¿En qué se diferencian la preocupación y la rumiación?

Las 5 diferencias entre preocuparse y rumiar, por qué se confunden y qué cambia al distinguirlas.

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La preocupación y la rumiación son formas de pensamiento repetitivo, pero miran en direcciones distintas: preocuparse es anticipar lo que podría salir mal en el futuro («¿y si…?»), mientras que rumiar es darle vueltas a lo que pasó o a cómo te sientes («¿por qué…?»). La primera se asocia más con la ansiedad; la segunda, con el ánimo bajo.

Todos tenemos preocupaciones y momentos en los que no dejamos de darle vueltas a algo. Pero ¿son lo mismo? ¿Se puede preocupar uno sin rumiar? Aunque en el lenguaje cotidiano se usan casi como sinónimos, la psicología los distingue, y entender la diferencia ayuda a saber qué está pasando en tu cabeza y qué puede ayudarte.

Este artículo se centra en esa comparación. Si buscas una explicación general de qué es la rumiación y por qué la mente entra en bucle, puedes consultar nuestra guía sobre qué es la rumiación y por qué no puedes dejar de pensar.

¿En qué se parecen la preocupación y la rumiación?

Se parecen en que ambas son formas de pensamiento repetitivo, centradas en lo negativo, difíciles de controlar y asociadas a malestar. Por eso, la investigación las agrupa a menudo bajo una misma etiqueta: el «pensamiento repetitivo negativo».

Los psicólogos Thomas Ehring y Edward Watkins propusieron en 2008, en el International Journal of Cognitive Therapy, que este tipo de pensamiento es un proceso común a distintos problemas emocionales, como la ansiedad y la depresión. Tanto preocuparse como rumiar tienden a ser abstractos, autocentrados y a dificultar que la atención se desplace hacia otras cosas.

Las dos, además, pueden entenderse como intentos fallidos de regular las emociones: la persona piensa una y otra vez en algo con la esperanza de sentirse mejor o de encontrar una respuesta, pero el resultado suele ser más malestar. Es habitual que aparezcan juntas, y de hecho comparten tantos rasgos que algunos investigadores debaten si son dos procesos distintos o dos caras del mismo.

¿Qué es preocuparse?

Preocuparse es pensar de forma repetida en lo que podría ocurrir en el futuro, sobre todo en lo que podría salir mal. Thomas Borkovec, uno de los principales investigadores del tema, la describió en 1983 como una cadena de pensamientos e imágenes cargados de emoción negativa y relativamente incontrolables, que intentan resolver mentalmente un problema de resultado incierto.

En su forma moderada, la preocupación es normal y puede ser útil: ayuda a anticipar dificultades y a prepararse. Está muy ligada a la incertidumbre y suele adoptar la forma de preguntas como «¿y si no llego a tiempo?» o «¿y si me despiden?». El problema surge cuando se vuelve excesiva y empieza a imaginar el peor escenario posible ante cualquier duda, sin llegar a ninguna solución.

¿Qué es rumiar?

Rumiar es darle vueltas una y otra vez a un malestar, a sus causas y a sus consecuencias, sin pasar a la acción. El término procede del verbo que describe cómo algunos animales vuelven a masticar el alimento, y la psicología lo adoptó para referirse a ese «volver a masticar» los mismos pensamientos.

La psicóloga Susan Nolen-Hoeksema, que desarrolló buena parte de la investigación sobre el tema, la describió como una forma de responder al ánimo bajo centrándose de forma repetida en los propios síntomas y en sus posibles causas. Suele adoptar la forma de preguntas como «¿por qué me pasa esto a mí?» o «¿qué hice mal?».

No toda vuelta a un pensamiento es igual. Un estudio de Wendy Treynor, Richard Gonzalez y Nolen-Hoeksema, publicado en 2003 en Cognitive Therapy and Research, distinguió entre la reflexión, un intento de comprender lo que ocurre, y lo que llamaron «cavilación» (en inglés, brooding), una forma de comparar con amargura la situación actual con la deseada. La cavilación se asoció con más síntomas depresivos que la reflexión.

¿Cuáles son las 5 diferencias clave?

Las cinco diferencias principales entre preocupación y rumiación tienen que ver con su enfoque, su orientación temporal, su contenido, su función y el tipo de malestar con el que se asocian. Un estudio de Edward Watkins, Michelle Moulds y Bundy Mackintosh, publicado en 2005 en Behaviour Research and Therapy, comparó ambas formas de pensamiento y encontró que comparten muchas características, pero que se diferencian sobre todo en su orientación en el tiempo.

