Un resumen de este campo científico. Pexels.

Está ampliamente aceptado que el ser humano y otras especies animales se comportan en cierta manera, de forma instintiva.

Es cierto que los aprendizajes que se realizan a lo largo de la vida y las experiencias influyen en cómo uno actúa, pero la base biológica está allí y regula ciertos comportamientos.

La sociobiología ha sido un enfoque que ha tratado de explicar cuáles son las bases genéticas de la conducta social, comparando la del ser humano con la de otros animales emparentados.

Aunque este enfoque ha ofrecido algunas explicaciones lógicas para comportamientos como el altruismo, la agresión y el emparejamiento, no ha estado exento de controversia, como el de defender que los genes lo son todo.

Veamos más a fondo qué es la sociobiología, mencionando a algunos de los personajes más importantes de este enfoque y detallando alguna de sus teorías científicas más destacables sobre la conducta social.

¿Qué es la sociobiología?

La sociobiología es el enfoque que estudia las bases biológicas del comportamiento de las especies animales gregarias, es decir, aquellas en las cuales sus individuos viven en comunidades de varios individuos. La sociobiología es una rama de la sociología y la biología, y combina conocimientos procedentes de varias ciencias, como la neurobiología, la etología, la ecología y la genética. Entre los aspectos que estudia se encuentran: la agresión, el altruismo, la jerarquía social y el emparejamiento.

Los sociobiólogos afirman que los patrones de conducta animal se generan, van modificándose, se mantienen y se extinguen a través de los mecanismos de la selección natural. También afirman que los comportamientos animales y, por tanto, también el de los humanos, no se puede explicar recurriendo únicamente a la cultura y el ambiente.

Los conocimientos experimentales adquiridos por la sociobiología se fundamentan en base a los comportamientos observados en especies gregarias. Cada especie animal puede ser vista como una especie de experimento, en el que la interacción entre genes y ambiente han permitido que prosperaran ciertas conductas.

De acuerdo con los supuestos de la selección natural, planteada por Charles Darwin, ciertos comportamientos de los animales contribuyen a que tengan mayores probabilidades de sobrevivir y lograr reproducirse. La sociobiología sostiene que estos mismos comportamientos pueden encontrarse en la especie humana, afirmación la cual ha generado cierta polémica.

Antecedentes históricos

Edward Osborne Wilson es considerado el padre de la sociobiología, no obstante, esto no quiere decir que no haya habido interés desde hace tiempo por encontrar las bases biológicas del comportamiento. Ya Charles Darwin, en el siglo XIX, trató de darle explicación a ciertas conductas que aparentemente parecen peligrosas para la supervivencia individual pero que se encuentran bastante extendidas, no sólo en la especie humana, sino también en muchos otros animales.

Una de las conductas que más quebraderos de cabeza ha traído al evolucionismo ha sido el altruismo, es decir, la capacidad de un individuo por favorecer a otro con sus acciones, incluso pudiendo verse en peligro su vida. ¿Qué beneficio evolutivo puede suponer ayudar a otro ser si uno puede perecer en el intento?

Con el paso del tiempo, varios investigadores lograron ofrecer una explicación a este comportamiento. Aún a riesgo de que se pierda la capacidad de reproducirse y, por tanto, pasar los genes de un individuo a la siguiente generación, el ayudar a un ser cuyo genoma es similar al propio permite que, en cierta medida, sus mismos genes puedan sobrevivir.

En base a esto, se ha planteado la posibilidad de que el manifestar una conducta altruista sea directamente proporcional al grado de consanguinidad que tengan los organismos implicados en esta acción.

Posteriormente, el biólogo evolutivo británico William Donald Hamilton planteó el concepto de selección de clase en 1960. Mediante una demostración matemática, defendió la idea de que los individuos de una especie pueden mejorar sus posibilidades de éxito reproductivo ayudando a sus parientes cercanos. La condición para que esto sea producente es que quien es ayudado reciba un beneficio mayor que el coste invertido por quien ayuda.

Un ejemplo que demostraría lo dicho por Hamilton sería el comportamiento de las abejas obreras. Esta clase de abejas se sacrifican más que los zánganos por el bien común de la colmena. Los zánganos son producto de la reproducción sexual, mientras que las obreras son prácticamente clones las unas de las otras. En base a que las obreras tienen un elevado grado de consanguinidad, parecen estar más dispuestas a morir dado que son cientas las abejas que tienen su misma dotación genómica.

