Hablamos de depresión reactiva cuando queremos referirnos a un trastorno del estado de ánimo que ocurre como respuesta a un suceso externo o varios. Se trata de la depresión clásica, de la más frecuente. Aquella en la que pensamos cuando imaginamos una persona deprimida. Lo que probablemente no imaginamos ni podemos llegar a entender con la misma intensidad es qué profundidades alcanza el dolor de estas personas.

Expondremos un poco de información sobre sus causas, cuales son las manifestaciones clínicas más frecuentes y de qué formas podemos mejorar la vida de las personas con depresión reactiva.

Causas de la depresión reactiva

La distinción entre depresión endógena y reactiva fue hecha por Paul Julius Moebius en el siglo XIX. Esta diferenciación asume que existe una distinción entre las depresiones que ocurren por causas biológicas y las que ocurren por causas psicosociales. Lo cierto es que aunque el apoyo empírico a esta supuesta distinción está lejos de ser contundente, puede ser útil para comunicarse con velocidad entre profesionales de la salud y saber rápidamente a qué se enfrentan.

En la depresión reactiva, un trastorno que las mujeres tienen entre un 10 y un 25% de riesgo de desarrollar a lo largo de su vida y para los hombres oscila entre un 5 y un 12%, el trastorno ocurre tras la presencia de un estresor que causa el desarrollo de la depresión. Imaginémonos una ruptura, la muerte de un allegado, la pérdida de trabajo, o cualquier tipo de cambio vital que sea percibido como muy estresante e incontrolable.

Lo importante en la depresión, más allá de la gravedad objetiva del suceso, es de qué forma se percibe como una amenaza. Cada individuo tiene unas habilidades de afrontamiento diferentes, y por esto cada persona vive los problemas con más o menos dificultad. Lo que para uno puede ser un suceso traumático del que se puede recuperar al cabo de 2 semanas, para otro puede ser un golpe que lo deje emocionalmente destruido. Por esto, en la evaluación del paciente debemos tener muy presentes cuáles son las habilidades de afrontamiento que el paciente poseía antes del suceso.

Síntomas y señales

La depresión reactiva es siempre un cuadro clínico complejo y heterogéneo, no hay dos casos iguales. Un problema añadido es que la mayoría de los síntomas no son exclusivos de la depresión, y además se hace difícil diferenciar lo que es un trastorno de ajuste tras una situación muy estresante de lo que ha pasado a ser una depresión reactiva bien asentada. De forma orientativa, es posible agrupar los síntomas depresivos bajo cinco categorías diferentes.

Síntomas anímicos

La tristeza está presente en 9 de cada 10 pacientes con depresión reactiva y suele ser la principal queja de los que reúnen el valor para venir a consulta. En la mayor parte de los pacientes esta tristeza se manifiesta en forma de desesperanza y desamparo permanente. Es la sensación de que el futuro no guarda nada bueno, que todo lo positivo se ha terminado y no queda más que desgracia y miseria. En los casos más graves la tristeza puede ser eclipsada por una sensación de vacío tan grande que nieguen sentir nada. Como si estuviesen internamente muertos.

En los niños, en cambio, más que abatimiento manifiestan irritabilidad o inestabilidad. Muchos de los pequeños cuyos padres se separan de forma no deseable expresan la depresión a través de explosiones, malas contestaciones o rabietas por cuestiones que antes jamás eran fuente de problema.

Síntomas motivacionales

La depresión reactiva causa en el paciente que pierda el interés en actividades que antes le gustaban. Ni le apetece seguir haciéndolas, ni son satisfactorias cuando las realiza. Se pierden sus aficiones favoritas, su rutina diaria, y ha dejado de disfrutar en general. Incluso la energía se reduce, hasta el punto en que la persona tiene tan pocas fuerzas que levantarse y ducharse puede ser una gran victoria.

Los movimientos son muy enlentecidos y costosos, requieren mucha energía. Este retardo psicomotor a veces es tan grave que los pacientes caen en el llamado estupor depresivo, un estado semejante a la catatonia que parece una parálisis motora casi total. La heterogeneidad en los síntomas permite que encontremos también pacientes que en lugar de estar enlentecidos se encuentran muy agitados y no pueden dejar de morderse las uñas o fumar de forma inquieta.

Síntomas cognitivos

De igual forma que ocurre con los movimientos, el pensamiento está enlentecido. Les cuesta tanto pensar que los que tienen un trabajo mínimamente demandante son incapaces de rendir con normalidad. En los niños, por ejemplo, el rendimiento académico cae repentinamente, reflejando una falta de concentración debida a la depresión. No sólo la concentración, también se altera la memoria. En pacientes ancianos deprimidos estos problemas de memoria pueden confundirse con una demencia, pero la no progresión del deterioro de memoria es el que indica si es una depresión o no.

La persona depresiva lo evalúa todo de forma negativa. Piensa que no vale nada, que el mundo es un lugar terrible y que el futuro es negro. Tienen un estilo de pensamiento sesgado que les impide ver nada de otra forma que no sea a través de unos cristales pesimistas, perpetuando la depresión. En ocasiones la depresión cursa con alucinaciones congruentes con el estado de ánimo, por ejemplo voces culpabilizadoras o acusatorias.

Síntomas somáticos

Aunque los síntomas vegetativos sean más característicos de las depresiones endógenas, también encontramos problemas con el sueño como hipersomnia o insomnio en la depresión reactiva. De hecho en muchos pacientes la alteración de sueño es el primer síntoma que aparece y el último en desaparecer. Ocurren dolores corporales como jaquecas, problemas de digestión, dolores musculares o lumbares.

Síntomas interpersonales

Cuando uno deja de hacer actividades, deja también de ver a sus amigos, es habitual que la esfera social del paciente que cae en una depresión reactiva se deteriore paulatinamente. Estas personas rechazan los contactos sociales porque han dejado de ser agradables y no tienen energía, y los demás terminan por dejar de intentarlo. Puede llegarse al aislamiento social total, ya que el contacto social termina generando ansiedad, sobreesfuerzo y sentimientos de fracaso.

Tratamiento de la depresión reactiva

El tratamiento pasa primero por establecer un vínculo con el paciente y que esta persona cuente con nosotros para su mejoría. Una vez se sienta realmente comprendida, es posible que acceda a empezar a recuperar actividades perdidas y a activarse conductualmente, recuperando la vida social previamente perdida. De forma paralela pero siempre poco a poco, hay que intentar identificar los pensamientos negativos que empañan el pensamiento del paciente depresivo y aplicar reestructuración cognitiva. Es indicada también la terapia farmacológica mediante antidepresivos como los ISRS, ISRN o tricíclicos por ejemplo.

Debido a la naturaleza reactiva, se abordará también el procesamiento emocional de aquella situación estresante que haya causado la depresión. Un duelo mal gestionado o una experiencia vital no procesada emocionalmente pueden ser objeto de intervención. El psicólogo ayudará al paciente a adquirir habilidades de afrontamiento y gestión de las emociones para poder pasar página. Los recuerdos seguirán siendo dolorosos y tristes, pero no deberían interferir con el funcionamiento normal de la persona.