¿Cómo se refuerzan entre sí la ansiedad y las rumiaciones?

La ansiedad te mantiene alerta y rumiar te expone a lo que temes: así se refuerzan y así lo frenas.

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La ansiedad y las rumiaciones se refuerzan porque cada una alimenta a la otra. La ansiedad te mantiene en alerta y te empuja a evitar ciertos pensamientos; ese esfuerzo los vuelve más presentes y caes en darles vueltas. Al rumiar, te expones una y otra vez a lo que temes, y la ansiedad vuelve a subir.

Si buscas una explicación general de qué es la rumiación y por qué aparece, la tienes en nuestra guía sobre qué es la rumiación mental y cómo se rompe el bucle. Aquí nos centramos en una pieza concreta de ese rompecabezas: la relación de ida y vuelta entre la ansiedad y el pensamiento repetitivo, y qué puedes hacer para que dejen de sostenerse mutuamente.

El mecanismo: evitar, vigilar y volver a pensar

Ansiedad y rumiación se refuerzan a través de un mecanismo sencillo: intentar no pensar en algo que te inquieta hace que lo tengas más presente. La ansiedad pone en marcha esa vigilancia, y la vigilancia acaba alimentando el bucle de pensamientos.

La ansiedad es una respuesta psicológica y fisiológica ante situaciones reales o imaginadas que te ponen «en guardia». Te prepara para actuar rápido ante cualquier señal de que algo puede salir mal, ya sea un peligro o la pérdida de una oportunidad importante. Dicho de otro modo, la ansiedad se apoya en la evitación: te mantiene alerta para intentar que no ocurra algo que te dolería física o emocionalmente.

Ahora piensa en una de las experiencias que más malestar pueden generar casi sin que hagas nada para provocarla: los pensamientos intrusivos. Son ideas o imágenes que aparecen sin aviso y alteran tu estado de ánimo. Cuando estás ansioso, es fácil que los vivas como una amenaza más y que intentes apartarlos. Y ahí empieza el problema.

El ciclo suele seguir estos pasos:

  • Aparece un pensamiento intrusivo con carga emocional.
  • La ansiedad lo marca como peligroso y activa la vigilancia.
  • Intentas no pensar en él, pero estar pendiente de evitarlo lo mantiene activo.
  • Empiezas a darle vueltas y a relacionarlo con todo lo que te pasa.
  • Esa exposición repetida eleva la ansiedad, que vuelve a reforzar la vigilancia.

Con el tiempo, ambos fenómenos llegan a confundirse entre sí, porque se retroalimentan hasta el punto de que cuesta saber dónde termina uno y empieza el otro.

La rumiación, en pocas palabras: pensamientos que tiran de ti

La rumiación es la tendencia a darle vueltas una y otra vez al mismo tipo de pensamientos. Es lo que notas cuando ciertos contenidos de tu mente «tiran de ti» y, casi sin darte cuenta, empiezas a conectar todo lo que te ocurre con esas ideas.

En este bucle, los pensamientos intrusivos cumplen un doble papel: le dan impulso y, a la vez, forman parte de su contenido, de aquello a lo que le das vueltas. Suelen tener una carga emocional fuerte, porque evocan recuerdos importantes para ti o tocan temas ante los que te sientes sensible o vulnerable. Por eso las emociones que los acompañan suelen girar en torno al miedo y la ansiedad.

Conviene matizar que darle vueltas a un tema no siempre es dañino. A veces ese foco intenso alimenta procesos creativos y permite ver muchos matices en una idea. Pero, en la mayoría de los casos, la rumiación viene acompañada de malestar y, como has visto, de estrés o ansiedad.

¿Qué ocurre primero: la ansiedad o el bucle de pensamientos?

No siempre hay un punto de partida claro, y para cortar el círculo tampoco es imprescindible encontrarlo. A veces un estado de ansiedad previo te vuelve más sensible a los pensamientos intrusivos; otras, un pensamiento concreto dispara la alarma y la ansiedad llega después.

Lo relevante es que, una vez que el ciclo está en marcha, cada elemento sostiene al otro. Buscar con insistencia «qué empezó primero» puede convertirse, de hecho, en un tema más sobre el que rumiar. Es más útil observar cómo funciona el bucle en tu caso: qué tipo de pensamientos lo activan, en qué momentos aparece y qué haces cuando surge.

