La autoestima es el valor que le damos a lo que somos, mientras que el autoconcepto se refiere a cómo nos percibimos.

Ambos son vitales desde nuestra más temprana infancia, en la que es clave lo que creemos que somos para nuestros padres, hermanos y primeros amigos. El entorno familiar temprano será la base de unas relaciones afectivas sólidas.

La imagen personal: ¿cómo se desarrolla?

Tras la infancia llegará la adolescencia, otra etapa crítica en la que comienza a establecerse y desarrollarse la imagen personal y aparecen las relaciones sentimentales. Cómo se vivan estas van a influir en nuestra manera de afrontar las dinámicas de pareja y las emociones en el futuro. Este es un tiempo de cambio para las personas y que esas relaciones se suelen vivir con incertidumbre, con intensidad, pero también con grandes desilusiones, por lo que será necesario ayudar a chicos y chicas.

Otro ámbito en el que la falta de autoestima nos puede jugar malas pasadas es el entorno laboral, cada día más competitivo y en el que tenemos que sentirnos reforzados para manejarnos sin problema. En nuestro puesto de trabajo nos enfrentamos cada día a diversidad de situaciones ponen a prueba cómo nos valoramos. Algunas, casi siempre las negativas, se repiten a diario, y nos hacen cuestionarnos muchas cosas.

Para evitar que las relaciones jerárquicas establecidas, las injusticias laborales o las malas relaciones con los compañeros nos lastimen tenemos que tener confianza en nosotros mismos y ser capaces de asumir las críticas.

Mujer en paisaje

Autoestima e imagen personal

En estos tiempos en los que la imagen ha cobrado un gran protagonismo resulta imposible hablar de autoestima sin referirnos a ella; a las redes sociales, los chats, los selfies y a ese instagram en el que se ven expuestas muchas vidas, no siempre reales.

La sobreexposición está produciendo muchos problemas de autoestima en personas que no se sienten bien con su físico. La comparación con otras personas en los perfiles en red y la exigencia social de lucir un buen cuerpo ha aumentado su malestar.

Para aquellos que den prioridad a la imagen sobre el resto de niveles, el impacto de no sentirse bien con su apariencia externa será muy elevado en este contexto.

El problema ocurre cuando esta fijación por nuestro físico es excesiva, ya que puede generar estrés, ansiedad, además de verbalizaciones y conductas que persigan el objetivo de camuflar o modificar el aspecto físico. En estos casos, los psicólogos hablamos de trastorno dismorfofóbico.

Este trastorno puede ser el punto final en un camino plagado de inseguridades y complejos que cristalizan en creencias de este tipo.

En este caso, la persona afectada deberá ponerse en manos de un profesional que, en primer lugar, le haga entender qué le está generando tanto malestar. En un segundo estadio, psicólogo y cliente trabajarán en las creencias que le están limitando.

¿Tiene tratamiento la dismorfofobia?

Desde luego, existen tratamientos efectivos para minimizar la dismorfofobia, ayudando al paciente a reducir notablemente su malestar y que los pequeños complejos físicos sean cada vez más llevaderos.

Sin llegar a tal extremo, el malestar se va manifestando, por ejemplo, en la obsesión por ir de compras y en verbalizaciones negativas frente al espejo, el clásico “no tengo nada que ponerme” frente a un armario lleno de ropa. Los adolescentes, en especial las mujeres, debido a la presión social a la qu se ven sometidas, suelen vivir este tipo de problemas de inseguridad.

No debemos tomar, pues, como una trivialidad la necesidad constante de comprar y estrenar ropa nueva, accesorios o cualquier otro objeto o complemento que refuerce la imagen personal, si el no poder hacerlo impacta en el bienestar.

Es muy importante vigilar estas conductas en la adolescencia, época en la que como he señalado anteriormente, se forja una gran parte de cómo nos vemos a nosotros mismos.

Consejos para cuidar la autoestima

La autoestima es clave a lo largo de toda nuestra vida y siempre hay que cuidarla y cultivarla. Hay que mimarla y reforzarla. Para ello os dejo estos consejos.

  • Valora y aprecia los logros, aunque sean pequeños, que consigas cada día.
  • Defiende tus derechos asertivos. No tienes por qué decir “sí” a todo el mundo. Si alguien te critica o se burla de ti, pregúntale a qué se refiere y defiéndete con serenidad pero con contundencia.
  • Los errores son humanos. Tú también tienes derecho a cometerlos.
  • No temas el hacer el ridículo, comprobarás que, si ocurre, no es tan malo como habías imaginado.
  • Siéntete orgulloso de lo que hayas conseguido en el pasado y en el presente.
  • No seas tan modesto. Si alguien te hace un cumplido, dale las gracias y no te infravalores.
  • No dejes que tus miedos te impidan perseguir tus objetivos.

Y, desde luego, si crees que necesitas soporte psicológico, no dudes en acudir a tu centro de referencia.