La falta de ganas por ir a trabajar: un posible indicador de estrés

Cuando el cuerpo dice “no” antes que la mente debido a la acumulación de malestar.

La falta de ganas por ir a trabajar: un posible indicador de estrés
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Hay mañanas en las que la falta de ganas por ir a trabajar no es simple pereza. A veces es una señal temprana de que algo lleva demasiado tiempo pesando. El cuerpo se adelanta a tu lado racional: cuesta levantarse, aparece una sensación de rechazo, el domingo por la tarde se vuelve gris y la idea de abrir el correo parece más agotadora que la propia jornada. Estas son señales a las que prestamos mucha atención los psicólogos.

El estrés laboral no siempre entra haciendo ruido. Muchas veces se instala como una pérdida lenta de entusiasmo. Lo que antes tenía sentido empieza a vivirse como carga. Lo que antes retaba, ahora agota. Y ahí conviene escuchar: la motivación no desaparece porque sí; con frecuencia se apaga cuando el sistema nervioso lleva demasiado tiempo funcionando en modo supervivencia.

Estrés y desmotivación laboral: una relación más profunda de lo que parece

La investigación científica sobre burnout describe este fenómeno como una respuesta al estrés laboral crónico, marcada por agotamiento, distancia mental respecto al trabajo y sensación de baja eficacia profesional. No se trata solo de “estar cansado”, sino de empezar a desconectarse emocionalmente de aquello que ocupa tantas horas de la vida.

El modelo de Demandas y Recursos Laborales ayuda a entenderlo bien: cuando las exigencias son altas y los recursos son insuficientes, aumenta el riesgo de agotamiento; cuando existen apoyo, autonomía, reconocimiento y feedback útil, crece el compromiso con el trabajo. Es decir, la motivación no vive aislada dentro de la persona. También depende del entorno que la sostiene o la erosiona.

Por eso, decirle a alguien “ponle más ganas” puede ser injusto e inútil. A veces no faltan ganas: falta descanso, margen, claridad, respeto o sensación de control.

Cuando el trabajo deja de tener sentido

Uno de los efectos más duros del estrés sostenido es que estrecha la mirada. La mente deja de preguntarse “¿qué puedo aportar?” y empieza a repetir “¿cómo sobrevivo a esta semana?”. En ese estado, la creatividad baja, la paciencia se acorta y el trabajo pierde su dimensión humana. Todo se convierte en urgencia.

La American Psychological Association encontró en su encuesta Work in America 2023 que el 77% de los trabajadores participantes había experimentado estrés laboral en el mes anterior, y el 57% reportó efectos negativos asociados, como agotamiento emocional, baja motivación o deseo de abandonar el empleo. Estos datos no hablan de debilidad individual; hablan de una cultura laboral que a menudo normaliza vivir al límite.

Cuando ir a trabajar empieza a sentirse como cruzar una frontera invisible hacia el desgaste, quizá no estamos ante una falta de actitud, sino ante una petición interna de cambio. La desgana puede ser una alarma. Incómoda, sí, pero también honesta.

No todo cansancio es burnout, pero todo cansancio merece atención

Es importante no patologizar cualquier lunes difícil. Todos podemos tener etapas de apatía, aburrimiento o cansancio puntual. La señal se vuelve más relevante cuando se repite, se intensifica y empieza a afectar al sueño, al ánimo, a las relaciones o a la autoestima.

La Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo han advertido que trabajar 55 horas o más por semana se asocia con mayor riesgo de ictus y enfermedad cardíaca isquémica frente a jornadas de 35 a 40 horas. El exceso de trabajo no solo roba tiempo, sino que también puede afectar al cuerpo de formas que al principio resultan muy discretas e insospechadas.

La pregunta, entonces, no es únicamente “¿por qué no tengo ganas?”, sino “¿qué me está drenando?”. Puede ser una carga excesiva, un jefe imprevisible, una falta crónica de reconocimiento, conflictos no resueltos, miedo a perder el empleo o una desconexión entre los valores personales y lo que se hace cada día.

Recuperar la motivación empieza por recuperar energía

La motivación no siempre vuelve a base de grandes decisiones. A veces empieza con gestos pequeños pero radicales: dormir mejor, pedir ayuda profesional en psicoterapia, poner límites, hablar con alguien de confianza, reorganizar prioridades o reconocer que no todo puede hacerse con la misma intensidad.

Tomas Santa Cecilia

Tomas Santa Cecilia

Psicologo Consultor: Master en Psicología Cognitivo Conductual

Profesional verificado
Madrid
Terapia online

También implica mirar el trabajo con más verdad. Quizá no todo puede cambiar de inmediato, pero sí puede cambiar la forma de leer la señal. La desgana persistente no es un defecto moral. Puede ser una brújula. Puede estar diciendo: “así no”, “necesito aire”, “esto ya no encaja”, “me estoy dejando demasiado aquí”.

Escucharla no significa abandonar a la primera dificultad. Significa recuperar una conversación pendiente con uno mismo. Porque trabajar importa, pero no debería costarnos la salud, la alegría ni la sensación de estar vivos.

  • Bakker, A. B., & Demerouti, E. (2007). The job demands-resources model: State of the art. Journal of Managerial Psychology, 22(3), 309–328.
  • Maslach, C., & Leiter, M. P. (2016). Understanding the burnout experience: Recent research and its implications for psychiatry. World Psychiatry, 15(2), 103–111.
  • American Psychological Association. (2023). 2023 Work in America Survey: Workplaces as engines of psychological health and well-being.
  • World Health Organization & International Labour Organization. (2021). Long working hours increasing deaths from heart disease and stroke.

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Tomás Santa Cecilia. (2026, mayo 7). La falta de ganas por ir a trabajar: un posible indicador de estrés. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/clinica/falta-de-ganas-ir-a-trabajar-posible-indicador-estres

Psicólogo

Madrid

Tomás Santa Cecilia es psicólogo, consultor, formador y Director de CECOPS Centro de Consultoría Psicológica. Es Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid, Máster Profesional en Psicología Cognitivo Conductial Avanzada (Albor-Cohs) y Miembro de The New York Academy of Sciences y de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS) entre otras cosas. Trabaja desde el Análisis Conductual Aplicado y la Terapia Cognitivo-Conductual.

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