Los traumas pueden dejar secuelas que duren muchos años. Unsplash.

El maltrato en la infancia afecta a millones de niños en todo el mundo. Comúnmente se habla de 4 tipos de maltrato: el físico, sexual, emocional y la negligencia. Todos ellos son motivo de un gran malestar físico y/o psicológico. En general, el abuso sexual infantil es un grave problema de salud pública que interfiere en el desarrollo de la víctima que lo sufre, ocasionando repercusiones a corto y largo plazo en toda la esfera biopsicosocial de la persona.

Abuso sexual infantil

El abuso sexual infantil se refiere al conjunto de conductas de carácter sexual establecida entre dos personas, siendo una de ellas menor de edad, de modo que se da una situación de desigualdad, por razones de edad o de poder, y en la que el menor es utilizado para la estimulación sexual de la otra persona (López, 1997). Las conductas abusivas incluyen el contacto físico (genital, anal o bucal), o suponen una utilización del menor como objeto de la estimulación sexual del agresor (exhibicionismo o voyerismo) o de terceras personas (Madansky, 1996).

Los índices de prevalencia se sitúan en torno al 13%-15%. Estos índices son mayores en las niñas, aunque el impacto es igual de perjudicial para ambos sexos. Se ha detectado que la edad de mayor vulnerabilidad se sitúa entre los 7 y los 13 años de edad y que en el 70 y 90% de los casos es cometido por varones, de mediana edad y, con frecuencia, familiares o conocidos de la víctima.

Vínculo y estilos de apego

El desarrollo y la calidad de las relaciones tempranas son aspectos importantes en el desarrollo socioemocional, de la personalidad y de la salud mental de las personas. En este sentido, el apego se define como el vínculo biológico que se establece entre el bebé y el cuidador/es principal, quien es visto como una base segura a partir de la cual el niño puede explorar el entorno y volver cuando percibe que existe algún peligro (Bowlby 1969/1982).

Estos vínculos permiten que los niños desarrollen unos modelos de trabajo internos a partir de los cuales crean expectativas sobre la posibilidad de recibir apoyo y cómo conseguirlo. Influyen en las emociones individuales, en las expectativas y en las relaciones adultas y ayudan a los individuos a enfrentarse a situaciones estresantes.

Existen 4 tipos de estilos de apego: el apego seguro y apego inseguro, dentro del cual encontramos el evitativo, el ansioso-ambivalente y el desorganizado-desorientado.

El apego seguro se da cuando el cuidador principal responde a la angustia del niño de forma consistente, promoviendo la confianza en la relación. Por otro lado, se desarrolla un apego evitativo cuando la angustia se ignora o existe un rechazo persistente.

El estilo ansioso se desarrolla cuando los cuidadores responden a la angustia del bebé de forma inconsistente, el niño presenta dificultades para confiar en la disponibilidad del cuidador para satisfacer sus necesidades y elevados niveles de ansiedad.

Finalmente, el estilo desorganizado-desorientado, el bebé muestra conductas desorganizadas y/o desorientadas en presencia de la madre.

El ambiente familiar que los padres crean alrededor de los hijos en los primeros años puede favorecer o dificultar sus futuras relaciones sociales. Cuando se establecen vínculos de apego seguros favorecen que los niños sean más competentes a nivel social. El apego proporciona la seguridad emocional para un adecuado desarrollo de la personalidad, la autoestima y en la regulación emocional posterior.

Repercusiones del abuso sexual en el vínculo de apego

El impacto que el abuso sexual ejerce sobre el apego se establece en la infancia y permanece estable hasta la edad adulta.

Frecuentemente, los niños expuestos a la violencia parental no tienen cubiertas las necesidades básicas y sus cuidadores están menos disponibles, lo que implica una mayor prevalencia de apego inseguro en comparación con los niños que crecen en un entorno familiar adecuado. Cuando los responsables del abuso son los propios padres, un 80% de los casos, la capacidad para establecer relaciones íntimas y de confianza están más dañadas, ya que la persona que debe proteger y cuidar es la que daña.

Los estilos de apego inseguros en los adultos se asocian con diferentes problemas psicológicos (consumo de sustancias, abuso de alcohol, conductas delictivas, trastornos afectivos y de la ansiedad, baja autoestima, etc.) y de la salud.

Sin embargo, las víctimas de abuso sexual también presentan dificultades a nivel social, incluyendo problemas sexuales y maritales en la adultez, conductuales y a nivel somático (dolores crónicos generales, alteraciones gastrointestinales, en la alimentación, alteraciones en el sueño y dificultades en la atención, memoria y concentración).

Autora: Tamara Garrido, Psicóloga.