El apego y sus implicaciones en el desarrollo y en la regulación emocional siempre me han resultado fascinantes. Por eso, me parece fundamental aprender acerca de cómo afecta a nuestras vidas y desarrollo este fenómeno psicológico básico.

Hace varios años tuve la suerte de conocer, en un Congreso sobre neurofeedback en Venecia, a Sue Carter y Stephen Porges. Sue es una de las primeras investigadoras en el campo de la oxitocina y Stephen, por otro lado, es el creador de la teoría polivagal, teoría que desarrolla y explica como la activación del sistema de conexión social nos hace sentirnos fisiológicamente tranquilos, seguros y conectados socialmente.

Me llevé las visiones y las aportaciones de ambos como un tesoro que me ha ayudado a organizar y comprender el apego, la seguridad y la interrelación cuerpo mente.

Esa interacción cuerpo/mente se observa desde el principio de la gestación, organizando tanto la biología como la psicología para propiciar el entorno más adecuado donde se desarrolle el feto y luego el futuro bebé.

El vínculo entre la oxitocina y el apego

Desde el inicio de la gestación se va a segregar oxitocina, la hormona del amor, de la vinculación o también llamada hormona tímida (porque precisa de la seguridad para manifestarse, al igual que la motivación para implicarnos socialmente).

La oxitocina, entre otras funciones, prepara el cerebro de la madre para que se implique y enamore del futuro bebé. Esos niveles de oxitocina llegarán a sus estados más altos en las horas siguientes al parto y durante la lactancia. La mera presencia de un bebé nos lleva a segregar oxitocina propiciando ese estado de calma, donde el tiempo se detiene y buscamos la mirada del bebé y nos deleitamos en él.

En esas miradas, en esas palabras entonadas como caricias, en esa implicación gestual nos involucramos socialmente con el bebé, y así se propicia la danza del apego que favorece la regulación emocional. La respiración y el corazón se calman, las sonrisas iluminan los rostros y entramos en el espacio de coherencia entre bebé y mamá o papá o cuidador, donde el tiempo se dilata y simplemente se disfruta del deleite mutuo.

Las implicaciones terapéuticas de este proceso

Esta característica tan mamífera y humana de la tendencia a establecer conexiones emocionales profundas desde el nacimiento es lo que ha faltado en traumas tempranos o en desarrollos traumáticos.

Como terapeuta que busca reparar el apego, entre mis objetivos están el propiciar esos estados para activar el sistema de conexión social y favorecer las conductas que generan oxitocina, de manera que ambos procesos nos ayuden a acercarnos a esa conexión, y sobre todo a facilitar la percepción de seguridad para que todo lo anterior sea viable.

Para aprender más...

Los días 8 y 9 de mayo de 2020, Sue Carter y Stephen Porges impartirán un seminario en Sitges, centrado en el tema de cómo la oxitocina y la teoría polivagal reflejan procesos para comprender la conexión, la seguridad y la vinculación social. Es una oportunidad de escucharlos directamente y aprender de ellos. Comprender la neurobiología del apego y la vinculación se convierte en una ventaja terapéutica.

Si te interesa saber más acerca del seminario, ponte en contacto con el Instituto Cuatro Ciclos, entidad organizadora de este evento.

Autora: Cristina Cortés, especialista en trauma y apego y directora de Vitaliza.