Los problemas de ansiedad son muy frecuentes entre la población en general, pero lamentablemente no todo el mundo se plantea ponerles remedio de una manera eficaz y con efectos a largo plazo.

En numerosas ocasiones, la prioridad es “salir del paso”, poniendo parches sobre aquello que nos molesta en el momento, sin pensar en el desgaste psicológico que implica sentirse de esa manera durante muchos meses o incluso años. Por eso, es habitual que ante los problemas de ansiedad se acuda al médico con la idea de que el profesional se limite a recetar psicofármacos contra la ansiedad.

En este artículo veremos por qué es importante que este tratamiento no se limite solamente al consumo de medicamentos e incorpore también psicoterapia, y concretamente terapia cognitivo-conductual.

¿Cuáles son los psicofármacos contra la ansiedad más usados?

Existe una amplia variedad de fármacos de tipo ansiolítico, y aquí vamos a ver los más utilizados. Eso sí, hay que tener en cuenta que los más populares no tienen por qúe ser los más útiles o eficaces para una persona en concreto, y que siempre es el médico que supervisa el caso particular de cada paciente quien tiene los conocimientos y criterios necesarios para seleccionar el fármaco a utilizar.

Dicho esto, los ansiolíticos de uso más frecuente son estos:

  • Diazepam, o Valium
  • Alprazolam, comercializado como Trankimazin o Xanax
  • Bromazepam, comercializado como Lexatin
  • Lorazepam, también conocido como Orfidal
  • Clonazepam, o Rivotril
  • Clomipramina, o Anafranil

¿Cuáles son sus efectos?

Cada tipo de psicofármaco ansiolítico actúa de una manera diferente en el sistema nervioso, dado que existen diferentes maneras de producir efectos similares en el cuerpo humano. Todos ellos cruzan la barrera hematoencefálica que separa el sistema circulatorio del sistema nervioso central e interactúan con nuestras neuronas, desencadenando en ellas reacciones que en su conjunto acostumbran a ir de la mano de una bajada de la ansiedad o de sus síntomas problemáticos asociados.

Sin embargo, como los principios activos de estos fármacos no son entidades inteligentes que tengan claro cuál es el objetivo del tratamiento, a veces interactúan de una manera inesperada con las células nerviosas u otras partes del cuerpo y dan paso a efectos secundarios indeseados. Es por eso que el tratamiento de la ansiedad a través de psicofármacos siempre debe ser prescrito y supervisado por médicos.

¿Y qué es la terapia cognitivo-conductual?

Como su nombre indica, la terapia cognitivo.conductual es un modelo de intervención terapéutico en el que se actúa tanto en los comportamientos observables de la persona como en su sistema de ideas y creencias (es decir, sus procesos cognitivos).

A través de este tipo de técnicas y estrategias que actúan por la doble vía de lo físico y lo mental, los psicólogos ayudamos a las personas a desarrollar patrones de pensamiento y de comportamiento que fomenten la salud mental y la capacidad para regular las propias emociones de una manera eficaz.

Ventajas de combinar los psicofármacos con la terapia cognitivo-conductual ante la ansiedad

Estas son las ventajas más destacables de recurrir al tratamiento de la ansiedad mediante psicofármacos de tipo ansiolítico y, a la vez, realizar tratamiento a través de la psicoterapia de tipo cognitivo-conductual.

1. Aprender a conocerse mejor

La terapia cognitivo-conductual implica conocerse mejor a uno mismo y a los procesos propios y contextuales que están influyendo en el mantenimiento del problema a tratar. Esto lo conseguimos tanto en las sesiones de reunión psicólogo-paciente como mediante las tareas a realizar por parte de este último entre sesión y sesión.

Así, al ver de una manera más detallada y realista aquellos aspectos del día a día que estaban reforzando el problema sin que nos hayamos dado cuenta, ganamos poder de influencia sobre nuestra salud mental y combatimos con mayor eficacia el malestar y sus síntomas asociados.

2. Dejar de depender del horario de consumo de fármacos

Para muchas personas que intentan superar la ansiedad a través del uso de psicofármacos, el hecho de saber cuándo empiezan a disminuir los efectos de estos medicamentos les aporta un motivo extra de preocupación y temor.