DiferenciaPreocupaciónRumiación
EnfoqueAnticipar y evitar amenazasEntender por qué te sientes así
TiempoFuturoPasado y presente
ContenidoPeligros, desafíos, «¿y si…?»Errores, culpa, pérdidas, «¿por qué…?»
FunciónPrepararse para lo que vieneIntentar comprender lo ocurrido
CosteSe asocia más con la ansiedadSe asocia más con la depresión

1. El enfoque

La preocupación aparece cuando algo del futuro se percibe como una amenaza o un desafío, y su objetivo es anticipar qué podría pasar y cómo evitarlo. La rumiación, en cambio, se centra en entender el propio malestar: por qué ha ocurrido algo, por qué te sientes así, qué dice eso de ti.

2. El tiempo

La preocupación mira hacia adelante: anticipa lo que puede suceder. La rumiación suele mirar hacia atrás o al presente: repasa actos, decisiones y situaciones que ya ocurrieron. Al revisar esos hechos, la persona tiende a analizarse de forma crítica, sin aplicar ninguna estrategia para resolver la situación.

3. El contenido

La preocupación gira en torno al miedo a lo que pueda pasar, a los desafíos que habrá que afrontar y a si se tendrán recursos para hacerlo. La rumiación se centra más en los arrepentimientos, los errores del pasado, la culpa, la vergüenza y en lo que se debió hacer de otra manera.

4. La función

Ambas pueden cumplir una función en su forma moderada. La preocupación puede ayudar a prepararse y a planificar. La vuelta reflexiva sobre el pasado puede ayudar a comprender una experiencia difícil y a darle un sentido. El problema aparece cuando ninguna de las dos lleva a una respuesta: la preocupación se convierte en una anticipación sin fin y la rumiación, en una cavilación que no ayuda a avanzar.

5. El coste mental

Cuando son excesivas, ambas tienen un coste. La preocupación excesiva y difícil de controlar es el rasgo central del trastorno de ansiedad generalizada, tal como lo definen los manuales diagnósticos. La rumiación, por su parte, se ha asociado con el inicio y la persistencia de los síntomas depresivos, y también con la ansiedad. Un estudio de Katie McLaughlin y Nolen-Hoeksema, publicado en 2011, encontró que la rumiación ayudaba a explicar por qué la ansiedad y la depresión suelen aparecer juntas.

¿Por qué importa distinguirlas?

Distinguirlas ayuda a entender qué está ocurriendo y a elegir mejor qué hacer. Si lo que predomina es la preocupación, puede ser útil trabajar la tolerancia a la incertidumbre; si es la rumiación, conviene pasar de las preguntas abstractas a las concretas y volver a la acción.

El psicólogo Edward Watkins propuso en 2008, en Psychological Bulletin, que el pensamiento repetitivo puede ser constructivo o no según cómo se piensa: el pensamiento concreto y orientado a la acción («¿qué puedo hacer ahora?») tiende a ser más útil que el abstracto y evaluativo («¿por qué soy así?»). Esta idea sirve para ambas formas de pensamiento y es una buena pista para saber si estás avanzando o dando vueltas.

En la práctica, preocupación y rumiación se mezclan y se alimentan entre sí, y también se alimentan de la ansiedad. Si quieres entender ese círculo, puedes leer sobre cómo se refuerzan entre sí la ansiedad y las rumiaciones. Y para estrategias prácticas, consulta cómo dejar de pensar tanto: 10 consejos contra la rumiación.

¿Cuándo conviene pedir ayuda?

Conviene pedir ayuda cuando la preocupación o la rumiación ocupan buena parte de tu día, son difíciles de controlar y afectan a tu sueño, tu trabajo o tus relaciones. No hace falta saber cuál de las dos predomina para consultar: un profesional puede ayudarte a identificarlo.

Puede ser una señal para consultar que la preocupación se mantenga durante meses ante muchos temas distintos y se acompañe de tensión, cansancio o problemas para dormir, o que la rumiación vaya unida a tristeza persistente, pérdida de interés o sensación de desesperanza. Enfoques como la terapia cognitivo-conductual o la terapia metacognitiva trabajan específicamente estas formas de pensamiento.

