico quien inició al joven Carl en el sistema de clasificación de Tournefort, un sistema que organizaba a las plantas según la corola de sus flores. También tuvo la oportunidad de conocer los trabajos de Sébastien Vaillant sobre la reproducción vegetal así como tener acceso a las “Institutiones medicae” de Herman Boerhaave.

Ya desde su infancia el joven Carl Linnæus le fascinó todo lo relacionado con la estructura y la reproducción de las plantas. Aunque se había criado en el seno de una familia con largo linaje religioso, el joven no mostró vocación religiosa y prefirió dedicarse al mundo de las ciencias naturales. El 1727 inició sus estudios en medicina en la Universidad de Lund con veinte años de edad, aunque esa disciplina no le despertaba un gran interés como sí lo hacía el buscar insectos y plantas por los alrededores de su residencia universitaria.

Este interés por las plantas y animales llamó la atención de Kilian Strobaeus, un hombre que vivía en Lund y que poseía una extensa biblioteca. Strobaeus dio permiso al joven Linneo para que consultara su biblioteca, algo que repercutió enormemente en la vida del joven Carl. Sería esta experiencia la que lo motivaría en su vocación de naturalista.

Tras el primer año estudiando en la Universidad de Lund fue transferido a la de Uppsala, que por aquel entonces era el principal centro educativo de Suecia.

Primera expedición

Para seguir adelante, el joven Carl von Linné se dedicó a dar clases de botánica para poder mantenerse económicamente. A pesar de su precaria condición económica Linneo pudo sufragarse los costes de lo que acabaría siendo su primera expedición botánica y etnológica en tierras laponas en torno el 1731. Valiéndose solamente de un caballo, unas cuantas monedas, una libreta y un lápiz el joven se internó en los desconocidos y oscuros bosques nórdicos .

En su viaje por Laponia, una región que comprende el norte de las actuales Noruega, Suecia y Finlandia, Carl von Linné pudo descubrir cientos de especies que nunca antes habían sido catalogadas científicamente. Pese a que no había salido de su propio país, Linneo se sentía como un verdadero explorador del Nuevo Mundo, solo que lo hacía en la mismísima Suecia.

Unido a su obsesión compulsiva por querer tener todo bien organizado y meticulosamente nombrado, Linneo empezó su titánica tarea de nominación y clasificación de todo ejemplar, animal o vegetal, que se cruzara por su camino. Además, tuvo la oportunidad de conocer cómo eran los pueblos Saami, es decir, las distintas culturas laponas de la región. El trabajo de esta época no es solo el de un gran naturalista sino también el de un antropólogo exhaustivo y cuidadoso.

Sus observaciones y hallazgos en tierras laponas le serviría para que, años más tarde, publicara una de sus obras más importantes: "Flora Lapponica”. Los estudios y datos expuestos en este documento despertaron el interés de la comunidad científica sueca y, también, la de otros lugares de Europa. Sus viajes por Laponia lo motivaron, también, a estudiar más a fondo los minerales y proponer también un sistema de clasificación de rocas y cristales.

Segunda expedición

Tras el éxito de su primera expedición por Laponia, la cual le había servido para descubrir todo un mundo nuevo dentro de su propio país, Linneo decidió embarcarse en una segunda expedición en 1734. Esta vez lo haría acompañado de diez voluntarios con los que se dedicaría a recorrer y estudiar la flora de la región de Dalarna, al centro de Suecia. Esta expedición contó con la contribución financiera del gobernador de esa región y dio como resultado la publicación de “Iter Dalecarlicum”.

En 1735 tuvo la oportunidad de conocer a la familia del doctor Johan Moraeus, fijándose especialmente en su hija Sara Lisa. Linneo pidió a Moraeus la mano de su hija, y aunque el médico se la concedió le puso como condición previa al matrimonio que acabara de una vez sus estudios en medicina. Así pues, Carlos Linneo decidió viajar a Holanda para acabar su carrera en medicina en la Universidad de Harderwijk en la primavera de 1735. Allí se doctoró presentando una tesis en la que hablaba sobre los orígenes de la malaria: “Febrium inttermitentium Causa”

Posteriormente se trasladaría a Leiden, lugar que vería publicadas varias de sus obras más importantes, entre las cuales se encontraba la propia “Flora Lapponica” (1737). Sería también aquí donde obtendría del senador de esa ciudad la financiación necesaria para publicar su obra más importante: “Systema naturae” (1735)

Estando todavía en los Países Bajos Carl von Linné tuvo la oportunidad de conocer a grandes botánicos holandeses, entre ellos Jan Frederik Gronovius y a George Clifford III, un acaudalado amante de las plantas, quien le encargó la reorganización y el cuidado de su jardín botánico particular. Sería de este trabajo en el que nacería su obra “Hortus Cliffortianus” (El jardín de Clifford, 1737), en la cual estudia y clasifica las plantas de su rico amigo.