Por ejemplo, se dan casos en los que estas personas están más predispuestas a experimentar problemas de ansiedad solamente por saber que en unos 20 minutos los efectos de los ansiolíticos que tomaron habrán prácticamente desaparecido, a pesar de no poder tomar más pastillas hasta determinada hora a causa de las indicaciones del médico. Es hasta cierto punto comprensible que esto ocurra en aquellos casos en los que se ve al psicofármaco como el único remedio ante el trastorno psicológico que se ha desarrollado.

Por suerte, si combinamos el tratamiento farmacológico con la psicoterapia, la recuperación del estado de salud pasa a tener “dos patas”, y la idea de que los efectos de los ansiolíticos se vayan desvaneciendo no causan tanta preocupación.

3. Modificar hábitos para favorecer el bienestar psicológico

En la terapia cognitivo-conductual raramente se aborda únicamente los síntomas por los que la persona ha acudido a la consulta del psicólogo. Como norma general, se aspira a producir un cambio global en el bienestar psicológico del paciente. A fin de cuentas, las habilidades de auto-cuidado y de regulación de las emociones que los pacientes potencian en terapia no serán aplicadas solo a ese problema concreto que les hacía sentirse muy mal, sino que serán puestas a trabajar en el resto de áreas de su día a día.

Además, incluso cuando esto no se diga de manera explícita, en la mayoría de los casos la remisión de los síntomas que generaban mayor malestar produce un efecto dominó en otras áreas de la vida de la persona, lo cual favorece la capacidad para ser feliz y sentirse en armonía con uno mismo.

4. Poder adaptar el comportamiento si las circunstancias cambian

Los psicofármacos no reaccionan a las transformaciones que experimenta nuestro entorno: si pasamos de sufrir ansiedad por no tener trabajo a sufrir ansiedad por tener un nuevo trabajo que no queremos perder, probablemente la acción del medicamento no se adaptará a esta nueva circunstancia. En parte es por esto que es habitual verse en la necesidad de cambiar de medicación, empezando de nuevo con otro producto.

En cambio, con la terapia cognitivo-conductual estos cambios bruscos en el día a día no suponen un parón, dado que la transición de una serie de ejercicios y hábitos a otro se produce de manera mucho más suave, de manera que el paciente no deja de beneficiarse de los progresos acumulados que ha conseguido alcanzar hasta ese momento.

5. No supone exponerse a graves efectos secundarios

La terapia cognitivo-conductual aplicada a los problemas de ansiedad no presenta un riesgo significativo de sufrir efectos secundarios graves en la gran mayoría de pacientes, algo que la diferencia claramente del tratamiento farmacológico, en el que siempre existe un riesgo a tener en cuenta (si bien la peligrosidad se ve atenuada por el hecho de contar con supervisión médica y poder modificar el tratamiento rápidamente siguiendo sus instrucciones).

¿Buscas asistencia psicológica?

Si crees que estás sufriendo problemas de ansiedad y quieres ponerles remedio acudiendo a profesionales, te invito a que te pongas en contacto conmigo.

Soy psicólogo especializado en el modelo cognitivo-conductual y llevo muchos años ayudando tanto a particulares como a empresas; a través de un proceso de varias sesiones, te puedo “entrenar” para que aprendas a gestionar tus estados emocionales y las consecuencias comportamentales negativas de complicaciones como la ansiedad generalizada, el estrés laboral, las fobias, etc. De este modo, irás aprendiendo a modificar tus hábitos y tu comportamiento de manera que el problema que estás experimentando vaya perdiendo fuerzas hasta que lo puedas superar a corto o medio plazo.

Puedes contar con mis servicios tanto de manera presencial en mi consulta de Madrid como de manera online a través de videollamadas; en esta página están mis datos de contacto.

Referencias bibliográficas:

  • Azanza, J.R. (2006). Guía práctica de Farmacología del Sistema Nervioso Central. Madrid: Ed. Creación y diseño.
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  • Salazar, M.; Peralta, C.; Pastor, J. (2006). Manual de Psicofarmacología. Madrid, Editorial Médica Panamericana.