Hay muchos motivos para pensar que Platón es el verdadero fundador de la filosofía como una disciplina institucionalizada. Este filósofo hizo de la filosofía un conocimiento académico, nunca mejor dicho, pues la enseñaba en su novel Academia de Atenas.

La vida de Platón transcurre en muchos lugares y, pese a provenir de una acaudalada familia, su historia es la de alguien que lo pasó muy mal teniendo que exiliarse de su ciudad natal y llegando a ser hecho esclavo por culpa de las desgracias de la guerra.

Preocupado por el poder, a él se le atribuye la idea de que un mundo justo sería aquel cuyos gobernantes fueran filósofos. Descubramos más a fondo la vida y pensamiento de este filósofo a través de una biografía de Platón, uno de los más destacados pensadores del mundo occidental.

Breve biografía de Platón

Aristocles de Atenas, conocido por su mote de Platón (en griego Πλάτων, Plátōn “el de anchas espaldas”) nació alrededor del año 428 a.C. en Atenas, aunque hay fuentes que sugieren que podría haber nacido en Aegina. En cualquier caso, este filósofo viajó por buena parte del Mediterráneo y se nutrió de ideas provenientes de muchas corrientes de pensamiento. El resultado fue la filosofía platónica, una de las influencias fundamentales de la cultura occidental.

Primeros años y contexto familiar

Platón nació en el seno de una familia adinerada y poderosa, de hecho, su padre Aristón creía que su amplia riqueza era debida a que descendía de Codro, el último rey que tuvo Atenas.

En cuanto a la madre, Perictione, ella y sus parientes parecían descender del antiguo legislador de Grecia Solón, además de estar emparentada con dos personajes muy importantes de su momento: Critias y Cármides, tiranos que habían participado en un golpe de estado de carácter oligárquico junto con 28 tiranos más perpetrado en el año 404 a.C.

Del matrimonio entre Aristón y Perictione nacieron dos hijos y una hija además de Platón: Glaucón, Adimanto y Potone. Al fallecer Aristón su madre Perictione volvió a casarse, esta vez con su tío Pirilampes, quien era amigo de Pericles, un político muy importante en la historia de Grecia. De la unión de Perictione y Pirilampes nación Antifón, el hermanastro de Platón.

Formación filosófica

Gracias a provenir de una familia de extensa riqueza la educación de Platón fue amplia y profunda, teniendo la oportunidad de ser instruido por diversos personajes ilustres de su época. Es probable que al iniciarse en filosofía fuera discípulo de Crátilo, considerado seguidor de las enseñanzas del filósofo Heráclito.

Sin embargo, el momento más importante en la formación de Platón llegó en el año 407 a.C. Apenas teniendo 20 años tuvo la oportunidad de conocer a Sócrates quien se convertiría en su maestro teniendo éste 63 años. Durante 8 años Sócrates transmitió todo lo que sabía al joven Platón, solo detenido por su emprisionamiento y fallecimiento.

Interés en la política

Debido a las características de su familia, en la que muchos miembros eran o habían sido hombres de política, el joven se planteó convertirse también en uno de ellos. Sin embargo, al conocer de primera mano cómo gobernaban sus familiares, los tiranos Critias y Cármides, y no notar muchas diferencias con cómo lo hacían los demócratas que los sustituyeron, Platón quedó desilusionado por la política.

Para Platón el camino político para encontrar justicia era justamente la filosofía. De hecho, una de sus máximas que ha trascendido al paso del tiempo es la de que la justicia sólo será real si los gobernantes son filósofos, o los gobernantes se pusieran a filosofar.

Exilio de Atenas

Al ser su maestro Sócrates inculpado por un crimen de forma injusta y condenado a muerte, Platón decidió huir hacia la ciudad de Mégara, en Ática. Aunque él no había cometido delito alguno huye por miedo a ser juzgado dados sus vínculos tan cercanos y profundos con su maestro Sócrates. Se cree que debió permanecer en Mégara durante unos tres años donde tuvo la oportunidad de relacionarse con Euclides de Mégara y la escuela de filosofía de esa ciudad.