Hay momentos en los que este refuerzo mutuo se nota especialmente. Por ejemplo, por la noche, cuando bajan las distracciones y la mente tiene más espacio para volver sobre lo que te preocupa. Si te pasa sobre todo al acostarte, puede interesarte leer sobre la ansiedad nocturna y por qué aparece antes de dormir.

¿Por qué el círculo se mantiene?

El círculo se mantiene, sobre todo, porque la estrategia que parece lógica (evitar el pensamiento) es justamente la que lo refuerza. Cuanta más importancia le das a no pensar en algo, más presente se vuelve.

Si estás alerta para no pensar en algo, lo más probable es que acabes pensando en ello, porque estableces muchas conexiones entre ideas que tienen como centro aquello que quieres evitar. Al darle tanta importancia, cualquier estímulo que te lo recuerde, aunque sea vagamente, lleva tu atención de vuelta a ese pensamiento. Lo que estaba latente pasa a estar activo y captura toda tu atención.

A la vez, la ansiedad te mantiene a la defensiva, porque te sientes vulnerable. Y desde esa posición defensiva, cada nuevo pensamiento intrusivo parece más amenazante, lo que invita a vigilar todavía más. Es un mecanismo que se sostiene a sí mismo.

Cómo cortar el refuerzo mutuo

Cortar el círculo no consiste en eliminar los pensamientos ni en dejar de sentir ansiedad, sino en romper el vínculo que los une: la evitación y la vigilancia constante. Cuando cambias tu forma de relacionarte con los pensamientos intrusivos, la ansiedad pierde parte de su combustible.

Algunas ideas para trabajar en esa dirección:

  • Reconoce el bucle cuando aparece. Ponerle nombre («estoy dándole vueltas otra vez») te ayuda a verlo como un proceso y no como una verdad urgente.
  • Deja de pelear con el pensamiento. En lugar de intentar expulsarlo, permite que esté ahí sin seguirlo. Paradójicamente, quitarle importancia reduce su fuerza.
  • Baja la vigilancia. Revisar constantemente si el pensamiento sigue ahí lo mantiene activo. Intenta volver a lo que estabas haciendo, aunque no se haya ido del todo.
  • Atiende también a la ansiedad. El cuerpo en alerta facilita la rumiación; cualquier cosa que te ayude a regular esa activación debilita el bucle.
  • Lleva tu atención a algo concreto. Una tarea que requiera concentración ofrece a tu mente un lugar al que ir que no sea el bucle.

Si quieres un repertorio más amplio de estrategias prácticas, consulta estos 10 consejos para dejar de pensar tanto y frenar la rumiación.

¿Cuándo pedir ayuda profesional?

Conviene pedir ayuda cuando el círculo de ansiedad y rumiación se mantiene en el tiempo, te genera un malestar intenso o empieza a interferir en tu descanso, tu trabajo o tus relaciones. No hace falta esperar a estar «muy mal» para consultar.

Ni la ansiedad ni la rumiación son, en sí mismas, trastornos psicológicos. Aun así, en psicoterapia es muy habitual intervenir en estas formas de malestar, ayudando a las personas a modular mejor no solo sus emociones, sino también sus pensamientos y su foco atencional. Un profesional puede ayudarte a entender cómo funciona el bucle en tu caso y a practicar formas distintas de responder.

Si te reconoces en lo que has leído, evita autodiagnosticarte y busca una valoración. Puedes encontrar especialistas en el directorio de psicólogos de México, España y Colombia.

Si estás pasando por un momento complicado y buscas apoyo psicológico profesional, también puedes ponerte en contacto conmigo. Mi nombre es Paloma Rey Cardona, soy psicóloga general sanitaria y en mi consulta ofrezco terapia infanto-juvenil y para adultos, también en sesiones online por videollamada.