Otras de las obras que publicaría en Holanda fueron “Fundamenta Botanica” y “Bibliotheca Botanica”. En 1737 publica “Critica Botanica”, “Genera Plantarum”, “Hortus Cliffortianus” y “Flora Lapponica”. Un poco antes de abandonar Holanda, en 1738, publicó “Classes Plantarum”. En estas obras muestra su particular sistema de clasificación de las plantas, en el que usa como criterio las características de los órganos reproductores de los vegetales.

En 1736 viajó a Oxford y conocer a destacados naturalistas ingleses, entre ellos el gran botánico J. J. Dillenius. También aprovechó para visitar Francia y, poco tiempo después, conseguiría ser el octavo miembro extranjero de la Academia de Ciencias de París. Su influencia en el mundo científico estaba en pleno auge y gracias a sus viajes pudo intercambiar ejemplares de plantas y animales. También obtuvo semillas para reproducir en sus múltiples jardines botánicos que él mismo había fundado.

En 1738 vuelve a Suecia en donde, ejerciendo de médico, estudia y se especializa en el tratamiento de la sífilis. En la Universidad de Uppsala es galardonado por sus trabajos en medicina, además de recibir la tarea de reorganizar el jardín botánico de esa misma universidad. Linneo aprovecharía esta oportunidad para aplicar su ya famoso sistema taxonómico binomial.

Expediciones profesionales

En 1739 impulsó la creación de la Academia de Ciencias de Estocolmo, de la que fue su primer presidente. En 1741 fue nombrado profesor de práctica médica en la Universidad de Uppsala y, al año siguiente, se le asignó la cátedra de botánica, dietética y materia médica, títulos mucho más acordes a los ya extensos conocimientos prácticos que poseía. Ostentando estas cátedras, Linneo haría de la Universidad de Uppsala el centro de estudio de botánica de Europa.

Los hallazgos científicos de Linneo resonaron por toda la sociedad sueca hasta tal punto de que el grupo político de los “hattar” (“sombreros” en sueco) empezó a incentivar y apoyar las expediciones mercantiles y científicas promovidas por el naturalista. Suecia estaba en plena expansión imperialista, y tenía un gran interés en establecer un comercio independiente del resto de Europa. Es por ello que la burguesía sueca empezó a apoyar toda expedición que implicara el descubrimiento de una nueva ruta comercial hacia cualquier región rica en recursos.

Linneo ejerció un papel decisivo e influyente en la Real Academia de las Ciencias de Suecia. Aprovechando su puesto directivo, realizó contactos con la Compañía Sueca de las Indias Orientales con la intención de conseguir el apoyo financiero necesario para poder organizar sus expediciones botánicas a regiones inhóspitas. No solo quería documentar a fondo todas las especies animales y vegetales de Suecia, sino también las del resto de Europa y, si se podía, el mundo entero.

Es entonces cuando Linneo decide reclutar a un grupo de jóvenes estudiantes, a quienes bautizaría como los “apóstoles”, para ayudarle en sus múltiples expediciones a nivel mundial. Visitarían todos los lugares habidos y por haber, tanto bajo el comando del propio Linneo como bajo la dirección de otros grandes exploradores como James Cook.

Pese a su éxito comercial y científico las expediciones promovidas por Linneo eran muy peligrosas. Muchos de los jóvenes estudiantes que conformaban los “apóstoles” acabaron muriendo o presos de la locura por la dureza de las expediciones. Alejarse de la madre Suecia ya era arriesgado, pero ir a parar a territorios desconocidos de Sudamérica o Asia era, en muchas ocasiones, visitar el mismísimo infierno.