Después de Mégara viajó a Egipto y, posteriormente, se trasladó a la región de Cirenaica, actual Libia. Ahí pudo relacionarse con el matemático Teodoro y con el filósofo Aristipo de Cirene. Tras su estancia en Cirenaica, Platón viajó hasta Italia, donde tenía la intención de conocer a Arquitas de Tarento, un polifacético hombre de saber que presumía de ser matemático, estadista, astrónomo y filósofo. No obstante, cabe decir que hay fuentes que consideran que, tras estar en Cirenaica, viajó directamente a Atenas.

Visita al rey Dionisio I

En torno al 388 a.C. Platón viajó hasta la isla de Sicilia, en cuya capital, Siracusa, conoció a Dión, cuñado de Dionisio I, rey de la ciudad. Dión era admirador de los filósofos que seguían las enseñanzas de Sócrates e informó al rey de la presencia de Platón. El rey, intrigado por tan interesante visita, mandó llamar al filósofo a su palacio. Pese al interés inicial, la relación entre ambos no debió ser muy buena porque, aunque no se saben los motivos, Dionisio I terminó expulsando a Platón.

En su segundo exilio, el filósofo se vio obligado a salir de Siracusa a bordo de una nave espartana, haciendo parada en Aegina. Por aquel entonces Aegina y Atenas estaban en guerra y, al hacer escala, Platón acabó siendo convertido esclavo en esa primera ciudad. Por fortuna, posteriormente fue rescatado por Anníceris, un filósofo de la escuela cirenaica quien había conocido cuando estuvo en Cirene.

Fundación de la Academia

Platón regresaría a Atenas cerca del año 387 a.C., donde aprovecharía para fundar su institución más conocida: la Academia. La construyó a las afueras de Atenas, junto a un jardín dedicado al héroe Academo, motivo por el cual recibió semejante nombre.

Esta institución era una especie de secta de sabios organizadas con sus reglamentos que, además, contaba con una residencia de estudiantes, biblioteca, aulas y seminarios especializados. Esta academia sería un modelo para las posteriores universidades de la Edad Media.

Vuelta a Siracusa

En 367 a.C. Dioniosio I de Siracusa fallece, heredando el trono a su hijo Dionisio II. Dión consideró oportuno hacer regresar a Platón para que se convirtiera en el tutor del recién coronado rey y lo volvió a invitar a venir a Sicilia. Naturalmente, Platón tenía sus reservas, puesto que de allí había sido expulsado y, por una serie de desafortunados eventos, acabó siendo hecho esclavo en su huída. Aún así se atrevió a viajar hasta Siracusa y aceptó el ofrecimiento, dejándole a Eudoxo la dirección de la Academia.

Una vez hubo llegado Platón a Siracusa, Dionisio II desconfió tanto del filósofo como de Dión. Consideró que estos dos eran una competencia para él y su trono, así que muy pronto tomó acciones y acabó desterrándolos, aunque sin negar del todo un eventual regreso. Primero expulsó a Dión y después a Platón, otra vez.

Últimos años

Platón volvió directamente a Atenas y se quedó ahí hasta el año 361 a.C. cuando Dionisio II volvió a invitarlo. Platón no se fiaba para nada y decidió ir en compañía de algunos discípulos, dejando esta vez al cargo de la Academia Heráclides Póntico. En un inesperado giro de los acontecimientos Dionisio II volvió a ver en Platón una amenaza y, esta vez, decidió apresarlo.

Por fortuna, Platón fue rescatado con la ayuda de Arquitas de Tarento. A partir de entonces, desconfiado de cualquiera exterior a la ciudad de Atenas y sus invitaciones, el filósofo decidió dedicarse por completo a la Academia, dirigiéndola hasta su muerte, entre los años 348 o 347 a.C.

Su filosofía

Platón estuvo muy influenciado por la filosofía de Pitágoras ya desde sus inicios. Para Platón era el alma, y no el cuerpo, lo que realmente significaba la verdadera esencia del ser. De hecho, opinaba que el cuerpo no era más que un embalaje que estorbaba en nuestra búsqueda de la verdad y limitaba la libre expresión de nuestro ser. El alma era una entidad lastrada por el mundo físico y de los sentidos.

Platón era de la opinión que el alma venía de un mundo elevado, una dimensión en donde esta habría tenido contacto con la verdad. En algún momento, el alma se entregó a los bajos placeres y, como resultado de ello, se vio obligada a reducirse al mundo físico y conocido, quedando aprisionada dentro del cuerpo.