  • Bar-Haim, Y., Lamy, D., Pergamin, L., Bakermans-Kranenburg, M. J. y van IJzendoorn, M. H. (2007). Threat-related attentional bias in anxious and nonanxious individuals: A meta-analytic study. Psychological Bulletin, 133(1), 1-24.
  • Borkovec, T. D., Alcaine, O. M. y Behar, E. (2004). Avoidance theory of worry and generalized anxiety disorder. En R. G. Heimberg, C. L. Turk y D. S. Mennin (Eds.), Generalized Anxiety Disorder: Advances in Research and Practice (pp. 77-108). Guilford Press.
  • Brosschot, J. F., Gerin, W. y Thayer, J. F. (2006). The perseverative cognition hypothesis: A review of worry, prolonged stress-related physiological activation, and health. Journal of Psychosomatic Research, 60(2), 113-124.
  • McLaughlin, K. A. y Nolen-Hoeksema, S. (2011). Rumination as a transdiagnostic factor in depression and anxiety. Behaviour Research and Therapy, 49(3), 186-193.
  • Nolen-Hoeksema, S. (2000). The role of rumination in depressive disorders and mixed anxiety/depressive symptoms. Journal of Abnormal Psychology, 109(3), 504-511.
  • Wegner, D. M., Schneider, D. J., Carter, S. R. y White, T. L. (1987). Paradoxical effects of thought suppression. Journal of Personality and Social Psychology, 53(1), 5-13.
  • Wells, A. (2009). Metacognitive Therapy for Anxiety and Depression. Guilford Press.

Preguntas frecuentes

La ansiedad orienta la atención hacia posibles amenazas, por lo que un pensamiento preocupante puede captar toda la atención y convertirse en una rumiación. A su vez, dar vueltas a esos pensamientos mantiene activada la respuesta fisiológica de estrés y la sensación de peligro. Así, ansiedad y rumiación forman un círculo en el que cada una sostiene a la otra.

Puede empezar por cualquiera de los dos. A veces, un momento de ansiedad desencadena pensamientos repetitivos y, otras veces, rumiar sobre algo termina generando ansiedad. Una vez iniciado el círculo, importa menos identificar qué apareció antes que comprender cómo se mantiene.

Tratar de no pensar en algo exige estar alerta para comprobar que ese pensamiento no aparezca. Esa vigilancia mantiene activo el contenido y hace más probable que estímulos relacionados devuelvan la atención a él. En el experimento de Daniel Wegner de 1987, quienes intentaban no pensar en un oso blanco acababan pensando más en él después.

Adrian Wells describió creencias positivas, como pensar que preocuparse ayuda a estar preparado, y creencias negativas, como creer que no se pueden controlar los pensamientos. Las primeras animan a seguir rumiando. Las segundas generan más ansiedad sobre la propia rumiación.

El momento de acostarse puede favorecer este círculo porque desaparecen las distracciones del día. Con menos estímulos externos, los pensamientos preocupantes pueden ocupar más atención y engancharse con mayor facilidad.

Puede ayudar notar y nombrar que se está rumiando, aplazar la preocupación a un momento concreto y observar los pensamientos sin intentar expulsarlos. También se propone volver la atención al presente mediante respiración lenta o movimiento, y pasar a la acción: dar un paso concreto ante un problema resoluble o realizar una actividad que requiera atención si no lo es. El objetivo no es eliminar la ansiedad o los pensamientos, sino evitar que se alimenten entre sí.

Conviene pedir ayuda si este círculo ocupa buena parte del día, afecta al sueño, al trabajo o a las relaciones, o se mantiene durante semanas pese a los intentos de cortarlo. Aunque la ansiedad y la rumiación no son por sí mismas trastornos, cuando se intensifican pueden formar parte de problemas que se benefician de apoyo profesional.

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Paloma Rey. (2021, julio 19). ¿Cómo se refuerzan entre sí la ansiedad y las rumiaciones?. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/clinica/como-se-refuerzan-ansiedad-rumiaciones

Psicóloga

Paloma Rey es Psicóloga General Sanitaria. Ofrece atención a población infanto-juvenil y adulta, tanto de forma presencial como online, en casos de ansiedad, depresión, baja autoestima, estrés, duelo, dificultades de aprendizaje, entrenamiento en habilidades sociales y comunicación,resolución de conflictos, problemas de conducta y gestión emocional, y TDAH, entre otros. Para ello emplea técnicas propias de la terapia cognitivo-conductual, combinándolas con psicología positiva y Terapia de Aceptación y Compromiso.

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