El dolor psicológico es un concepto que a veces es utilizado para referirse a personas que están pasando malos momentos y que requieren ayuda profesional en terapia.

En este artículo veremos en qué consiste esta forma de malestar y qué medidas tomamos los profesionales de la salud mental para tratar a los pacientes que la experimentan.

¿Qué es el dolor psicológico?

Tal y como su nombre indica, el dolor psicológico es un tipo de malestar, incomodidad o sufrimiento en general que no tiene una causa física, es decir, que no nace en los estímulos captados por los nervios que mandan señales de nuestro organismo hacia nuestro encéfalo.

Así pues, se trata de una experiencia desagradable de naturaleza difusa, que no podemos atribuir a partes del cuerpo concretas, y que solemos atribuir a lo que ocurre no en las células nerviosas que captan fallos orgánicos en nuestros tejidos u órganos, sino a lo que tiene lugar en nuestra mente.

Esto significa, entre otras cosas, que resulta muy complicado saber cuál es el origen del dolor psicológico, porque no somos capaces de conocer ni aunque sea por aproximación la zona en la que está aquello en lo que debemos actuar para “sanar”.

De hecho, incluso la idea de necesitar una curación ante ese tipo de malestar parece cuestionable: ¿realmente lo que solucionaría el problema es una intervención médica? En realidad, no hay motivos para dar por cierta esa idea: incluso los recursos terapéuticos aportados por la psiquiatría en estos casos suelen ser, con suerte, una ayuda para sobrellevar la experiencia durante un tiempo, aunque exponiéndonos a efectos secundarios y sin terminar de poner fin definitivamente a ese malestar.

Así pues, si bien el dolor psicológico suele tener implicaciones objetivas que van más allá de lo que ocurre en nuestra consciencia y en nuestra subjetividad (por ejemplo, si es muy intenso se asocia a un mayor riesgo de caer en intentos de suicidio o al desarrollo de adicciones para “aliviarse” generando un problema adicional), quien lo sufre en las propias carnes no tiene más remedio que admitir que no comprende del todo lo que le ocurre, y que tan solo puede ubicar el origen del malestar no en algo físico, sino en su consciencia.

A pesar de ello, existen aspectos en los que el dolor psicológico y el dolor físico se solapan en una misma experiencia. Por ejemplo, la ansiedad, cuando se presenta en niveles muy intensos, suele venir de la mano de los problemas de digestión, el malestar general en los músculos y las articulaciones a causa de la tensión de los músculos, la mayor propensión a sufrir dolores de cabeza o incluso migrañas (en el caso de quien las suela sufrir).

Esto no es en sí extraño y tampoco constituye un misterio científico; se trata de un recordatorio de que la división entre mente y cuerpo es básicamente un constructo social que utilizamos para ser capaces de comprender mejor la complejidad de la experiencia humana; en realidad, ambos elementos forman parte de una misma realidad, y tan solo se encuentran claramente diferenciados en un sentido superficial, en el mundo del lenguaje y las metáforas usadas para describir la mente.

Diferencia con el dolor crónico

El dolor crónico tiene en común con el dolor psicológico que en este caso su presencia tampoco indica que exista un problema orgánico en un lugar en el que existan nociceptores (células que desencadenan la sensación de dolor al detectar lesiones en ciertos tejidos del cuerpo).

Sin embargo, en el caso del dolor psicológico no hay duda de que el problema no tiene que ver con lesiones, inflamaciones ni quemaduras, sino con procesos psicológicos abstractos que tienen que ver con el modo en el que interpretamos lo que nos ocurre y lo que podemos hacer.

Así, las personas que sufren dolor psicológico no experimentan malestar en el tramo del procesamiento nervioso que va de los sentidos al cerebro, sino en todo el ciclo percepción-acción-percepción en sí, es decir, en todo el círculo de la experiencia vital: lo que creemos que nos pasa y lo que creemos que podemos hacer al respecto.

Se trata de un problema no tan fisiológico como filosófico (sin necesidad de que debamos ser importantes filósofos para llegar a padecerlo, por supuesto).

¿Qué se hace en terapia ante el dolor psicológico?

Tal y como hemos visto, el dolor psicológico es un fenómeno muy complejo. Esto hace que sea complicado definirlo incluso desde instancias científicas, si bien en general sí se ha logrado establecer una serie de elementos comunes que presentan los casos de dolor psicológico y que permiten distinguirlo de los diferentes tipos de nocicepción.

Ante esto, la psicoterapia se plantea como el conjunto de procedimientos que, llevados a cabo por expertos de la psicología, puede ayudar a superar o a aliviar ese malestar. La clave está en actuar en ambos lados del ciclo percepción-acción: tanto en el modo de interpretar la realidad y de analizar lo que nos ocurre en base a ciertas creencias, como en la generación de hábitos de interacción con el entorno y con los demás.

En este proceso, los psicólogos tenemos en cuenta que los procesos mentales también son, en el fondo, acciones, parte de nuestro comportamiento. Tras una experiencia de dolor psicológico se agrupan varios patrones de comportamiento que a veces toman la forma de ansiedad, a veces de depresión, a veces de frustración o de impulsos difíciles de reprimir, etc.

Sea como sea, en terapia vamos viendo qué patrones de comportamiento están alimentando y reforzando esas operaciones mentales y esas conductas observables desde fuera y que mantienen vivo el malestar, para ir modificando estos elementos y sustituyéndolos por otros.

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Ignacio García Vicente

Si te sientes mal psicológicamente y notas que necesitas ayuda profesional, te propongo que me contactes para asistir a terapia. Soy psicólogo especializado en problemas de tipo ansioso y/o depresivo, así como en adicciones y mal control de los impulsos, y baso mi labor en el modelo cognitivo-conductual y desde la Terapia de Aceptación y Compromiso. Atiendo en sesiones presenciales (en Almería) u online, y si quieres saber más acerca de cómo trabajo, puedes visitar esta página.

Referencias bibliográficas:

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  • Shneidman ES. The Suicidal Mind. Oxford University Press; 1996. Appendix A Psychological Pain Survey.
  • Thornhill, R.; Wilmsen, T.N. (1989). The Evolution of Psychological Pain. En Bell, R.W.; Bell, N.J. (eds.). Sociobiology and the Social Sciences. Lubbock, Texas: Texas Tech University Press.
  • Wille, R.S.G. (2011). On the capacity to endure psychic pain. The Scandinavian Psychoanalytic Review, 34: pp. 23 - 30.