Teoría de las tres partes

En su teoría de las tres partes considera que el alma posee tres facultades: la impulsividad, la racionalidad y el elemento pasional.

La facultad impulsiva estaba vinculada con la capacidad de dar órdenes y, también, a la fuerza de voluntad. Estaba relacionada con la fortaleza y el ímpetu, a la vez que con la ambición y la rabia.

Las facultad de la racionalidad era, según Platón, la facultad superior de entre todas las demás. La relacionaba con la inteligencia y la sabiduría y, de acuerdo con él, eran los filósofos quienes la tenían más desarrollada.

La facultad pasional, por contra, era la más inferior de todas y estaba relacionada con el impulso natural de evitar el dolor y buscar el placer. Platón indicaba que este era el elemento que promovía el gusto por los bienes materiales, lo cual obstaculizaba al alma en su búsqueda de la verdad y la esencia de las cosas.

Las dos realidades

Para Platón existían lo que podríamos denominar dos tipos de realidades. Por un lado tenemos el ámbito real, que estaba formado por el mundo de las ideas, y por el otro tenemos el ámbito semirreal, conformado por el mundo de lo material y sensible.

Según Platón el mundo de las ideas es eterno, no supeditado ni al tiempo ni al espacio, pudiéndose entender como la verdadera esencia de lo real. En cambio, el mundo semirreal es imperfecto, ambiguo, inestable y tiene límites que dependen del espacio y del tiempo.

Así pues, Platón otorgaba al concepto de las ideas una noción relacionada con aquellos elementos universales, los cuales sirven de modelos que constituyen verdades que se mantienen en el tiempo. Para él las ideas eran conceptos como la virtud, la belleza, la igualdad y la verdad, es decir, conceptos abstractos y conceptualmente perfectos, bien definidos.

El mito de la caverna

El mito de la caverna es, seguramente, la mejor alegoría para comprender la dualidad expuesta por Platón en su filosofía. En este mito se explica que existe un ámbito vinculado con las ideas, que es ininteligible, y existe otro que está totalmente asociado al mundo sensible, que sería el que experimentamos los seres de carne y hueso. El interior de la caverna representa el mundo sensible, mientras que la vida fuera de ella estaría relacionada con el mundo de las ideas.

Para Platón, vivir dentro de la caverna implica vivir en un mundo lleno de oscuridad y estar sometido completamente a los placeres mundanos. El acto de conseguir salir de la caverna es la representación de dejar atrás la búsqueda de placeres e ir en búsqueda del conocimiento, de las ideas reales. Es decir, salir de la caverna es sinónimo de priorizar la razón por delante de la impulsividad y el placer. A medida que más alejados nos encontremos de la caverna, más conocimiento logramos y más cerca estamos de la verdad.

División del alma humana y relación con la política

Platón separa lo “real” en dos mundos opuestos. Por un lado tenemos lo positivo, que viene representado por el alma, lo inteligible y el cielo, mientras que por el otro tenemos lo negativo, representado por el cuerpo, la tierra y lo sensible. Es decir, lo positivo era el mundo de las ideas, mientras que lo negativo era el mundo físico. A partir de estas reflexiones relaciona estas ideas con cómo debería ser el Estado ideal, en el que Platón estableció una división en cuanto a la conformación del alma humana.

Las tres facultades del alma se ubican en tres lugares distintos en el cuerpo. La razón se encuentra en la cabeza, el coraje o la facultad impulsiva se encuentra en el corazón y la facultad pasional o el apetito se encuentra en la parte baja del abdomen. Estas tres facultades y las estructuras en las que se hospedan son las que mueven al hombre y lo inclinan hacia sus decisiones.

Según Platón, el hombre que se dedicara a gobernar debía ser aquel quien dominara la razón y la sabiduría por encima de las otras dos facultades. Es decir, el buen gobernante era aquel quien poseyera un alma con tendencia a buscar la verdad. Es aquí donde defendía la idea de que los buenos gobernantes debían ser filósofos, es decir, hombres que priorizaran la razón por delante de las otras dos facultades, o que al menos los reyes filosofaran tratando de buscar la verdad para traer prosperidad a su tierra.

Referencias bibliográficas:

  • Bury, R. G. (1910). «The Ethics of Plato». abril. The International Journal of Ethics XX (3): 271-281.
  • Ross, W. D. (1993). Teoría de las Ideas de Platón. Madrid: Cátedra.