Cuando las parejas se casan inician la aventura del matrimonio; con mucha ilusión se atreven a soñar, crear proyectos en común, se disfrutan como pareja y en ocasiones esperan el gran momento de la llegada de los hijos al hogar. Con gran emoción emprenden el camino de la crianza de esa nueva criatura. Surgen muchos miedos, preocupaciones y necesidades nuevas, pero poco a poco todo se va resolviendo.

Estos son los momentos mágicos que recuerdan las parejas que asisten a consulta porque “sus bebés” se independizaron yéndose de casa y ellos ahora no saben qué hacer. Lo que acostumbra a ocurrir es que llevan más de veinte años viviendo por sus hijos, por lo cual el momento en el que estos se independizan puede ser un duro golpe; los embarga una increíble tristeza y soledad. Cuando los hijos se casan, el nido familiar queda vacío y pocas cosas siguen siendo igual.

“Mis hijos se van de casa”

Estos padres y madres desean lo mejor para sus hijos y los apoyan, pero por dentro sienten que se desvanecen de dolor. “Me siento en su cama y me pongo a llorar. ¿Ahora qué voy a hacer?” dice el padre días después de la boda de su única hija. 

Es el momento esperado, como tal y como el padre reconoce, y se siente feliz por la pareja de su hija, pero es consciente de los reacomodos que tendrán que hacer en casa, pues las vivencias no serán las mismas. Es el momento de la reorganización familiar, para alcanzar una nueva estabilidad.

Por eso considero importante brindar información sobre esta nueva etapa que atraviesan las parejas, y sobre todo sobre el Síndrome del Nido Vacío, así como dar recomendaciones para afrontarlo.

El Síndrome del Nido Vacío

Las parejas atraviesan diferentes etapas, y en cada una ambos miembros deben reacomodar sus expectativas, deseos, necesidades para que juntos puedan ir caminando y sintiéndose satisfechos en dicha unión. De forma general, cuando los hijos están en casa, la prioridad de los padres se centra en que estos estén bien: proporcionarles afecto, valores, alimentación, abrigo, techo, estudio, diversión, etc. Por ende, los padres pasan gran parte del tiempo esforzándose por cumplir con este rol.

Lastimosamente, en muchas ocasiones, se les olvida que antes de ser padres fueron personas y luego pareja; por tanto, consideran que su único deber es ser padres y su vida gira en torno a sus “grandes amores”.

Una definición

Antes de continuar, aclaremos a qué nos referimos cuando hablamos del Síndrome del Nido Vacío. 

No solo se refiere a la separación física, sino también al distanciamiento emocional basado en el “no depender o estar supeditado a los padres”, ya sea porque los hijos inician una relación de pareja o bien por razones de independencia o estudios.

Síntomas que pueden aparecer cuando los hijos se van de casa

El Síndrome del Nido Vacío al cual nos referimos aquí está absolutamente ligado al acontecimiento de separación de los hijos. Dentro de los principales síntomas se encuentran:

  • Tristeza permanente y ganas de llorar sin ninguna razón aparente, ligada a sentimientos de desesperanza e inclusive cansancio.
  • Pérdida del sentido de la vida. No se encuentra interés en ninguna actividad. No se quiere hacer nada. No se siente motivación por ninguna tarea.
  • Sentimiento de soledad.
  • Sentimiento de abandono, e inclusive “celos” por no ser la prioridad en su hijo.
  • Preocupación excesiva e irracional por el bienestar del hijo o hija, llegando a generar estrés o ansiedad.
  • Vulnerabilidad o sensibilidad afectiva (irritabilidad) relacionada con temas insignificantes relacionados con el hijo (sirvieron el postre favorito del hijo y eso le afectó), inclusive puede generarse sentimiento de rechazo o exclusión (sin tener argumentos válidos para que aparezcan).

Algunas variables en la expresión del síndrome

Las reacciones no suelen ser iguales en cuanto intensidad, pues dependen de factores como el tipo de relación que se mantuvo con el hijo, la personalidad o los recursos emocionales de los que se dispone en el momento; gran parte de esto está mediado por el apoyo que entre esposos se puedan ofrecer.

Las mujeres expresan con mayor facilidad su malestar y buscan ayuda profesional. A los hombres, por su rol social, les cuesta más externalizar su malestar, que se expresa mediante quejas somáticas.