Aunque estas explicaciones tienen su sentido, lo cierto es que en la naturaleza hay muchas situaciones en las que se da el altruismo sin necesidad de que hayan lazos de sangre.

Es aquí cuando Robert Ludlow Trivers explica el altruismo recíproco. Esta sucede cuando un individuo recibe ayuda de otro, con el entendimiento implícito de que en el futuro deberá devolverla. Los individuos, para garantizar no invertir mal su energía, deberán distinguir entre aquellos iguales que sí estarán dispuestos a devolver el favor de aquellos que no. Este concepto sociobiológico se considera válido a la hora de explicar el comportamiento de especies con pequeños grupos sociales, además de primates y, también, los seres humanos.

La sociobiología aplicada en la especie humana

El tratar de explicar el comportamiento animal en base a su biología puede tener bastante sentido. Al fin y al cabo, la genética desempeña un importante papel en cómo se comportan los animales, aunque no debe obviarse su interacción con el entorno. La controversia de la sociobiología se da cuando trata de trasladar los mismos principios anteriormente explicados a la especie humana.

Al igual que con otras especies, el comportamiento humano se puede estudiar comparando su estructura social con la de otros animales, especialmente primates. Muchas especies de simios, como chimpancés, manifiestan conductas que también son observables en la especie humana. Tampoco se debe ignorar las similitudes anatómicas y biológicas entre nuestra especie y el resto de primates.

De hecho, un aspecto en común entre primates y humanos es la cantidad de individuos que forman parte de la red social más cercana. Aunque los números pueden variar de especie en especie, los grupos humanos y de otros primates rondan entre los 10 y 100 miembros, algo significativamente diferente en comparación con los dos que habitualmente hay en las aves y los miles en el caso de muchas especies de insectos.

Otra relación interesante encontrada entre humanos y monos, concretamente los cercopitécidos, es la composición de los grupos sociales en función del sexo. Aunque la cultura ha servido de limitante, son muchos los sociobiólogos que sostienen que el hombre es polígamo por naturaleza, mientras que la mujer opta por estrategias de selección del macho más adecuado. En los cercopitécidos sucede que los grupos suelen estar conformados por un macho y dos o tres hembras con las que copula.

También en cercopitécidos se ha encontrado un patrón de cuidado de las crías similar al visto en seres humanos. Durante los primeros años, los bebés son criados por la madre y, cuando ya han crecido, se encargan de buscar a otros individuos de su misma edad y sexo. También se dan juegos sociales, los cuales les ayuda a evitar agresiones, fomentan la exploración y pueden servir para regular las prácticas sexuales.

Críticas a este enfoque

Aunque algunos de los planteamientos sociobiológicos pueden ayudar a comprender el comportamiento tanto animal como humano, el enfoque no ha estado exento de críticas. La sociobiología se ha interpretado como una defensa del determinismo genético, es decir, que el comportamiento está programado en los genes y que el entorno influye más bien poco.

Una de las instituciones en las que se ha pretendido dar una visión crítica a este enfoque ha sido el Grupo de Estudio Sociobiológico. Este grupo pluridisciplinar ha llegado a sostener que los vínculos entre la sociobiología humana y el determinismo genético son equiparables al movimiento eugenésico, el darwinismo social o la consideración de que en base al CI de una persona esta debe tener más o menos oportunidades laborales.

Movimientos de extrema derecha y neoconservadores, partiendo de una visión supuestamente sociobiológica y científica, han defendido ideas racistas, xenófobas, homófobas, supremacistas y sexistas.

Se ha acusado a la sociobiología de pretender justificar el statu quo de las sociedades, defendiendo que las personas menos favorecidas seguirán estándolo sin posibilidad de mejorar dado que la educación y la cultura no podrían suplir sus déficits. También se la ha criticado por anular el concepto de libre albedrío humano al pretender reducir el comportamiento a los genes.

Referencias bibliográficas:

  • Wilson, E. O. (1978). On Human Nature. Harvard
  • Wilson, David Sloan Wilson; Wilson, Edward O. (2007). Rethinking The Theoretical Foundation of Sociobiology. The Quarterly Review of Biology 82 (4): 327-348
  • Levallois, Clement (2018). The Development of Sociobiology in Relation to Animal Behavior Studies, 1946–1975. Journal of the History of Biology. 51 (3): 419–444.