Síndrome de Reye: causas, síntomas, tratamiento y prevención

Una enfermedad neurológica que puede generar edemas cerebrales y es potencialmente mortal.

Alex Ortega Andero

Alex Ortega Andero

En raras ocasiones, niños que se están recuperando de una enfermedad infecciosa tan común como podría ser una gripe, evolucionan a un cuadro que provoca severos cambios en su personalidad y termina siendo letal. Son las víctimas del llamado Síndrome de Reye.

A continuación te explicamos los aspectos clave de esta extraña enfermedad neurológica que parece estar estrechamente relacionada con el uso de aspirinas en los más pequeños.

Descubriendo el Síndrome de Reye

Cuando Ralph Douglas Reye, Graeme Morgan y Jim Baral publicaron en 1963 un artículo en la prestigiosa revista médica The Lancet describiendo un cuadro caracterizado por encefalopatía y afectación al hígado, asentaron los cimientos del conocimiento acerca de una enfermedad tan rara como heterogénea.

El Síndrome de Reye, que recibe su nombre del patólogo australiano que por primera vez identificó la enfermedad, se convirtió en diagnosticable en 1973, alcanzando su pico de incidencia entre los años 1979-1980.

Descripción clínica

Se trata de una enfermedad de causa desconocida que afecta especialmente a niños entre 5 y 15 años, pero puede manifestarse hasta los 21 años y, de forma muy excepcional, en la adultez.

Normalmente, tiene su origen entre tres y cinco días después de que el niño sufra una infección viral. Particularmente aquellas que afectan las vías respiratorias superiores, gripe, varicela o gastroenteritis, y está relacionada con el uso de aspirinas durante el curso de la infección.

Debido a que no existen pruebas específicas conclusivas, el médico llegará al diagnóstico de forma clínica, es decir, a través de la historia clínica de los síntomas y con el respaldo de resultados que evidencien la afectación del hígado. A causa de la letalidad del Síndrome de Reye, es de vital importancia conocer los síntomas iniciales que caracterizan la enfermedad. Un diagnóstico y tratamiento precoz pueden salvar la vida del niño.

Signos y síntomas

En el Síndrome de Reye, los niveles de azúcar en sangre caen en picado, mientras que los niveles de amoníaco y acidez de la sangre se disparan. De forma paralela, el hígado puede desarrollar depósitos de grasa. Es frecuente que el cerebro sufra edema, causando convulsiones o pérdida de conciencia.

El tipo de síntomas que sufre el enfermo indica cuán avanzada está la enfermedad. En función de la gravedad de estos, el curso se puede dividir en cuatro etapas:

1. Síntomas de Estadio I

  • Vómito persistente o contínuo
  • Mareo
  • Languidez
  • Pérdida de energía

2. Síntomas de Estadio II

  • Irritabilidad
  • Conducta agresiva

3. Síntomas de Estadio III

  • Confusión
  • Conducta irracional
  • Combatividad

4. Síntomas de Estadio IV

  • Delirium
  • Convulsiones
  • Coma

Desgraciadamente, el curso del Síndrome de Reye no es siempre igual, y algunos síntomas pueden no presentarse o aparecer otros en su lugar, dificultando su diagnóstico. Por ejemplo, en bebés puede aparecer diarrea y respiración acelerada en lugar de vómito, de forma que no sigue un patrón típico.

Aunque la presencia de vómitos en ausencia de infección ya debería hacer sonar algunas alarmas, la pérdida de conciencia o convulsiones supone una emergencia médica que debe ser atendida de forma inmediata.

¿Cómo actuamos en caso de sospecha?

En la mayor parte de los casos, el Síndrome de Reye será atendido de urgencia por el personal sanitario debido a síntomas neurológicos. Sin embargo hay una pequeña parte que consulta al neurólogo antes de que el curso empeore.

Preparándonos para la visita

Cuando la familia visita al neurólogo, debido al escaso tiempo que se suele dedicar a cada consulta, será muy útil que haya seguido estos consejos para sacar el máximo provecho de la cita.

  • Escribir con anterioridad cualquier síntoma que el hijo esté experimentando.
  • Hacer una lista con toda la medicación que haya tomado.
  • Traer a otro miembro de la familia o un amigo.
  • Anotar cualquier pregunta que se le quiera hacer al médico.

Es mejor escribir las preguntas de mayor importancia a menor importancia, por si no diese tiempo a cubrirlas todas. Algunas preguntas básicas que se debería formular al neurólogo que lleve el caso son:

  • ¿Qué otras posibles causas puede haber para estos síntomas?
  • ¿Qué pruebas son necesarias para el diagnóstico?
  • ¿De qué tratamientos se dispone y qué pros y contras tiene cada uno?
  • ¿Qué resultados puedo esperar?
  • ¿Cuál es el siguiente paso?

Tratamiento

Una vez diagnosticado el síndrome, el niño será ingresado inmediatamente en una Unidad de Cuidados Intensivos. Allí el tratamiento tiene como objetivo minimizar los síntomas y mantener las funciones vitales, como la respiración o la circulación. También será esencial proteger al cerebro contra el daño permanente que pueda causar el edema.

Los fármacos se administrarán directamente dentro de la vena, incluyendo: electrolitos y fluidos, diuréticos, fármacos que reduzcan el amoníaco y anticonvulsivos.

Es posible que deba usarse respiración asistida si el paciente con Síndrome de Reye necesitase ayuda para respirar. Se monitorizarán las constantes vitales, incluyendo la frecuencia cardíaca, el pulso, la presión sanguínea, la circulación del aire y la temperatura hasta que el edema cerebral disminuya y las funciones del cuerpo vuelvan a la normalidad.

Sin embargo, puede ser que el paciente necesite semanas hasta que pueda ser dado de alta y pueda salir del hospital.

Prevención

Debido al posible vínculo entre el uso de aspirinas y el Síndrome de Reye, estas sólo deben ser administradas bajo el consejo de un médico cuando los beneficios superen los riesgos. Los niños menores de 16 años, además, no deben tomar productos que contengan ácido acetilsalicílico o sales salicílicas, como algunos enjuagues bucales o pastas dentífricas, mientras existan alternativas más seguras.

En todo caso, es importante estar alerta a los síntomas que los hijos sufren después de una infección, para poder llegar a un diagnóstico temprano y evitar daños que de otra forma podrían ser permanentes.

Graduado en Psicología por la Universidad de Barcelona. Master Universitario en Psicología General Sanitaria por la misma institución. Trabaja como psicólogo en el proyecto de acogida a refugiados de la Cruz Roja.

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