El Síndrome del Nido Vacío y los manuales diagnósticos

Es importante mencionar que este síndrome carece de fundamento diagnóstico en los manuales de psiquiatría

No obstante, con frecuencia se escucha hoy por hoy en la consulta clínica. Al principio las parejas se enfocan en la “ida de sus hijos”, poco a poco se percatan del abandono de su persona y muy probablemente de su pareja, por lo tanto, el proceso de recuperación se inicia por este punto esencial.

¿Qué hacer?

El objetivo es tener claridad en cuanto a tus metas, proyectos, pasatiempos, amistades, familia, entre otros, así como dedicarle el tiempo y espacio necesario a la pareja y permitir que se genere un ambiente en donde los hijos pueden realizar “su vuelo” sin generar un desequilibrio significativo en los progenitores.

En aquellas situaciones en donde la pareja mantiene una sana relación, pero alguno o ambos padres están atravesando por esta situación, se les brinda una serie de recomendaciones para asimilar más fácilmente la nueva dinámica:

1. Trabajar en la autoestima

Muchas veces la pareja deposita todas sus esperanzas y expectativas en el rol de padres, es decir, en la formación de buenos seres humanos, y no se contempla nada más allá de esa labor. Por ende, cuando los hijos ya no los necesitan para tomar decisiones o sencillamente emprenden por sí mismos sus propios proyectos, se genera un vacío enorme.

Por eso, el Síndrome del Nido Vacío puede hacer que aparezca un sentimiento de inutilidad que merma la autoestima.

2. Enfocar bien la atención

Muchas veces las personas solo se centran en las pérdidas por las que están atravesando, sin prestar atención a las ganancias. Cuando un hijo se va de la casa es porque está preparado para asumir, con sus propios recursos, su vida, lo cual traerá consigo muchos beneficios u oportunidades. Por eso, merece la pena canalizar las nuevas necesidades de forma positiva. En definitiva, abordar nuevos proyectos.

Las personas tienen muchas capacidades y virtudes que pueden poner al servicio de los demás. Iniciar un voluntariado, trabajo comunitario, obras de beneficencia, consejería, pueden ser opciones en la cual redireccionar su potencial y energía, o bien algún trabajo que genere ingresos pero a la vez pueda resultar terapéutico.

3. Expresar los propios sentimientos

Es sano que los padres puedan expresan su dolor, pues están atravesando por un proceso de duelo que poco a poco superarán. Por lo tanto, es normal que visiten el cuarto o las pertenencias de sus hijos y si es necesario que lloren para liberar su dolor. Se trata de un momento de recogimiento emocional muy personal.

4. Reorganizar el rol

Los hijos inician una nueva etapa en la cual también necesitarán cosas de sus padres, pero desde otra posición. Es muy importante que los padres se ajusten a las nuevas necesidades de sus hijos, las cuales pueden ser igual de importantes que cuando estaban en casa.

5. Fuera el estrés

Los padres de familia suelen pasar mucho tiempo de la crianza de sus hijos preocupados por su bienestar y quedan predispuestos a estar preocupados, pero ahora innecesariamente. Incluso sin quererlo, trasmiten esas preocupaciones a sus hijos, lo cual es nocivo.

Por eso es necesario aprender a relajarse, primero detectando aquellos pensamientos negativos o irracionales que generan preocupaciones, y después practicando ejercicios físicos y, si es necesario, meditación.

6. Vivir una segunda luna de miel

Disponer de más tiempo libre es una buena oportunidad para disfrutar el tiempo con la pareja y para buscar actividades novedosas que sean del agrado de ambos: Salir a comer, practicar deportes alternativos, conocer nuevos lugares, etc.

En caso que ya no se tenga pareja, puede ser el momento más indicado para conocer nuevas personas, salir con amigos y compartir momentos con el resto de la familia.

Una consideración final

Lo más importante que se debe tener presente, es que los padres cumplen la maravillosa labor de hacer lo necesario para que los hijos puedan independizarse. 

Aunque pueda doler al principio, acomodarse a la nueva situación es lo más apropiado y beneficio, pues a ningún padre o madre le agradaría ver de vuelta a sus hijos en casa porque no estaban preparados para el mundo. Por tanto, hay motivos para que los padres y madres se sientan felices y orgullosos tanto por su labor como por el esfuerzo que están realizando sus pupilos poniendo en práctica las enseñanzas del maestro y maestra.