Un malestar que surge de las emociones. Unsplash.

Un día alguien me dijo que siempre iban a haber personas con obesidad, y a pesar de que lo mencionó en un contexto de trabajo, la realidad es que esa frase, además de ser verdad, no es nada alentadora.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT), en 2016 el 73% de la población adulta en México ya padecía de sobrepeso u obesidad; ocupando el segundo lugar en el mundo por detrás de Estados Unidos, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Se sabe que el problema recae en la clase de alimentos que ingerimos, la frecuencia y las cantidades. Sin embargo existe un factor que, de alguna manera, interfiere en el arte del buen comer, ya que no siempre se come por sentir hambre realmente, a veces se hace para tapar ciertas emociones. Esto último se conoce como hambre emocional o comer emocional.

Diferencia entre hambre fisiológica y hambre emocional

El hambre física o fisiológica, una vez que aparece, tiende a incrementarse gradualmente y puede satisfacerse con cualquier tipo de comida, de manera que se puede elegir una comida saludable sin problemas. Una vez que comes, no necesitas más, ya que experimentas la sensación de saciedad.

Por el contrario, el hambre emocional se presenta de manera repentina con deseos de comer un alimento en específico, especialmente comida no saludable; sin embargo, una vez que logras satisfacer el antojo, esa “hambre” aparente no desaparece, pues quieres seguir comiendo.

La relación entre el hambre y las emociones

Desde pequeños, consciente o inconscientemente, vamos asociando la comida con las emociones. Por ejemplo, la sensación de seguridad de un bebé al tomar su leche en los brazos de papá o mamá; las recompensas con dulces o comida no saludable por haber obtenido un logro, ya sean buen comportamiento o altas calificaciones. Incluso, existe una frase popular que dice: “las penas con pan, son menos”, de manera que aprendemos que la tristeza, el abandono, el resentimiento, entre otras, se reducen con comer.

En situaciones de tristeza o felicidad, la comida puede activar reacciones en el cerebro que son placenteras. Un ejemplo de esto son los chocolates, que desencadenan un compuesto llamado feniletilamina, la cual genera un estado de bienestar; además, el chocolate libera endorfinas y serotonina, por lo que es considerado un antidepresivo natural.

Llenando el vacío

Tal como se mencionó anteriormente, no se trata de una sensación real de hambre, sino del deseo inconsciente de llenar un vacío, el cual no se encuentra en su estómago... se trata de un malestar emocional. En este caso, la persona no puede hacerse cargo de dicho malestar, ya que, en ocasiones no es consciente de ello, por lo que confunde esa sensación con hambre y trata de compensarla comiendo.

Por otro lado, existen ocasiones en que la persona logra estar consciente de esas emociones específicas, pero no ha tomado la decisión de atenderlas, por lo que esa insatisfacción continúa.

Quizás si la persona se cuestionara sobre esa hambre que siente, pudiera llegar a la conclusión de que puede ser hambre de cariño, necesitar un abrazo; tal vez miedo a ser abandonado, a sentirse solo, a ser rechazado; o simplemente estar pasando por un momento de mucha preocupación o ansiedad. Por más que lo intente, es algo que la comida nunca podrá saciar, y en consecuencia contribuye a aumentar de peso y se provoca sentimientos de culpabilidad.

Cómo se sacia el hambre emocional

El primer paso puede ser el darte cuenta de lo que estás sintiendo o pensando en ese momento en el que no logras quedar satisfecho; quizás estés pasando por una situación en tu vida que te genera preocupación, tristeza, estrés, felicidad. Ponle un nombre a eso que estés sintiendo, descubre qué pensamientos invaden tu mente, y qué necesidad tienes en ese momento.

Acude al nutriólogo. En temas de alimentación es necesario aprender cuáles son las porciones adecuadas para ti, además de llevar un control de las horas en las que tienes que comer. De esa manera, podrás identificar con más facilidad cuándo las emociones comienzan a confundirse con el hambre.

Haz ejercicio. Esto te permitirá, además de mejorar tu salud, descargar emociones negativas como el estrés y la ansiedad. También funciona como antidepresivo natural, ya que libera endorfinas y serotonina que mejoran el estado de ánimo. Busca ayuda para trabajar ese malestar emocional. Puedes empezar compartiéndolo con alguien de tu confianza; si el problema persiste, no dudes en acudir al psicólogo, quien te brindará la ayuda necesaria.

Lo principal en este tema es prestar atención a las necesidades emocionales que puedas presentar. De lo contrario le das a tu cuerpo una sobre ingesta de alimentos, lo que termina por ser perjudicial para tu salud. Escucha a tu cuerpo y atiende su necesidad. Dale a tu área emocional la importancia que requiere, de manera que encuentres el bienestar que mereces.

Autor: Psic. Angel Ximenez.

Referencias bibliográficas:

  • NOTIMEX (2018). Obesidad en México, problema de gravedad mayor: FAO. Excélsior.
  • OMENT (2017). Observatorio Mexicano de Enfermedades No Transmisibles. Recuperado el 11 de Noviembre de 2018, de Observatorio Mexicano de Enfermedades No Transmisibles.