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El dolor crónico, aquel cuya duración excede los seis meses, es una experiencia no solo distinta al dolor agudo de forma cuantitativa, sino también, y sobre todo, cualitativamente. ¿Cómo se puede hacerle frente? Para saberlo, primero es necesario explorar lo que es el dolor.

¿Cómo funciona el dolor?

La idea de que el sentimiento de dolor depende únicamente del daño físico producido (modelo lineal simple) ha sido mantenida durante un largo periodo de tiempo. Sin embargo, esta forma de entender el dolor se considera insuficiente para explicar algunos fenómenos clínicos. 

¿Qué ocurre con el dolor del miembro fantasma? ¿Y con el efecto placebo? ¿Por qué parece que el dolor se intensifica al estar silencio, en la oscuridad de la noche, cuando estamos en la cama sin ningún tipo de distracción?

Melzack y Wall propusieron en 1965 la Teoría de la Puerta de Control, la cual sostiene que el dolor está compuesto por tres dimensiones:

  • Sensorial o Discriminativa: alude a propiedades físicas del dolor.
  • Motivacional o Afectiva: referida a aspectos emocionales del mismo.
  • Cognitiva o Evaluativa: relativa a la interpretación del dolor en función de aspectos atencionales, experiencias previas, el contexto sociocultural....

¿Qué influencia tienen estos factores? La percepción de los estímulos nocivos no es directa, sino que existe una modulación del mensaje a nivel de la médula espinal. Esto implica que para sentir dolor es necesaria la llegada de un "duele" al cerebro. No obstante, ¿recibe siempre el cerebro esta información?

La válvula del dolor

Según los autores, existe una compuerta que permite (o no) la entrada de esta información a la vía neural, según si se abre o cierra. Son las dimensiones previamente mencionadas, los factores físicos, emocionales y cognitivos, las que controlan su apertura o cierre

En la última década, Melzack ha propuesto un Modelo de Redes Neuronales que postula que, aunque el procesamiento del dolor esté genéticamente determinado, se puede modificar por la experiencia. De esta forma, los factores que aumentan el flujo sensorial de las señales de dolor, a largo plazo podrían modificar los umbrales de excitabilidad, aumentando así la sensibilidad al mismo.

Actualmente, no tiene sentido hablar de dolor psicógeno y dolor orgánico. Simplemente, en los seres humanos, el dolor siempre está influido por factores psicológicos, lo cual significa que en su su experimentación no solo va de los receptores del dolor hacia el cerebro, sino también en el sentido contrario.

Estrategias para enfrentarse al dolor crónico

¿Qué estrategias emplean los pacientes con dolor crónico para tratar de solventarlo?

Entre ellas destacan:

  • Distracción de la atención.
  • Autoafirmaciones: decirse a uno mismo que puede enfrentarse al dolor sin grandes dificultades.
  • Ignorar las sensaciones de dolor.
  • Aumentar su nivel de actividad: mediante el empleo de conductas distractoras.
  • Búsqueda de apoyo social.

Diferentes estudios científicos han tratado de averiguar cuáles de ellas resultan verdaderamente efectivas. No obstante, los resultados no son concluyentes, a excepción de lo que se sabe acerca de una mala estrategia: el catastrofismo.

¿En qué consiste el catastrofismo?

El catastrofismo se define como el conjunto de pensamientos muy negativos referidos a que el dolor no tiene fin, ni solución, ni puede hacerse nada para mejorarlo.

Los trabajos realizados en la Universidad Dalhousie de Halifax por Sullivan y su equipo distinguen tres dimensiones en la evaluación del catastrofismo. Éstas aluden a la incapacidad de apartar de la mente del paciente el dolor (rumiación), la exageración de las propiedades amenazantes del estímulo doloroso (magnificación) y la sensación de incapacidad para influir sobre el dolor (indefensión). Los resultados apuntan que la rumiación se relaciona más consistentemente con esta estrategia.

El esquema del dolor

El dolor, como emoción desagradable, se asocia con emociones y pensamientos desagradables. Para intentar mejorar su calidad de vida, las personas tratan de suprimirlos. No obstante, no solo no lo consiguen, sino que además logran que se hagan más fuertes (produciéndose la rumiación que los mantendrá activos de forma continua).

Esta activación se asocia, a su vez, con otras emociones negativas, lo que fortalece el esquema catastrofista, que consecuentemente sesga los procesamientos cognitivos y emocionales de la persona, contribuyendo, de nuevo, a la persistencia del dolor. De este modo, se entra en un círculo vicioso. ¿Cómo salir de él?

Intervención de la psicología en el dolor crónico

Fijar como objetivo la eliminación del dolor crónico puede resultar no solo ineficaz, sino también perjudicial para el paciente, al igual que una intervención dirigida a promover pensamientos y emociones positivas al respecto. Como alternativa, se estudia el papel de la aceptación y la Terapia Contextual en el dolor crónico.

El papel de la aceptación

La aceptación consiste en la aplicación selectiva del control a aquello que es controlable (a diferencia de la resignación, que trata de sustituir el control por la ausencia de control de forma absoluta). Desde este punto de vista, las intervenciones psicológicas proponen a los pacientes estrategias para mejorar su calidad de vida en una vida con dolor, sin tratar de eliminarlo.

Aunque todavía son pocas las investigaciones en esta línea, un estudio realizado en la universidad de Chicago muestra que las personas que presentan una mayor aceptación al dolor muestran menores valores de ansiedad y depresión, además de un mayor nivel de actividad y estatus laboral.

La Terapia Contextual

La Terapia Contextual o Terapia de Aceptación y Compromiso, desarrollada por Hayes y Wilson, ha sido por el momento escasamente aplicada al dolor crónico. Ésta consiste en cambiar la función de las emociones y pensamientos del paciente (no modificarlos en sí mismos). De este modo, se intenta que los pacientes experimenten que las emociones y los pensamientos les suceden a ellos, pero no son la causa de su conducta, llegando a plantearse de esta manera cuáles son los valores que actúan como el motor de la misma.

Con respecto al dolor, trata de asumir su presencia sin intentar suprimirlo, implicándose en otras actividades vitales orientadas a objetivos distintos.

Referencias bibliográficas:

  • Fernández Berrocal, P., & Ramos Díaz, N. (2002). Corazones inteligentes. Barcelona: Kairós.