  • Borkovec, T. D., Robinson, E., Pruzinsky, T. y DePree, J. A. (1983). Preliminary exploration of worry: Some characteristics and processes. Behaviour Research and Therapy, 21(1), 9-16.
  • Ehring, T. y Watkins, E. R. (2008). Repetitive negative thinking as a transdiagnostic process. International Journal of Cognitive Therapy, 1(3), 192-205.
  • McLaughlin, K. A. y Nolen-Hoeksema, S. (2011). Rumination as a transdiagnostic factor in depression and anxiety. Behaviour Research and Therapy, 49(3), 186-193.
  • Nolen-Hoeksema, S. (1991). Responses to depression and their effects on the duration of depressive episodes. Journal of Abnormal Psychology, 100(4), 569-582.
  • Treynor, W., Gonzalez, R. y Nolen-Hoeksema, S. (2003). Rumination reconsidered: A psychometric analysis. Cognitive Therapy and Research, 27(3), 247-259.
  • Watkins, E. R. (2008). Constructive and unconstructive repetitive thought. Psychological Bulletin, 134(2), 163-206.
  • Watkins, E., Moulds, M. y Mackintosh, B. (2005). Comparisons between rumination and worry in a non-clinical population. Behaviour Research and Therapy, 43(12), 1577-1585.

Preguntas frecuentes

Ambas son formas de pensamiento repetitivo negativo: se centran en aspectos negativos, son difíciles de controlar y se asocian con malestar. También tienden a ser abstractas y autocentradas, y pueden dificultar que la atención se dirija hacia otras cosas. A menudo funcionan como intentos fallidos de regular las emociones y pueden aparecer juntas.

Preocuparse consiste en anticipar lo que podría salir mal en el futuro, generalmente ante una amenaza, un desafío o una situación incierta. Rumiar es dar vueltas al malestar, sus causas y consecuencias, así como a hechos ya ocurridos o a cómo se siente la persona. La preocupación pregunta «¿y si...?», mientras que la rumiación suele plantear «¿por qué...?».

Sí. La preocupación mira hacia adelante y anticipa lo que podría suceder, especialmente posibles dificultades o amenazas. La rumiación suele centrarse en el pasado o el presente, repasando decisiones, errores, pérdidas o el propio estado emocional.

En una forma moderada, la preocupación puede ayudar a anticipar dificultades, prepararse y planificar. Una vuelta reflexiva sobre el pasado puede ayudar a comprender una experiencia difícil y darle sentido. El problema aparece cuando ninguna lleva a una respuesta o acción concreta.

La preocupación se asocia más con la ansiedad, y cuando es excesiva y difícil de controlar es un rasgo central del trastorno de ansiedad generalizada. La rumiación se asocia más con el ánimo bajo y con los síntomas depresivos, aunque también se ha relacionado con la ansiedad. Un estudio de 2011 de Katie McLaughlin y Susan Nolen-Hoeksema encontró que la rumiación ayudaba a explicar por qué ansiedad y depresión suelen aparecer juntas.

Según un estudio de Wendy Treynor, Richard Gonzalez y Susan Nolen-Hoeksema publicado en 2003, la reflexión es un intento de comprender lo que ocurre. La cavilación, o *brooding*, consiste en comparar con amargura la situación actual con la que se desearía tener. La cavilación se asoció con más síntomas depresivos que la reflexión.

Conviene pedir ayuda cuando la preocupación o la rumiación ocupan buena parte del día, son difíciles de controlar y afectan al sueño, el trabajo o las relaciones. También puede ser una señal para consultar que la preocupación se mantenga durante meses ante muchos temas distintos y se acompañe de tensión, cansancio o problemas para dormir, o que la rumiación vaya unida a tristeza persistente, pérdida de interés o sensación de desesperanza. No hace falta saber cuál de las dos predomina para consultar: un profesional puede ayudar a identificarlo.

Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

Chiara Fabian. (2023, julio 10). ¿En qué se diferencian la preocupación y la rumiación?. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/clinica/diferencias-preocupacion-rumiacion

Psicóloga

Chiara Fabian es neuropsicóloga clínica especializada en trastornos del neurodesarrollo con especial inclinación hacia la divulgación sobre temas relacionados con la psicología. Sus intereses se centran en la investigación sobre las relaciones entre el cerebro y la conducta en sujetos con trastorno mental grave, trastornos de conducta y daño cerebral. Es una persona con muchas ganas de aprender y seguir creciendo tanto personal como profesionalmente.

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