La ansiedad, técnicamente, no existe. Es un sustantivo abstracto, como el deseo o el aprendizaje; sin embargo, sentirla es una de las experiencias más reales y humanas que podemos atravesar. A menudo la vemos como una enemiga a batir, pero ¿qué pasaría si la entendiéramos como una dosis de energía que simplemente ha perdido su rumbo?
¿Qué es realmente la ansiedad?
En este artículo, te invito a mirar de frente a esa fuerza que a veces nos activa y otras nos paraliza, para descubrir qué recursos tienes hoy para recuperar tu equilibrio.
1. La Ontología de la Ansiedad: Más allá del estigma
La ansiedad es, quizás, uno de los fenómenos más incomprendidos de la experiencia humana contemporánea. Para abordarla con seriedad, debemos despojarla de su estigma de "enfermedad" y empezar a verla como lo que realmente es: un proceso biológico y psicológico.
Antes de avanzar, te invito a una breve pero necesaria introspección: ¿Qué es la ansiedad para ti? Dado que todos la experimentamos de manera distinta, tu respuesta es la única brújula válida para entender cómo se manifiesta en tu vida y, por ende, cómo puedes gestionarla.
Técnicamente, la ansiedad no es un objeto físico que se pueda extirpar o tocar; es un concepto que describe un estado de activación. Sin embargo, su naturaleza intangible no resta un ápice a su realidad sensorial. Es vital comprender que la ansiedad cero es igual a la muerte. En su dosis correcta, es la tensión necesaria para la vida; el impulso vital que nos hace cumplir con una responsabilidad o reaccionar ante un desafío. El problema surge con su desborde: cuando esa energía se convierte en una fuerza que nos paraliza o nos agota.
2. La Dinámica Energética: la visión de Wilhelm Reich
En su obra La función del orgasmo, el psicoanalista Wilhelm Reich planteó un esquema que ayuda a entender esta dinámica. Imaginemos un gráfico con dos ejes opuestos que requieren de la misma función del sistema nervioso simpático. La diferencia crítica no radica en la intensidad de la energía, sino en su dirección química:
- Hacia la Excitación y el Placer: el sistema nervioso utiliza un cóctel de dopamina, serotonina y endorfinas. Es la tensión que sentimos al crear algo nuevo, al cocinar para alguien que amamos o al realizar un deporte.
- Hacia la Ansiedad y el Malestar: el cuerpo libera cortisol, adrenalina y noradrenalina. Es la tensión de la amenaza y el miedo.
Ambos caminos usan el mismo "circuito eléctrico" (el sistema nervioso autónomo), pero la hormona predominante determina si la experiencia nos expande o nos contrae. La ansiedad es, por tanto, una movilización energética que no encuentra una vía de descarga placentera.
3. Los Rostros de la Ansiedad: Un espectro de manifestaciones
La ansiedad se presenta bajo distintas máscaras según cómo se procese en nuestra psique y nuestro cuerpo:
- Ansiedad Basal o Generalizada: un estado de alerta constante, como un radar de amenazas encendido 24/7 que agota las reservas del organismo.
- Crisis de Pánico o Angustia: irrupción brusca de terror con síntomas físicos intensos (taquicardia, opresión en el pecho, debilidad en las piernas) y pensamientos catastróficos como pueden ser de muerte inminente.
- Fobias: ansiedad localizada y desplazada hacia objetos o situaciones específicas: volar, insectos o espacios cerrados.
- Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC): intento de gestionar la energía mediante ideas y/o actos repetitivos o rituales para acallar momentáneamente el cortisol.
- Ansiedad Anticipatoria: el pensamiento atrapado en el futuro, fabricando escenarios catastróficos que el cuerpo vive como si fueran reales hoy.
4. Las Raíces del Desequilibrio
Nuestro cerebro busca la homeostasis (equilibrio). Cuando sentimos que nos desequilibramos, la alarma se enciende. Entre las causas principales destacan:
- El Exceso de Futuro: vivir mentalmente en el mañana con un sesgo negativo. El cerebro no distingue entre un peligro real y uno imaginario; para las glándulas suprarrenales, el pensamiento de "mañana me despedirán" genera tanto cortisol como un ataque físico.
- El crítico Interno: esa voz severa que exige perfección y dispara alarmas de insuficiencia. Cuando no cumplimos el estándar idealizado, el cuerpo entra en estrés por falta de pertenencia o valor.
- El trauma no Resuelto: energía de supervivencia que quedó bloqueada. El cuerpo sigue respondiendo a un peligro que ya pasó, pero que quedó grabado en la memoria somática.
- Postura corporal de derrumbe: la sangre abandona el cerebro superior (neocórtex) y nuestra capacidad de razonar se reduce a la de un niño de 4 años, operando bajo el mando del cerebro reptil.
- Exceso de energía: al tener un exceso de energía si se mezcla con adrenalina, el cuerpo entra en modo emergencia, la sangre abandona el cerebro para ir a las extremidades. Esto provoca que palidezcamos y no podamos pensar.
5. Recursos de Autorregulación:
¿Qué recursos podemos activar para gestionar esta energía? No se trata de "pensar positivo", sino de intervenir en la fisiología:
- El Movimiento Físico: si la adrenalina nos prepara para correr, mover el cuerpo (caminar, sacudirse) ayuda a "quemar" ese excedente químico. Las liebres, tras escapar de un depredador, corren en círculo para descargar la energía; los humanos, a menudo, la reprimimos.
- La Postura Corporal: enderezar la columna y abrir el pecho envía una señal al tronco encefálico de seguridad. La "postura de derrumbe" comprime los órganos y retroalimenta la producción de cortisol.
- Anclaje al Presente: volver a los sentidos (qué veo, qué escucho, qué toco) rompe el ciclo del pensamiento catastrófico y nos devuelve al "aquí y ahora", el único lugar donde el cuerpo puede relajarse.

Paulina Asserella Oyarzun
Paulina Asserella Oyarzun
Licenciado en psicología
Conclusión
Entender la ansiedad no como una patología externa, sino como una disfunción en la gestión de nuestra propia energía, cambia el paradigma. Cuando dejamos de luchar contra el síntoma y observamos la química y la postura que lo sustentan, recuperamos la agencia. La clave no reside en la búsqueda de una tensión cero —compatible solo con la muerte—, sino en la capacidad de flexibilizar nuestro sistema nervioso para que la tensión se traduzca en excitación creativa y acción. La ansiedad es una invitación a volver al presente y recordar que tenemos los recursos biológicos para transformar el miedo en motor.


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