El Sistema de Linneo en taxonomía

El actual sistema binomial para la clasificación de las especies se lo debemos a Carlos Linneo. Las primeras ideas de su teoría para este sistema las tenemos cerca de 1730, cuando Linneo ya había desarrollado su propio sistema de clasificación de las plantas basándose en las observaciones realizadas por Vaillant sobre los órganos reproductivos de plantas con flor. Linneo opinaba que la morfología era la base perfecta para organizar los sistemas botánicos y lo aplicó en su tarea naturalista.

A medida que fue descubriendo y describiendo nuevas especies, su sistema de clasificación fue cambiando. Se esforzó en crear un sistema lo más natural y cercano con la realidad misma y, aunque de forma tímida, sus escritos sugieren ciertas creencias evolucionistas. Si bien al principio creía que las especies de la tierra llevaban inmutables desde la Creación, luego cambió de opinión considerando que, por medio de la hibridación y la polinización cruzada, podía crear nuevas “especies” vegetales.

Su obra más importante en términos botánicos es la de “Species Plantarum”, publicada en 1753. Este libro, que es una recopilación de todos sus trabajos teóricos y prácticos en el campo, le llevó más de cinco años escribirlo y creyó que nunca llegaría a verlo terminado. En él establece definitivamente su sistema binomial para ordenar las plantas, en base a su parecido teórico con otras especies y las características propias de la variedad. Llegó a darle nombre a 8.000 plantas.

El sistema binomial de Linneo consiste en dar dos nombres en latín a cada especie, constituyendo esto su nombre científico. La primera palabra, empezada en mayúscula, hace referencia al género, mientras que la segunda hace referencia a la especie o subespecie de la planta, animal o cualquier otro organismo en concreto. Ambas palabras están en latín o bien son palabras latinizadas de idiomas no románicos.

Este sistema fue tan funcional que no tardó mucho en imponerse. Además, permitía darle más “apellidos” a las especies, estableciendo otros taxones superiores al género que permitían especificar más concretamente cuál era la ubicación de la especie en el árbol filogenético. Naturalmente, esta idea era muy avanzada para la época y se ha ido precisando cada taxón con el paso de los últimos 300 años.

Por ejemplo, el nombre científico y binomial del lobo es el de “Canis lupus”. “Canis” es el género común con otras especies, como por ejemplo el zorro. La pirámide taxonómica en la que se encuentra el lobo es la siguiente.

  • Especie: Canis lupus
  • Género: Canis
  • Familia: Cánidos (Canidae)
  • Orden: Carnívoros (Carnivora)
  • Clase: Mamíferos (Mammalia)
  • Subfilo: Vertebrados (Vertebrata)
  • Filo: Cordados (Chordata)
  • Reino: Animal

También, cada especie se podría agrupar en subespecies. En el caso del perro tenemos “Canis lupus familiaris”. Este nombre hace referencia a que, en efecto, los perros y los lobos forman parte de la misma especie pero el perro tiene unas características propias que lo hacen tan diferente de su pariente salvaje que, casi, es otra especie.

Últimos años

Sus últimos años los pasó en Suecia como profesor de medicina y botánica. En 1758 se mudó a una residencia cercana a Hammarby. En 1762 recibió el título que le dio el rango de noble por sus méritos científicos, puesto que con su tarea había conseguido que la fría y aparentemente poco europea Suecia se convirtiera en un auténtico centro científico. Este es el momento en el que Carl Nilsson Linnæus pasaría a llamarse, oficialmente, Carl von Linné.

A principios de la década de 1770 las fuerzas de Carl von Linné empezaron a desvanecerse. Durante la primavera de 1774 fue víctima de un ataque cerebral del cual se recuperó con algunas secuelas. Progresivamente se quedaría paralizado y perdería la memoria, siendo incapaz de reconocer la más común y simple de las plantas. El mayor clasificador de especies vivas ya no era capaz de clasificar nada. Carl von Linné murió el 10 de enero de 1778, a la edad de 70 años.

Referencias bibliográficas:

  • Sousby, B.H. (1933): A Catalogue of the Works of Linnaeus. Londres
  • Fries, T. M. (1923): Linnaeus The Story of His Life. Londres
  • Blunt, Wilfrid (1971): The compleat Naturalist. A life of Linnaeus. Londres.